La guerra en Ucrania parece haber entrado en una nueva fase: una que se define tanto en el campo de batalla como en los despachos internacionales. En este escenario, la supuesta colaboración encubierta entre Rusia y China despierta una creciente preocupación en Estados Unidos, que teme que esta alianza refuerce la maquinaria militar rusa y complique cualquier intento de alcanzar la paz.
Tecnología china para alimentar la industria bélica rusa

Según un informe de la Associated Press (AP), China habría incrementado de forma notable la venta de herramientas de precisión, microelectrónica y equipamiento técnico a Rusia. Estos insumos no serían inocuos: permitirían mantener operativas las fábricas de misiles, tanques y aviones que Moscú emplea en su ofensiva contra Ucrania.
Las cifras alarman: funcionarios estadounidenses aseguran que, durante 2023, cerca del 90% de las microelectrónicas importadas por Rusia serían de origen chino. En el mismo período, el 70% de las herramientas de precisión adquiridas también habrían llegado desde Beijing.
Minerales y drones: lo que realmente preocupa a Kiev

Más allá de los componentes visibles, informes de Radio Free Europe/Radio Liberty revelan que empresas chinas estarían suministrando a Rusia minerales clave como galio, germanio y antimonio. Estos elementos son fundamentales para la fabricación de drones, sensores y misiles de precisión.
El jefe de inteligencia militar ucraniano, Oleh Ivashchenko, advirtió que hasta el 80% de los componentes electrónicos de los drones rusos serían chinos. Esta dependencia tecnológica explicaría la persistente capacidad ofensiva de Rusia, pese a las sanciones occidentales.
Inteligencia satelital y una alianza que cruza límites

Las sospechas no se detienen en el suministro de materiales. Washington teme que China esté brindando a Rusia inteligencia geoespacial para uso militar, incluyendo imágenes satelitales y ópticas para misiles. También se menciona una cooperación espacial más estrecha entre ambos países, aunque sin confirmación oficial.
Mientras Beijing evita pronunciarse directamente sobre estas acusaciones, en Occidente crece la sensación de que la alianza está más avanzada de lo que parece. Estados Unidos ya ha comenzado a presionar a sus socios para limitar las exportaciones sensibles hacia China, por temor a que terminen alimentando el poderío ruso.
Un vínculo que podría alargar la guerra
La posible colaboración entre China y Rusia marca un punto de inflexión. Ya no se trata solo de una guerra regional, sino de una red de apoyos que puede alterar el equilibrio global. La pregunta que sobrevuela en Washington y Kiev es clara: ¿cuánto más puede escalar el conflicto si Moscú no está solo?