El equilibrio nuclear global, ya frágil, ha recibido un nuevo golpe con el anuncio del sistema “Golden Dome”, impulsado por EE.UU. Según Moscú y Beijing, este proyecto no solo rompe acuerdos tácitos que regían la estabilidad entre potencias nucleares, sino que además abre la puerta a una peligrosa militarización del espacio. Las consecuencias podrían ser irreversibles.
El “Golden Dome”: una ruptura con el equilibrio estratégico global

El sistema “Golden Dome”, promovido por el presidente Donald Trump, ha sido calificado por Rusia y China como una amenaza directa al principio de equilibrio entre defensa y ataque nuclear. Este principio, sostienen, ha sido la base para evitar una confrontación directa durante décadas.
Pero la preocupación va más allá de lo terrestre. El proyecto contempla el uso de interceptores espaciales, lo que supondría llevar la carrera armamentista al espacio exterior, una zona que, hasta ahora, contaba con restricciones internacionales.
Putin y Xi han sido categóricos: esta estrategia estadounidense dinamita los marcos legales internacionales y pone en peligro los intentos globales por limitar el armamento orbital. El temor es claro: convertir el espacio en un campo de batalla sería abrir un frente nuevo, impredecible y sin precedentes.
AUKUS, proliferación y tensiones en el Indo-Pacífico

La declaración conjunta también arremete contra la alianza AUKUS, formada por EE.UU., Reino Unido y Australia. El foco de crítica: el intento de introducir infraestructura nuclear en territorio australiano, un país históricamente libre de armas nucleares.
Según Moscú y Beijing, esto vulnera el Tratado de Zona Libre de Armas Nucleares del Pacífico Sur y acelera la militarización de una región ya marcada por tensiones. El mensaje es claro: introducir capacidades nucleares en nuevas zonas geográficas sólo aumenta el riesgo de proliferación y desestabilización.
En un momento donde el Indo-Pacífico concentra disputas estratégicas clave, este movimiento se interpreta como una provocación con consecuencias imprevisibles.
Más allá de los misiles: hegemonía, historia y riesgos de escalada

El documento no se limita al aspecto técnico. Rusia y China denuncian una agenda occidental orientada al control y la imposición de normas paralelas, en las que se penaliza a quienes no se alinean con su visión geopolítica.
Además, alertan sobre la manipulación del pasado con fines políticos actuales. “La historia no debe ser reescrita para justificar agendas de corto plazo”, advierten, apuntando a Occidente por el uso instrumental de relatos sobre conflictos como Ucrania o Taiwán.
La advertencia final de la declaración es contundente: la expansión de alianzas militares cerca de fronteras sensibles entre potencias nucleares eleva el riesgo de errores de cálculo y conflictos inesperados. Con un diálogo internacional debilitado, la posibilidad de escalamientos fuera de control se vuelve cada vez más real.