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Ciencia

La Antártida está rodeada por casi 40.000 icebergs que no van a ninguna parte. Hasta ahora nadie sabía cuántos eran ni qué estaban haciendo allí

Un sistema de IA analizó imágenes radar de toda la costa antártica y encontró 39.619 icebergs estacionarios. Los más pequeños habían pasado casi inadvertidos, pero podrían ser una pieza clave para mantener estable el hielo costero.
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Cuando pensamos en un iceberg, la imagen suele ser la de una enorme montaña de hielo navegando lentamente por el océano. En las costas de la Antártida existe, sin embargo, otra población muchísimo menos espectacular a primera vista: decenas de miles de icebergs que prácticamente no se mueven.

Un equipo del Instituto de Estudios Marinos y Antárticos de la Universidad de Tasmania acaba de elaborar el primer mapa de alta resolución de estas formaciones alrededor de todo el continente. Utilizando inteligencia artificial e imágenes de radar de los satélites Sentinel-1, identificaron 39.619 icebergs estacionarios sobre la plataforma continental antártica durante 2025.

Y ahí apareció la sorpresa. La inmensa mayoría no son los gigantes que normalmente reciben nombres y seguimiento por satélite. Son piezas relativamente pequeñas que hasta ahora habían quedado fuera de buena parte de los inventarios.

Juntas, ocupan unos 13.430 kilómetros cuadrados.

El 93% mide menos de un kilómetro cuadrado

La Antártida está rodeada por casi 40.000 icebergs que no van a ninguna parte. Hasta ahora nadie sabía cuántos eran ni qué estaban haciendo allí pero ya lo hemos descubierto
© Dean Lewins.

Kaihong Jiao desarrolló el sistema durante su proyecto de máster. Hasta ahora, localizar estos icebergs exigía revisar manualmente enormes cantidades de imágenes satelitales, un procedimiento que hacía prácticamente imposible construir un catálogo de todo el continente.

El nuevo método utiliza aprendizaje profundo para encontrarlos automáticamente en imágenes de radar, incluso cuando son pequeños. El límite de detección llegó hasta aproximadamente 0,016 kilómetros cuadrados, unas 1,6 hectáreas. Eso permitió descubrir una población que estaba siendo sistemáticamente infravalorada.

El 92,6% de los objetos identificados mide menos de un kilómetro cuadrado, y esos pequeños icebergs representan por sí solos cerca del 54% de toda el área contabilizada. Además, no están repartidos uniformemente: solo el 14,2% de la costa concentra el 80% de ellos. 

Hay, eso sí, una precisión importante. Los investigadores hablan de 39.619 icebergs estacionarios, pero no pueden garantizar que todos estén tocando el fondo. Aproximadamente 27.634, el 67,4%, son considerados icebergs encallados con alta confianza. El resto podría permanecer inmóvil porque está atrapado dentro del hielo marino fijo.

La diferencia parece pequeña. Para entender la Antártida, no lo es.

El fondo del mar los convierte en postes gigantes

La Antártida está rodeada por casi 40.000 icebergs que no van a ninguna parte. Hasta ahora nadie sabía cuántos eran ni qué estaban haciendo allí pero ya lo hemos descubierto
© ESA.

Un iceberg suficientemente profundo puede llegar hasta el lecho marino y quedar atrapado allí durante días, años o incluso décadas. Cuando muchos aparecen juntos forman lo que los autores describen como una especie de “cerca de piquetes” alrededor de determinados sectores de la costa. El hielo marino puede congelarse entre esos obstáculos y permanecer sujeto con mucha más facilidad, en lugar de romperse y desplazarse con el viento y las corrientes.

Ese hielo recibe el nombre de fast ice o hielo fijo. Está unido a la costa, a islas o precisamente a icebergs encallados, y funciona como un cinturón relativamente estable frente al océano abierto.

Hay precedentes bastante claros de este efecto. NASA ha observado, por ejemplo, cómo un gran iceberg encallado cerca del glaciar Thwaites ayudaba a sujetar hielo marino fijo en la zona, que a su vez podía aportar soporte adicional al frente de hielo.

El nuevo trabajo sugiere que ese fenómeno no depende únicamente de unos pocos gigantes. Miles de fragmentos pequeños pueden actuar colectivamente como puntos de anclaje.

Y ahora tenemos una línea de base para ver qué ocurre si desaparecen

La Antártida está rodeada por casi 40.000 icebergs que no van a ninguna parte. Hasta ahora nadie sabía cuántos eran ni qué estaban haciendo allí pero ya lo hemos descubierto
© NASA.

Eso no significa que los 39.619 icebergs estén “sujetando la Antártida” por sí solos. El estudio es más prudente: demuestra dónde están y plantea que sus concentraciones pueden estabilizar el hielo marino costero. Pero disponer por primera vez de un mapa continental permite empezar a responder una pregunta mucho más importante: qué sucede cuando esa red cambia.

Los icebergs encallados también alteran corrientes, transportan nutrientes y modifican el fondo marino a su alrededor, creando hábitats particulares. Su distribución, por tanto, afecta tanto a la física del hielo como a los ecosistemas costeros.  Y los más pequeños son precisamente los que podrían responder antes a cambios ambientales.

La Antártida está rodeada por casi 40.000 icebergs que no van a ninguna parte. Hasta ahora nadie sabía cuántos eran ni qué estaban haciendo allí pero ya lo hemos descubierto
© Christopher (Chris) Wilson.

Durante años, gran parte de la atención estuvo puesta en los colosos que se desprendían de las plataformas y podían seguirse durante miles de kilómetros. El nuevo mapa obliga a mirar en la dirección contraria: algunas de las piezas más importantes del borde antártico podrían ser justamente los icebergs que nunca llegan a irse.

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