Desde la superficie no hay ningún lago que mirar. Solo una extensión casi interminable de hielo antártico y una de las estaciones científicas más aisladas del planeta. Pero aproximadamente 3,7 kilómetros debajo de Vostok Station comienza una masa de agua comparable en tamaño al lago Ontario.
Es el lago Vostok, el mayor lago subglacial conocido de la Antártida. Se extiende durante más de 250 kilómetros, alcanza alrededor de 80 kilómetros en algunos puntos y supera los 500 metros de profundidad. NASA señala que la capa de hielo que lo cubre podría haber permanecido allí hasta 25 millones de años, mucho antes de la aparición del género Homo. Y, pese a todo, debajo hay agua líquida.
Cuatro kilómetros de hielo funcionan como una gigantesca tapa

Vostok existe gracias a una combinación extrema de presión, aislamiento y calor procedente del interior terrestre. La enorme masa de hielo reduce el punto de fusión mientras el flujo geotérmico calienta la base del casquete. El resultado es agua cercana a −3 °C atrapada bajo unas 350 atmósferas de presión y sumida en oscuridad permanente.
Pero aquí aparece una precisión importante. Decir que el lago lleva “sellado 25 millones de años” no significa que las mismas moléculas de agua hayan permanecido inmóviles todo ese tiempo.
Un estudio dirigido por Robin Bell y Michael Studinger mostró que el hielo se derrite en unas regiones del lago mientras el agua vuelve a congelarse contra la base del casquete en otras. Según sus cálculos, el equivalente a todo el volumen de agua podría renovarse aproximadamente cada 13.300 años. El sistema es antiquísimo; su agua circula.
Esa dinámica hace todavía más interesante lo que pueda existir en su interior.
Rusia tardó décadas en atravesar el hielo y llegó al lago en 2012

La perforación comenzó mucho antes de que tocar el agua fuese siquiera aceptable. Los científicos extrajeron un testigo de hielo de más de 3.600 metros que conserva unos 400.000 años de historia climática, pero durante años dejaron intactos los últimos metros para evitar contaminar el lago.
Finalmente, el equipo ruso alcanzó Vostok en febrero de 2012. La presión hizo que el agua ascendiera por el pozo y se congelara, permitiendo recuperar posteriormente hielo formado a partir de agua del propio lago. Nature confirmó entonces que la perforación había atravesado finalmente la barrera.
Parecía que después de décadas de trabajo estaba a punto de responderse la pregunta inevitable: ¿hay vida ahí abajo? No ocurrió.
Encontraron ADN, bacterias y hasta señales extrañas. El problema es saber si realmente vienen del lago
Análisis del llamado hielo de acreción, formado cuando el agua del lago se congela contra la capa superior, han encontrado material genético asociado con numerosos microorganismos. Un estudio publicado en PLOS ONE recuperó miles de secuencias correspondientes principalmente a bacterias y algunos eucariotas.
Investigaciones posteriores continuaron encontrando una diversidad desconcertante de secuencias. El problema es que Vostok tiene un enemigo científico especialmente difícil de eliminar: la contaminación.
La perforación utilizó fluidos para impedir que el pozo se cerrara. En 2017, investigadores que estudiaron las primeras muestras de agua recongelada encontraron contaminantes procedentes precisamente de esos fluidos y concluyeron que era extremadamente complicado determinar con seguridad la verdadera composición química del lago.
Incluso algunos primeros análisis microbiológicos encontraron cantidades de microorganismos comparables al fondo de contaminación de los propios laboratorios. Por eso Vostok sigue siendo una de esas raras historias en las que llegar al destino no resolvió el misterio.
Sabemos que bajo la Antártida existe un gigantesco cuerpo de agua que lleva millones de años separado de la atmósfera, sometido a oscuridad total, enorme presión y una química extraordinaria. Sabemos incluso cómo llegar hasta él.
Lo que todavía no sabemos es lo más interesante: si al atravesar esos cuatro kilómetros de hielo encontraremos simplemente agua extrema o un ecosistema que ha seguido su propia historia mientras arriba evolucionaba prácticamente toda la humanidad.