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Ciencia

El agujero de ozono de la Antártida fue el cuarto más chico desde 1992: la química no explica todo, también ayudaron el viento y el calor

La reducción de gases que destruyen el ozono viene funcionando desde hace 25 años. Pero el tamaño exacto que el agujero alcanza cada primavera todavía depende, en buena parte, de factores meteorológicos que cambian de un año a otro
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El agujero de ozono sobre la Antártida en 2025 fue uno de los más pequeños de las últimas décadas, según el Boletín de Ozono y UV de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), elaborado con la participación de especialistas de más de una docena de instituciones científicas. El déficit máximo de masa de ozono de 2025 fue de 36,7 millones de toneladas, registrado el 29 de septiembre, más de un 25% por debajo del promedio histórico de 50,1 millones de toneladas del período 1990-2010, lo que lo ubica como el cuarto o quinto agujero más pequeño desde que se observan patrones de destrucción severa en 1992, según el propio boletín de la OMM. Fue, además, el segundo año consecutivo en el que tanto la profundidad como la extensión del agujero quedaron significativamente por debajo de ese promedio histórico.

Cómo se mide realmente el agujero

Recuperacion Capa De Ozono
© By NASA – https://svs.gsfc.nasa.gov/30602, Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=61499809

El indicador clave para dimensionar el agujero es el déficit de masa de ozono: la cantidad de ozono que habría que agregar sobre una zona determinada del cielo para alcanzar el umbral mínimo de 250 Unidades Dobson (DU), el nivel de concentración a partir del cual se considera que la capa protege adecuadamente contra la radiación ultravioleta. Una DU equivale a apenas 0,01 milímetros de ozono puro, y en condiciones normales la capa mide unos 3 milímetros de espesor, es decir, unas 300 DU.

Lo que aceleró el cierre este año: ondas atmosféricas y el vórtice

El agujero de 2025 comenzó a formarse en julio de forma habitual, y la destrucción máxima de ozono ocurrió a comienzos de septiembre, antes de lo esperado. Pero a mediados de ese mes, una serie de ondas atmosféricas a gran escala provocó aumentos rápidos de temperatura en la estratosfera antártica inferior, frenando la destrucción de ozono durante el resto de la temporada. A fines de octubre, el vórtice polar estratosférico (la gran corriente de aire frío que rodea el polo sur y que permite la formación del agujero) se disipó con mayor rapidez que en años anteriores, lo que facilitó el ingreso de aire con mayor concentración de ozono hacia la región.

Por qué 2020-2023 fueron tan distintos

Hunga Tonga Desde El Espacio
Una imagen desde la ISS de la nube de humo esparcida por el Hunga Tonga © By NASA Earth Observatory – https://earthobservatory.nasa.gov/images/149367/dramatic-changes-at-hunga-tonga-hunga-haapai, Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=114972902

Los autores del boletín remarcan que 2024 y 2025 marcaron una ruptura clara respecto de los agujeros excepcionalmente profundos registrados entre 2020 y 2023, un período en el que la erupción del volcán submarino Hunga Tonga, en enero de 2022, redujo el transporte de ozono hacia los polos y amplió el tamaño del agujero. La secretaria general de la OMM, Celeste Saulo, calificó el resultado de 2025 como «una historia de éxito ambiental»: «Desde el año 2000, la capa de ozono viene recuperándose, y podemos esperar una recuperación completa dentro de varias décadas».

El otro lado de la moneda: la radiación UV en el hemisferio norte

El panorama en el hemisferio norte fue distinto: el ozono total en 2025 estuvo por debajo del promedio en una franja que abarcó desde Groenlandia y Europa hasta Asia Central, el norte de Japón y la península de Kamchatka, debido a un vórtice polar ártico particularmente intenso durante enero y febrero. Un dato más preocupante, y que no depende directamente del agujero de ozono, es que la radiación UV en superficie aumentó de forma significativa en toda Europa desde mediados de los años 90: en algunas estaciones de monitoreo, la dosis anual de radiación subió hasta un 20% desde 1995. La causa principal (responsable de un 80% del cambio) es la reducción de la cobertura nubosa y el consiguiente aumento de horas de sol directo, mientras que el 20% restante se explica por la disminución de aerosoles atmosféricos que antes bloqueaban parte de esa radiación.

Diez años de la Enmienda de Kigali

El boletín coincide además con el décimo aniversario de la Enmienda de Kigali al Protocolo de Montreal, que en 2016 sumó el objetivo de reducir gradualmente los hidrofluorocarbonos (HFC), gases que no destruyen la capa de ozono pero que sí atrapan miles de veces más calor que el dióxido de carbono. Según Sophia Mylona, del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, la implementación completa de esta enmienda podría evitar hasta 0,5°C de calentamiento global para el año 2100. Hoy la enmienda cuenta con la ratificación de 174 de los 198 países parte del Protocolo de Montreal, un tratado que en 2018 ya demostró su capacidad de reacción concreta: mediciones atmosféricas independientes detectaron ese año emisiones inesperadas de CFC-11, un gas prohibido, lo que derivó en acciones regulatorias específicas por parte de las autoridades involucradas.

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