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La carretera que parece normal hasta que sube la marea y desaparece bajo el mar

El Passage du Gois conecta la isla francesa de Noirmoutier con el continente, pero solo existe durante unas horas al día. Cuando sube la marea, el Atlántico cubre sus más de cuatro kilómetros de calzada y puede dejar atrapados a conductores que calculan mal el cruce.
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Hay carreteras peligrosas por sus curvas, por su altura o por atravesar montañas imposibles. Y después está el Passage du Gois, una vía francesa que tiene un problema mucho más básico: desaparece bajo el mar dos veces al día.

La carretera conecta la isla de Noirmoutier con Beauvoir-sur-Mer, en la región de Vendée, sobre la costa atlántica francesa. Tiene unos 4,125 kilómetros de longitud y atraviesa la bahía de Bourgneuf, pero solo puede usarse con la marea baja. Cuando el agua sube, la calzada queda cubierta y el paso se vuelve impracticable.

Ahora hay carretera, ahora no

El Passage du Gois no es una atracción creada para turistas temerarios. Su origen es natural. Se formó por el encuentro de dos corrientes marinas opuestas que, al perder velocidad, fueron depositando sedimentos y elevando lentamente el fondo marino. Sobre ese lomo natural terminó consolidándose una calzada que hoy es una de las carreteras sumergibles más famosas del mundo.

La experiencia puede parecer sencilla: mirar la tabla de mareas, esperar el momento correcto y cruzar. Pero el margen no siempre es amplio. La oficina de turismo de Noirmoutier recomienda cruzar cerca de la bajamar y advierte que, si el coeficiente de marea es bajo, hay menos tiempo seguro disponible. Para coeficientes medios, aconseja hacerlo entre 30 minutos y una hora antes o después de la bajamar.

El problema es que cuatro kilómetros pueden hacerse largos si el cálculo falla. La marea no espera al conductor, y el Atlántico puede cubrir la carretera con suficiente agua como para convertir un despiste en un rescate. Por eso el paso cuenta con balizas y torres de refugio para quienes quedan atrapados y deben abandonar el coche hasta que llegue ayuda o baje el agua.

También hay un enemigo moderno: el GPS. Una aplicación puede indicar que la ruta es más corta, pero no siempre entiende que esa carretera depende de la marea. En el Passage du Gois, seguir el mapa sin mirar el mar puede ser una pésima idea.

La carretera que también decidió un Tour de Francia

El lugar no solo es famoso por su rareza geográfica. También dejó una marca en la historia del ciclismo. En el Tour de Francia de 1999, el pelotón pasó por el Passage du Gois durante la segunda etapa. La superficie mojada y resbaladiza provocó una caída que partió la carrera y dejó a varios favoritos con una pérdida de tiempo enorme. Alex Zülle, que terminaría segundo en la general, perdió allí buena parte de sus opciones.

Esa escena resume el carácter del lugar: bello, fotogénico y peligroso. A marea baja, la carretera parece una línea recta sobre un paisaje casi lunar, rodeada de barro, charcos y horizonte abierto. A marea alta, simplemente deja de ser carretera.

La amenaza futura es aún más clara. Las carreteras sumergibles dependen de una ventana muy precisa entre mareas, y el aumento del nivel del mar puede reducir progresivamente esos márgenes. La Organización Meteorológica Mundial advierte que el nivel del mar global sigue aumentando y que el ritmo se ha acelerado en las últimas décadas.

Eso no significa que el Passage du Gois vaya a desaparecer mañana, pero sí que su equilibrio será cada vez más frágil. Una subida sostenida del mar puede acortar el tiempo seguro de cruce, aumentar la frecuencia de inundación y volver más peligrosa una vía que ya exige atención absoluta.

El Passage du Gois parece una rareza turística, pero también funciona como una imagen perfecta de la relación entre infraestructura y naturaleza. Durante unas horas, el ser humano cruza por donde el océano lo permite. Después, el Atlántico vuelve a reclamar lo suyo.

 

 

Fuente: Xataka.

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