Marte es conocido como el Planeta Rojo por una razón evidente: el óxido de hierro presente en su superficie cubre grandes extensiones con tonos rojizos, ocres y marrones. Sin embargo, algunas regiones del planeta muestran una paleta mucho más diversa.
Nuevas imágenes de la zona polar sur revelan paisajes púrpuras, rosados y azulados alrededor de Thyles Rupes, un enorme escarpe cuyos acantilados superan el kilómetro de altura. Estos colores no son simplemente un efecto visual llamativo. Cada uno está relacionado con distintos materiales, condiciones atmosféricas y procesos geológicos.
El paisaje marciano está formado por materiales muy diferentes
Los sectores más oscuros de la imagen corresponden principalmente a materiales volcánicos ricos en minerales como olivino y piroxeno.
Estos compuestos también se encuentran en la Tierra y son especialmente comunes en el manto. Su presencia en Marte aporta información sobre la composición de antiguas rocas volcánicas y sobre la historia geológica del planeta.
Las zonas azuladas tienen un origen muy distinto. En algunas partes del cráter aparece dióxido de carbono congelado, capaz de permanecer sobre la superficie incluso durante parte de la primavera marciana.
Cerca del polo sur existe además una capa de hielo permanente que nunca desaparece por completo. Sobre ella se forma cada año una cubierta estacional de escarcha de dióxido de carbono que crece durante el invierno y retrocede cuando aumentan las temperaturas.

Por qué algunas zonas de Marte parecen púrpuras
La tonalidad violeta que domina buena parte del paisaje surge de una combinación de factores.
El polvo marciano, la escarcha y el hielo mezclado con partículas superficiales modifican la forma en que la luz se refleja. A ello se suma la iluminación de las primeras horas del día y la presencia de polvo suspendido en la atmósfera.
Por eso, una misma región puede presentar un aspecto diferente dependiendo del momento en que sea observada.
Las imágenes no permiten únicamente identificar materiales. También muestran cómo la iluminación y las condiciones atmosféricas pueden transformar visualmente el paisaje de Marte.
El viento también deja su huella sobre la superficie
En la zona de Thyles Rupes pueden observarse diferentes estructuras formadas por arena y polvo.
Los patrones de viento son particularmente complejos y no siempre producen las dunas regulares que aparecen en otras regiones marcianas.
Entre las formaciones visibles se encuentran las llamadas crestas barchanoides, estructuras curvas relacionadas con las dunas barchanas presentes en algunos desiertos terrestres. Sus formas permiten obtener pistas sobre la dirección y persistencia de los vientos que actúan sobre la superficie.
Un enorme acantilado en un planeta sin placas tectónicas activas
Thyles Rupes se extiende durante cientos de kilómetros y plantea además una pregunta sobre su origen.
En la Tierra, muchas grandes cordilleras se forman mediante el movimiento y choque de placas tectónicas. Marte, en cambio, no presenta actualmente una tectónica de placas activa comparable.
Los investigadores consideran que este enorme escarpe podría haberse formado durante el enfriamiento del interior marciano. A medida que el planeta perdió calor, su corteza habría sufrido procesos de contracción y deformación capaces de elevar determinadas regiones.
Misiones orbitales como Mars Express y Mars Reconnaissance Orbiter permiten estudiar hoy estas estructuras con un detalle cada vez mayor.
Aunque Marte es mucho menos activo geológicamente que la Tierra, su superficie conserva las huellas de miles de millones de años de evolución. Y esas nuevas imágenes recuerdan que el llamado Planeta Rojo es, en realidad, bastante más colorido y complejo de lo que su apodo sugiere.