Estados Unidos está gastando como nunca para mantener su poder militar. Tras años de caída en los alistamientos, el país ha lanzado una ofensiva sin precedentes para reclutar y retener soldados. Las cifras son escandalosas y revelan un problema profundo: las filas militares se vacían, y solo una inyección masiva de dinero parece sostenerlas. ¿Está el ejército al borde de una crisis?
Un ejército que paga lo que sea por no quedarse vacío

En apenas tres años, más de 6.000 millones de dólares se han destinado a bonificaciones para atraer y conservar tropas en el Ejército, la Marina, la Fuerza Aérea y los Marines. El motivo: la falta de voluntarios ha alcanzado niveles críticos.
La pandemia del COVID-19 fue el golpe final. Sin eventos públicos ni ferias escolares, los reclutadores perdieron su principal vía de contacto con jóvenes. La respuesta del Pentágono fue clara: pagar lo que sea necesario para llenar los cuarteles. Y eso incluyó desde incentivos de alistamiento hasta programas especiales para mejorar el rendimiento físico e intelectual de los aspirantes.
El Ejército, con más personal y mayor dificultad para atraer nuevos reclutas, lanzó el Curso de Preparación para Soldados del Futuro, una suerte de “escuela remedial militar” que ya ha producido miles de nuevos enlistamientos.
La Marina tira la casa por la ventana

Si hay una fuerza que ha ido al límite del gasto, es la Marina de EE.UU., que en 2023 superó incluso al Ejército en inversión, pese a ser mucho más pequeña. Ha repartido bonificaciones a unos 70.000 marinos cada año, duplicando la cantidad que recibe el Ejército.
¿La razón? No hay suficiente personal para cubrir los barcos, y roles como aviación, guerra submarina o salud militar siguen vacíos. Según el almirante James Kilby, la retención es vital y los incentivos son la única forma de mantener al personal crítico.
Mientras tanto, el general Eric Smith, comandante de los Marines, lanzó una frase provocadora al ser consultado por las bonificaciones:
“Tu bonificación es poder llamarte Marine. No hay dinero que pague eso”. Pero sus propias filas recibieron más de 200 millones en bonificaciones solo este año.
¿Puede un ejército sobrevivir comprando soldados?
La pregunta flota en el aire: ¿qué tan sostenible es una estrategia que depende del dinero para mantener un ejército activo? Los expertos advierten que el modelo actual es una solución de emergencia, pero no garantiza estabilidad a largo plazo.
Cada cuerpo militar adapta sus recompensas a puestos clave, como inteligencia, artillería y ciberseguridad, donde la escasez es más grave. Incluso la Fuerza Aérea tuvo que subir sus bonos, aunque los redujo rápidamente el año siguiente. Y la Fuerza Espacial, aún joven, directamente no paga bonificaciones.
Detrás del silencio oficial, la realidad es evidente: el ejército más poderoso del mundo está pagando un precio altísimo para no desmoronarse desde adentro. La gran pregunta es cuánto tiempo más podrá sostener esta guerra… sin soldados suficientes.