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Ciencia

La época en que los polos de la Tierra se movían como un péndulo. Científicos logran descifrar el misterio magnético más antiguo del planeta

Entre 630 y 540 millones de años atrás, la brújula del mundo parecía enloquecer. Los polos cambiaban de lugar en cuestión de miles de años, y nadie entendía por qué. Hasta ahora. Un modelo propuesto por Yale sugiere que el campo magnético terrestre no se invirtió: se tambaleó en un patrón ordenado y nunca visto.
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Durante el período Ediacárico, la Tierra atravesó uno de los capítulos más extraños de su historia geológica. Las rocas de esa era mostraban registros magnéticos caóticos, imposibles de interpretar. En lugar de los polos estables que conocemos hoy, las direcciones magnéticas parecían cambiar sin aviso. Por décadas, los científicos lo consideraron un error del registro o una coincidencia.

Pero algo en esas señales no cuadraba. Las inversiones del campo magnético —cuando el norte y el sur se intercambian— ocurren cada cierto número de millones de años. Sin embargo, las fluctuaciones del Ediacárico eran mucho más rápidas, y su intensidad, desproporcionada. Era como si la Tierra hubiese perdido el equilibrio, oscilando sobre su propio eje.

Las pistas estaban en Marruecos

El día en que la Tierra perdió el norte: un hallazgo explica el misterioso tambaleo magnético de hace 600 millones de años
© J.S. Pierce et al. 2025.

Cuenta La Brújula Verde que el enigma comenzó a resolverse en el Anti-Atlas, una cordillera en el sur de Marruecos. Allí, un equipo de geólogos de la Universidad Cadi Ayyad y de Yale halló capas volcánicas del Ediacárico sorprendentemente bien conservadas.

Roca por roca, el grupo analizó sus señales magnéticas. Cada muestra conservaba el rastro del campo de la Tierra en el momento en que se enfrió. Al compararlas con una precisión temporal inédita, descubrieron que los polos magnéticos cambiaban de posición en cuestión de miles de años, no de millones.
Ese dato fue clave. Descartó por completo teorías previas que hablaban de movimientos tectónicos o desplazamientos globales del planeta, procesos demasiado lentos para explicar semejante variabilidad.

El planeta que se tambaleaba

El día en que la Tierra perdió el norte: un hallazgo explica el misterioso tambaleo magnético de hace 600 millones de años
© Allie Barton.

El estudio, publicado en Science Advances, propuso una nueva hipótesis: durante el Ediacárico, el campo magnético de la Tierra no se invertía, sino que se tambaleaba. Los polos norte y sur no permanecían fijos ni se movían de manera caótica. Seguían un patrón global de oscilación extrema, como si el eje del planeta hubiera comenzado a vibrar.

David Evans, coautor del trabajo y director del Laboratorio Paleomagnético de Yale, lo explicó así: “Encontramos estructura dentro del aparente caos. El campo magnético no estaba roto; estaba bailando con un orden oculto”.

Para demostrarlo, el equipo desarrolló un nuevo método estadístico que permitió reconstruir la dirección y velocidad de los polos con precisión sin precedentes. Los resultados muestran un planeta que, lejos de girar establemente, sufría un ciclo continuo de inclinaciones y reequilibrios.

Un nuevo mapa de la Tierra primitiva

El día en que la Tierra perdió el norte: un hallazgo explica el misterioso tambaleo magnético de hace 600 millones de años
© Allie Barton.

El modelo del “polo tambaleante” abre una puerta inédita para la geología. Hasta ahora, el Ediacárico era un vacío temporal imposible de cartografiar: los datos paleomagnéticos eran tan erráticos que nadie podía ubicar los continentes con certeza.

Con este nuevo enfoque, los investigadores creen que podrán reconstruir los mapas perdidos de los océanos y masas continentales de hace 600 millones de años, un periodo clave para la evolución de la vida multicelular.

James Pierce, primer autor del estudio, explicó que la clave fue observar la estructura estadística de los datos, no solo su dirección. “Si el campo magnético se tambalea, no hay que buscar estabilidad, sino un patrón de movimiento”, afirmó.

Un planeta que aprendió a estabilizarse

El hallazgo sugiere que el campo magnético terrestre atravesó una fase de reorganización antes de alcanzar el equilibrio que conocemos. Esa estabilidad, alcanzada poco antes del Cámbrico, fue crucial: permitió conservar la atmósfera, proteger la superficie de la radiación solar y crear condiciones aptas para la explosión de la vida compleja.

En otras palabras, el tambaleo magnético del Ediacárico fue el preludio del orden. Un momento en que el planeta ensayaba su equilibrio, aprendiendo —como un péndulo— a sostener su propio ritmo.

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