La Gran Esfinge de Giza lleva miles de años observando el desierto egipcio y acumulando preguntas que todavía no tienen una respuesta definitiva. Pero ahora, una investigación científica ha añadido una nueva pieza a ese enorme rompecabezas. No procede de los faraones ni de las cámaras ocultas del monumento, sino de algo muchísimo más antiguo.
Los investigadores identificaron una especie de cocodrilo extinto cuyos restos quedaron atrapados en las rocas de la misma formación geológica que, millones de años después, sería utilizada para construir la Esfinge. El descubrimiento permite asomarse a un Egipto completamente distinto, cuando la región tenía un paisaje y una fauna muy alejados de los que conocemos actualmente.

Un fósil que esperó décadas para revelar su verdadera identidad
El protagonista de esta historia es Herugavialis cairensis, una especie de cocodrilo prehistórico que vivió hace aproximadamente 54 millones de años.
Sus restos fueron recuperados originalmente durante excavaciones realizadas en la década de 1920. Sin embargo, durante casi un siglo los científicos pensaron que aquel cráneo pertenecía a una especie de gavial ya conocida.
La tecnología terminó cambiando esa interpretación.
Mediante análisis modernos, incluida la tomografía computarizada, los investigadores pudieron estudiar con mucho mayor detalle la estructura interna y externa del fósil. Las diferencias encontradas fueron suficientes para determinar que no se trataba simplemente de otro ejemplar de una especie conocida, sino de un animal hasta entonces desconocido para la ciencia.
El nombre elegido tampoco es casual. Herugavialis hace referencia a Heru, una antigua divinidad egipcia asociada por algunos especialistas con la imagen de la Esfinge, mientras que cairensis alude a El Cairo.
El animal tenía un hocico largo y estrecho, acompañado por numerosos dientes afilados. Su anatomía recuerda a la de los gaviales modernos, reptiles especializados en capturar presas acuáticas.
Los científicos consideran probable que se alimentara principalmente de peces. La hipótesis encaja con otro detalle del hallazgo: en la misma formación geológica también han aparecido numerosos restos de animales marinos.
Las rocas de la Esfinge esconden una historia mucho más antigua
Aquí aparece la conexión que convierte al descubrimiento en algo especialmente llamativo.
Los restos de Herugavialis cairensis fueron encontrados en la Formación Mokattam, una unidad geológica del norte de Egipto cuyas rocas calizas tienen una antigüedad cercana a los 54 millones de años.
Muchísimo tiempo después, los antiguos egipcios utilizaron parte de esas mismas rocas para levantar y esculpir la Gran Esfinge de Giza.
La diferencia temporal resulta difícil de imaginar: el animal desapareció millones de años antes de que existieran las primeras grandes civilizaciones egipcias. Después, sus restos y los de otras criaturas quedaron incorporados al material geológico que terminaría formando parte de uno de los monumentos más reconocibles de la humanidad.
Por eso, los investigadores plantean una posibilidad particularmente curiosa: la propia Esfinge podría contener fósiles de animales prehistóricos similares, ocultos dentro de la piedra.
Eso no significa que se haya encontrado un fósil en la Esfinge. La posibilidad surge porque el monumento fue construido con rocas procedentes de una formación que ya contenía restos biológicos antiguos.
El investigador Paul Burke, del Museo Sueco de Historia Natural, señaló que comprobarlo implicaría una tarea tan complicada como innecesaria: nadie propone desmontar la Esfinge para buscar fósiles en su interior.

Un mundo perdido bajo el Egipto que conocemos
El descubrimiento también permite reconstruir una etapa completamente diferente de la historia natural de la región.
Hace decenas de millones de años, el entorno mediterráneo albergaba una diversidad considerable de cocodrilos y animales emparentados con los gaviales actuales. Con el paso del tiempo, los cambios climáticos y geológicos transformaron radicalmente esos ecosistemas.
Las especies que habitaban aquellos ambientes desaparecieron mientras el paisaje evolucionaba.
Herugavialis cairensis aporta ahora una nueva pieza para comprender esa transformación. Su cráneo no solo identifica a una especie que hasta ahora había pasado inadvertida, sino que también ayuda a conocer mejor la fauna que habitó el antiguo norte de África.
Incluso existe una coincidencia llamativa entre el fósil y el monumento. El cráneo del cocodrilo presenta daños en la zona frontal del hocico, mientras que la Esfinge es mundialmente conocida por haber perdido su nariz.
La comparación es únicamente anecdótica, pero añade una curiosa conexión entre ambos objetos separados por millones de años.
La Esfinge fue creada por seres humanos hace más de 4.000 años. El cocodrilo, en cambio, vivió cuando el mundo era irreconocible para nuestra especie. Ahora, ambos quedan unidos por algo tan sencillo como la piedra.
Y esa es quizá la parte más sorprendente del descubrimiento: antes de convertirse en monumento, la roca de la Esfinge ya era un archivo de la vida prehistórica.
[Fuente: La Razón]