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Ciencia

La naturaleza y la evolución repitió el mismo experimento dos veces. Dos hongos separados por millones de años aprendieron a fabricar la misma droga que altera la mente

Un estudio reciente revela un caso asombroso de evolución convergente: dos especies de hongos sin relación directa desarrollaron, por su cuenta, la capacidad de producir psilocibina. La coincidencia biológica podría revolucionar la investigación de terapias psicodélicas para la depresión y otros trastornos mentales.
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Por lo que hemos podido vivir a lo largo de los años, los “hongos mágicos” han sido símbolo de lo prohibido, de lo alternativo, de una puerta mental que pocos se atrevían a cruzar. Pero ahora la ciencia está encontrando en ellos algo mucho más profundo que un simple viaje psicodélico: una lección evolutiva sobre cómo la naturaleza puede repetir la misma historia molecular dos veces.

Un equipo de investigadores internacionales liderado por el farmacólogo Dirk Hoffmeister, de la Universidad Friedrich Schiller de Jena (Alemania), descubrió que dos tipos de hongos no relacionados genéticamente desarrollaron por separado la capacidad de producir psilocibina, el compuesto responsable de los efectos alucinógenos que alteran la percepción y el estado de ánimo.

Dos caminos, una misma molécula

Cómo distintos hongos aprendieron el mismo truco psicodélico. La evolución repitió la fórmula mágica dos veces
© Getty Images / VICTOR de SCHWANBERG/SCIENCE PHOTO LIBRARY.

La investigación reveló que Inocybe corydalina —un hongo micorrícico que crece junto a raíces de árboles— y los Psilocybe —los clásicos “hongos mágicos”— lograron el mismo resultado químico a través de enzimas completamente distintas. En otras palabras, podemos decir: la evolución encontró dos rutas diferentes hacia la misma sustancia.

Este fenómeno se conoce como evolución convergente, y aunque es habitual en animales o plantas (como la forma aerodinámica de aves y murciélagos, o la cafeína producida por distintos vegetales), nunca antes se había visto en el reino fungi.

“El hecho de que dos linajes tan separados hayan desarrollado la misma vía química para producir psilocibina sugiere que esta molécula cumple un papel importante en la supervivencia de los hongos”, explica Hoffmeister.

Un propósito biológico detrás del “viaje”

¿Por qué la naturaleza insistiría en crear una sustancia psicodélica? Una hipótesis apunta a la defensa. La psilocibina podría funcionar como un repelente natural, desalentando a insectos y depredadores a consumir el cuerpo fructífero del hongo, del mismo modo que la cafeína protege a las plantas del café y el cacao.

En estos ecosistemas donde la competencia es feroz, este “truco químico” sería una herramienta evolutiva para garantizar la supervivencia. No se trata de magia, sino de biología pura con efectos colaterales profundamente humanos.

De la selva al laboratorio

Cómo distintos hongos aprendieron el mismo truco psicodélico. La evolución repitió la fórmula mágica dos veces
© Unsplash – Masahiro Naruse.

El descubrimiento no solo cambia nuestra comprensión de la evolución, sino que también abre una nueva vía para la producción de psilocibina en laboratorio.
Hoy en día, la sustancia se sintetiza químicamente, un proceso costoso, lento y contaminante.

El equipo demostró que las enzimas naturales utilizadas por los hongos pueden servir para fabricar psilocibina de forma más limpia, escalable y sostenible, al operar en condiciones suaves y sin generar residuos tóxicos.

La biotecnología ya está explorando este camino: enzimas reutilizables, producción en biorreactores y escalado industrial de un compuesto que podría cambiar la psiquiatría moderna.

El regreso de la psicodelia científica

Tras décadas de prohibición, los ensayos clínicos recientes muestran que la psilocibina reduce la depresión resistente, los pensamientos suicidas y la ansiedad crónica. Al entender cómo la naturaleza fabrica esta molécula, la ciencia no solo gana una receta biológica, sino también una oportunidad de reconciliar la psicodelia con la medicina moderna.

Al final, los hongos nos devuelven una lección inesperada: la mente humana y la naturaleza comparten una tendencia a repetir lo que funciona. Dos especies sin conexión alguna hallaron la misma fórmula para alterar la percepción de la realidad. Quizás, tal vez, la evolución, al igual que nosotros, sabía que a veces vale la pena volver a intentarlo.

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