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Ciencia

La evolución tenía una pieza escondida: la célula que abre una nueva rama del árbol eucariota

Un organismo minúsculo, inadvertido durante años en un cultivo de laboratorio, ha resultado ser una auténtica anomalía biológica. Su ADN, su anatomía y unas mitocondrias llenas de rasgos ancestrales lo convierten en la pieza que faltaba para comprender la historia profunda de los eucariotas. Una rama entera del árbol de la vida acaba de revelarse.
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En la biología evolutiva, añadir una nueva rama al árbol de la vida es un acontecimiento excepcional. Por eso el hallazgo de Solarion arienae —un protista diminuto encontrado casi por azar en un laboratorio checo— ha sacudido a la comunidad científica. Este organismo no encaja en ninguno de los grandes supergrupos eucariotas conocidos y conserva características consideradas extintas desde los orígenes celulares. El descubrimiento obliga a reescribir una parte fundamental de nuestra historia evolutiva.

Un hallazgo accidental que cambia el mapa de la vida

El equipo del investigador Ivan Čepička llevaba años trabajando con cultivos de ciliados marinos procedentes de la costa croata. Todo parecía rutinario hasta que el cultivo principal murió y, al limpiar las placas, observaron unas células diminutas casi ignoradas durante años. Aquellas figuras redondeadas, con aspecto de pequeño sol, eran Solarion arienae, un linaje que resultaría mucho más extraordinario de lo que sugería su tamaño.

Los análisis de ADN y filogenómica confirmaron lo insólito: Solarion no pertenece a ningún grupo eucariota conocido. Los investigadores han propuesto para él un nuevo filo —Caelestes— y su inclusión en un supergrupo recién definido, Disparia, junto a otros protistas rarísimos como Provora, Hemimastigophora y Meteora sporadica.

Una biología fuera de todos los esquemas conocidos

Más allá de su posición evolutiva, Solarion presenta rasgos biológicos desconcertantes. Se trata de un microdepredador de vida libre, capaz de adoptar dos formas celulares y dotado de un tipo totalmente nuevo de extrusoma, una especie de arpón microscópico para capturar presas.

La evolución tenía una pieza escondida: la célula que abre una nueva rama del árbol eucariota
© _Alma_College – X

Pero su mayor singularidad está en sus mitocondrias. Mientras que en la mayoría de los eucariotas modernos estos orgánulos han perdido casi todos sus genes ancestrales, Solarion conserva secA, un gen típico de las bacterias originales que dieron lugar a las mitocondrias mediante endosimbiosis. Es una ventana viva al pasado.

Una pista sobre cómo eran las primeras células complejas

Las conclusiones son profundas: la presencia de sistemas bacterianos completos en Solarion sugiere que el ancestro común de todos los eucariotas —el famoso LECA— tenía mitocondrias mucho más versátiles de lo que se pensaba. Lejos de ser orgánulos “simplificados”, las mitocondrias primitivas podían operar rutas metabólicas y de transporte más amplias que las actuales.

Una rama escondida durante millones de años

El descubrimiento de Solarion arienae confirma que aún quedan linajes enteros sin describir y demuestra que la evolución celular conserva secretos sorprendentes. En unas pocas células casi transparentes, la ciencia acaba de encontrar una pieza perdida de nuestra propia historia biológica.

Fuente: El Español.

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