La expansión de la inteligencia artificial tiene un costo que empieza a llegar directamente a los hogares estadounidenses. Los centros de datos necesitan enormes cantidades de electricidad para mantener servidores funcionando las 24 horas y su crecimiento está avanzando mucho más rápido que la construcción de nuevas centrales, redes de transmisión y sistemas de almacenamiento.
La última señal de alarma llegó desde PJM Interconnection, el operador que coordina la electricidad para unos 67 millones de personas en 13 estados y el Distrito de Columbia. Su nueva subasta de capacidad terminó con un costo total cercano a los 16.400 millones de dólares para el período comprendido entre junio de 2028 y mayo de 2029.
De esa cantidad, el impacto adicional asociado a la demanda de los centros de datos rondaría los 6.300 millones de dólares, según los cálculos difundidos tras conocerse el resultado. El dinero será pagado inicialmente por las empresas eléctricas, pero terminará trasladándose, con diferencias según cada estado y proveedor, a las facturas de hogares y negocios.

Una subasta para evitar que falte electricidad
PJM organiza estas subastas para garantizar que existan suficientes centrales disponibles durante los momentos de máxima demanda. Las empresas generadoras reciben un pago por comprometerse a producir electricidad cuando la red lo necesite, aunque finalmente no tengan que funcionar todo el tiempo.
En esta ocasión, el precio alcanzó el límite de 325 dólares por megavatio y día establecido por los reguladores. Sin ese tope, habría llegado a unos 555 dólares y el costo total de la subasta se habría acercado a los 30.000 millones de dólares.
A pesar de esos pagos, PJM no consiguió contratar toda la capacidad que considera necesaria. La subasta quedó aproximadamente 6,8 gigavatios por debajo de su objetivo de confiabilidad, una cantidad comparable con la producción de varias centrales nucleares. Esto no significa que vaya a producirse inevitablemente un apagón, pero sí que la red contará con un margen de seguridad menor durante olas de calor, tormentas o fallas inesperadas.
Los centros de datos ya acumulan una factura multimillonaria
El monitor independiente del mercado de PJM sostiene que la demanda actual y proyectada de los centros de datos fue responsable de unos 9.300 millones de dólares adicionales en la subasta de 2025-2026, otros 7.270 millones en la siguiente y alrededor de 6.500 millones en la correspondiente a 2027-2028.
Al añadir la última estimación de 6.300 millones, el impacto acumulado se acerca a los 29.400 millones de dólares en cuatro períodos de entrega. No todos esos costos aparecerán de una vez ni se repartirán de forma idéntica, pero muestran cómo la construcción acelerada de infraestructura digital está modificando un mercado diseñado para una demanda mucho más previsible.
Virginia concentra el caso más extremo. El norte del estado alberga el mayor clúster de centros de datos del mundo y sus nuevas instalaciones requieren líneas de transmisión, subestaciones y generación adicional. PJM reconoce que los grandes consumos digitales son el principal motor del crecimiento, aunque también influyen el cierre de centrales antiguas y la lentitud para conectar nuevos proyectos energéticos.
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El tramo más caro alcanzará los 178,76 €/MWh entre las 21:00 y 22:00 horas, mientras que el mínimo será de 63,14 €/MWh (16:00-17:00h). pic.twitter.com/e47U4zQAHO
— NoticiasTrabajo (@noticiatrabajo) July 19, 2026
Los estados comienzan a poner límites
El precio habría sido todavía mayor sin el límite surgido tras una demanda presentada por el gobernador de Pensilvania, Josh Shapiro. El acuerdo estableció una banda temporal para varias subastas mientras PJM modifica sus reglas y busca evitar que los consumidores absorban toda la volatilidad del mercado.
Nueva York fue más lejos y anunció una moratoria temporal de hasta un año para nuevos centros de datos de escala hipergigante que necesiten permisos ambientales estatales. Durante ese período desarrollará normas para proteger la red, el ambiente y a los usuarios, aunque Nueva York opera principalmente fuera del sistema de PJM.
El problema no es únicamente cuánta electricidad consume la inteligencia artificial, sino quién paga por construir el sistema que necesita. Mientras las tecnológicas anuncian inversiones multimillonarias, los reguladores deben decidir si las centrales y redes adicionales serán financiadas por esas compañías o repartidas entre millones de consumidores que quizá nunca utilicen directamente sus servicios.