La generación Z se ha ganado la fama de abandonar sus empleos rápidamente. Un nuevo informe de Randstad parece confirmar parte de esa percepción: durante sus primeros cinco años de carrera, sus integrantes permanecen una media de 1,1 años en cada puesto, frente a los 1,8 años de los millennials, los 2,8 de la generación X y los 2,9 de los baby boomers.
La cifra necesita una aclaración importante. No significa que todos los jóvenes renuncien después de trece meses ni que esa sea su permanencia durante toda la vida profesional. El dato compara los primeros cinco años de carrera de cada generación, una etapa en la que suelen acumularse puestos temporales, prácticas y cambios destinados a encontrar una especialización.
Uno de cada tres planea marcharse pronto
La investigación de Randstad se basa en una encuesta a 11.250 trabajadores de 15 mercados y en el análisis de más de 126 millones de ofertas laborales. El 33% de los jóvenes consultados planea dejar su puesto durante los próximos doce meses, mientras que el 52% está buscando activamente una nueva oportunidad. Solo el 11% espera permanecer indefinidamente en su empresa actual.
Estas cifras revelan una fuerza laboral especialmente móvil, pero no necesariamente desinteresada. El 41% asegura que siempre tiene en cuenta sus objetivos profesionales a largo plazo antes de cambiar de empleo, el porcentaje más alto entre las generaciones analizadas. Randstad sostiene que muchos no cambian por aburrimiento, sino porque no encuentran dentro de su empresa una ruta visible para progresar.

El salario sí importa, aunque no lo explica todo
Afirmar que la generación Z no cambia de trabajo por dinero sería exagerado. El propio informe señala que el salario continúa siendo el principal motivo para buscar una nueva oportunidad. La falta de crecimiento profesional aparece inmediatamente después, mencionada por el 14% de los jóvenes como una razón importante para marcharse.
Además, cambiar de empresa puede producir una mejora económica considerable. Datos internos del Bank of America Institute muestran que, durante el primer trimestre de 2026, el crecimiento salarial después de impuestos de los trabajadores de la generación Z que cambiaron de compañía fue aproximadamente cuatro veces superior al de quienes permanecieron en su puesto. Entre los millennials, la diferencia fue cercana al doble.
La movilidad combina así dos incentivos: cobrar más y evitar el estancamiento. Para un trabajador joven con pocos años de experiencia, una nueva empresa puede ofrecer responsabilidades, herramientas o conocimientos que su puesto actual no proporciona.
La inteligencia artificial está reduciendo los primeros peldaños
La generación Z también inicia su carrera en un momento especialmente complejo. Randstad calcula que las ofertas para puestos que exigen entre cero y dos años de experiencia cayeron 29 puntos porcentuales desde enero de 2024. El descenso alcanzó el 35% en empleos tecnológicos, el 25% en logística y el 24% en finanzas.
La inteligencia artificial no es la única responsable, pero está transformando muchas tareas que antes servían como puerta de entrada. El 46% de los jóvenes teme su impacto sobre el empleo, mientras que el 75% ya utiliza estas herramientas para aprender nuevas habilidades. En lugar de esperar que la empresa los forme, muchos intentan mejorar por su cuenta para no quedar fuera del mercado.

Retenerlos exige algo más que pedirles paciencia
El Workmonitor 2026 confirma que el dinero continúa atrayendo candidatos: el 81% de los trabajadores lo considera un factor principal al elegir una empresa. Sin embargo, la conciliación es más importante para permanecer. El 46% la identifica como el elemento clave de retención, frente al 23% que menciona el salario.
Las empresas que quieran conservar a sus empleados más jóvenes necesitan mostrar qué habilidades aprenderán, cómo podrán ascender y qué responsabilidades asumirán con el tiempo. La estabilidad ya no se consigue únicamente ofreciendo un contrato indefinido.
La generación Z no parece rechazar el compromiso. Rechaza permanecer durante años en un puesto que no mejora su salario, sus conocimientos ni sus posibilidades futuras. Para muchos jóvenes, cambiar de trabajo no es una señal de que carecen de rumbo, sino precisamente la estrategia que utilizan para construirlo.