La empatía, esa capacidad de comprender y compartir los sentimientos de los demás, es un superpoder humano que todos poseemos. Sin embargo, Jamil Zaki, experto en neurociencia social y director del Stanford Social Neuroscience Lab, advierte que, en la actualidad, esta habilidad está en riesgo. En su charla para el ciclo Aprendemos Juntos 2030 de BBVA, Zaki subraya que, aunque los seres humanos somos campeones en amabilidad y colaboración, la empatía, esencial para nuestra convivencia, está perdiendo terreno.
La empatía: un superpoder humano en peligro

Zaki ha dedicado dos décadas a estudiar cómo la empatía puede fortalecer nuestras conexiones sociales y cómo esta habilidad se puede potenciar. Sin embargo, aunque la empatía no es innata, es algo que se puede entrenar y desarrollar a través de prácticas conscientes como la meditación y la compasión. El psicólogo alerta que, en el contexto actual, la empatía está siendo puesta a prueba. En un mundo dividido por polarización y discursos de odio, conectar con los demás, especialmente con aquellos diferentes a nosotros, se ha vuelto un acto de resistencia.
La empatía, según Zaki, se divide en tres componentes esenciales: el primero es la capacidad de sentir lo que otros sienten; el segundo, comprender por qué lo sienten; y el tercero, actuar con compasión para hacer sentir mejor a esa persona. Estos tres elementos son la base de una interacción empática y de una sociedad más unida.
El ejemplo de Tony McAleer: de supremacista a defensor de la empatía
Zaki comparte un caso impactante para ilustrar cómo incluso quienes han perdido completamente su capacidad empática pueden recuperarla. Tony McAleer, un exsupremacista blanco, pasó de ser uno de los miembros más radicales de este movimiento en Canadá a convertirse en un defensor de la empatía y la reconciliación. El cambio de McAleer comenzó cuando tuvo hijos y, al preocuparse por su futuro, se dio cuenta de lo destructivo que era el odio. A través de terapia y de un proceso de autoaceptación, McAleer logró abandonar los grupos de odio y fundar una nueva organización llamada «Vida después del odio», dedicándose ahora a ayudar a otros a sanar.
Este caso muestra que, aunque la empatía pueda parecer perdida, siempre es posible reconstruirla. El poder de la conexión humana y la compasión pueden transformar incluso las mentes más cerradas.
El panorama actual: la empatía en tiempos de crisis

El contexto actual de creciente división social y polarización pone en peligro nuestra capacidad de empatizar. Zaki señala que, en las décadas pasadas, aunque existieran desacuerdos, las personas podían sentarse a discutir sus diferencias. Hoy, la comunicación está marcada por la hostilidad, sobre todo en plataformas digitales. En este entorno tóxico, la empatía se percibe no solo como una debilidad, sino incluso como un peligro.
Para contrarrestar esta tendencia, Zaki sugiere adoptar un enfoque científico ante los problemas sociales: un «escepticismo esperanzado» que nos permita mantener la mente abierta y buscar la verdad detrás de las divisiones. Según sus investigaciones, la mayoría de las personas son más dignas de confianza, generosas y amigables de lo que la percepción social actual nos hace creer.
El reto de recuperar la empatía
A pesar de los desafíos, el mensaje de Zaki es claro: la empatía no está perdida. Es una habilidad que puede entrenarse y que puede cambiar la forma en que nos relacionamos con los demás. Frente a la polarización, la clave está en cultivar la esperanza y confiar en la capacidad humana para conectar, aún en los momentos más difíciles. Con esfuerzo, podemos recuperar esta habilidad fundamental y usarla como un puente para sanar las divisiones de nuestra sociedad.