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El 10 de junio de 1963, llega una misteriosa nota a algunos de los corresponsales de Estados Unidos que se encontraban en Saigón: “mañana sucederá algo muy importante frente a la embajada de Camboya”. Al día siguiente se iba a producir una de las instantáneas más estremecedoras y simbólicas de la historia.

Aquella imagen aterradora desencadenó una reacción en cadena que cambió la historia para siempre. Un acto de protesta radical que apareció en los periódicos de casi todos los países y en uno en especial: Estados Unidos, cuyos ciudadanos, o la gran mayoría, escuchaban por primera vez la palabra “Vietnam”.

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La historia de Thich Quang Duc, el monje budista de la fotografía, arranca unos meses antes, a principios de mayo de 1963, durante una celebración budista en la ciudad de Hue. Era Phat Dan, el cumpleaños de Gautama Buddha, y más de 500 personas habían salido a las calles agitando banderas budistas y celebrando el acontecimiento.

Image: Ngo Dinh Diem (Wikimedia Commons)

Sin embargo, en Vietnam era un crimen. Aunque más del 90% de la nación era budista, estaba bajo un gobierno católico romano presidido por Ngo Dinh Diem, quien había establecido como ley que nadie podía exhibir una bandera religiosa.

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Lo cierto es que antes de aquella celebración muchos se habían quejado de forma más o menos airada de que Diem discriminaba a los budistas, pero ese día ya no hubo dudas. Unas semanas antes, Diem había alentado a los católicos a agitar banderas del Vaticano durante la celebración de un arzobispo católico. Pero ahora, mientras los budistas llenaban las calles con banderas propias para celebrar a Phat Dan, Diem enviaba a las tropas policiales.

Las fiestas se convirtieron rápidamente en una protesta, y surgió una multitud creciente que exigía un trato igualitario para los budistas. El ejército sacó vehículos blindados para mantener la paz, pero las cosas se salieron de control. En poco tiempo abrieron fuego contra la multitud. Granadas y vehículos que atropellaban e impactaban contra las masas. En el momento en que la gente se dispersó, nueve habían muerto, dos de ellos niños que habían sido aplastados hasta morir bajo las ruedas de los blindados.

La imagen

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Bajo este clima se llega al 10 de junio. Entre otros periodistas, el fotógrafo Malcolm Browne, jefe de la oficina de Saigón para Associated Press, recibe la misteriosa nota de que “algo importante” iba a suceder fuera de la Embajada de Camboya. La mayoría de los periodistas ignoraron el mensaje, ya que la crisis budista había durado más de un mes, pero Browne se lo creyó a pies juntillas.

Para el mes de junio Vietnam del Sur era un polvorín. Los budistas habían publicado una lista de hasta cinco demandas donde exigían igualdad religiosa y justicia para los muertos, y Browne sabía que estaban dispuestos a hacer cualquier cosa para mejorar la vida de la población.

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Uno de los tipos más respetados era un conocido del fotógrafo. Browne conoció a Thich Quang Duc, un monje budista que había pasado tres años viviendo en total aislamiento como un ermitaño en las montañas de Vietnam, en una pagoda en la ciudad.

El día fatídico, Browne lo siguió a él y a una procesión de más de 350 monjes mientras se dirigían al centro de la ciudad. El acto iba a tener lugar en medio de la concurrida intersección de Phan Đình Phùng Boulevard y Lê Văn Duyệt Street, a metros al suroeste del Palacio Presidencial (ahora el Palacio de la Reunificación).

Image: Duc llegando en el vehículo (AP)

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Duc salió de un vehículo junto con otros dos monjes. Uno de ellos colocó un cojín en la vía mientras que el segundo abrió un baúl y sacó una lata de gasolina de varios litros. Mientras los manifestantes formaban un círculo a su alrededor, Duc se sentó tranquilamente en la posición budista tradicional sobre el cojín.

Otro de los monjes vació el contenido del contenedor de gasolina sobre la cabeza de Duc. Este hizo girar una cadena de madera y recitó las palabras Nam mô A di đà Phật (“homenaje al Buda Amitābha”) antes de encender un fósforo y dejarlo caer sobre sí mismo.

Image: El monje vaciando el contenedor de gasolina en Duc (AP)

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Las llamas comenzaron a consumir su ropa y su piel, y el humo aceitoso y ennegrecido emanaba de su cuerpo ardiendo. El público estaba atónito, y Browne disparaba con su cámara tembloroso ante el acto salvaje que estaba presenciando. Antes de quemarse a lo bonzo, el monje había dejado una nota donde decía lo siguiente:

Antes de cerrar los ojos y avanzar hacia la visión del Buda, le ruego respetuosamente al presidente Ngo Dinh Diem que tenga una mente compasiva hacia la gente de la nación y que implemente la igualdad religiosa para mantener la fortaleza de la patria eternamente. Les pido a los venerables, a los reverendos, a los miembros de la sangha y a los budistas laicos que se organicen en solidaridad para hacer sacrificios para proteger el budismo.

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El olor a carne humana quemada impregnaba el aire, sin embargo y a pesar de estar quemándose vivo, Duc jamás movió un solo músculo o emitió un sonido, su compostura contrastaba con los lamentos y los gritos de horror de algunos de los presentes.

Después de aproximadamente diez minutos, el cuerpo del monje cayó rendido hacia atrás sobre su espalda. Una vez que el fuego disminuyó, un grupo de monjes cubrieron el cadáver humeante con una túnica amarilla, lo recogieron e intentaron colocarlo en un ataúd, pero las extremidades no se pudieron enderezar y uno de los brazos sobresalió de la caja de madera mientras fue trasladado a la pagoda cercana en el centro de Saigón.

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Image: Tras 10 minutos el cuerpo el cuerpo del monje cayó rendido (AP)

Unas horas después, la escalofriante fotografía de Duc ya estaba de camino a Estados Unidos. Malcolm Browne había enviado la instantánea a través de un pasajero encubierto en un avión que sacaba de contrabando su rollo de película. Por la mañana al día siguiente, el cuerpo de Duc fue portada de los periódicos de todo el mundo.

Al parecer, cuando John F. Kennedy vio la imagen en un periódico de su despacho hizo que el incidente pasara a ser internacional. El embajador de Estados Unidos en Vietnam comenzó a presionar a Diem para cumplir con las demandas de los budistas, mientras que el secretario de Estado, Dean Rusk, amenazó directamente con renunciar si no lo hacía.

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Image: Un grupo de monjes acuden a cubrir el cadáver con una túnica amarilla (AP)

Diem parecía inclinarse ante la presión estadounidense, pero no fue así. Envió a sus fuerzas especiales a la pagoda donde se guardaban las cenizas de Duc para robar los restos del muerto. Dos monjes escaparon con la urna que contenía lo que quedaba del hombre, pero las fuerzas especiales obtuvieron el premio mayor: el corazón (milagrosamente) no quemado del monje.

Aquella fue la mecha definitiva. Los días de Diem estaban contados. Los nacionalistas vietnamitas dirigidos por el general Duong Van Minh comenzaron a conspirar para derrocarlo, y Estados Unidos los respaldó.

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Hoy, la icónica fotografía es recordada como un símbolo de rebelión y resistencia, aunque quizás signifique mucho más que eso. El cuerpo ardiendo de Thich Quang Duc fue la chispa que desencadenó una serie de crisis que terminó por llevar a Estados Unidos a la guerra de Vietnam.

Decía Kennedy que ninguna imagen en la historia había generado tanta emoción en el mundo como esa. Desgraciadamente, hay un buen puñado de instantáneas tan o más terroríficas y tan o más simbólicas, antes y después.

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Por cierto, Browne ganó un premio Pulitzer por la imagen del monje, y el carácter transgresor de la instantánea la ha convertido en una de las más utilizadas de la historia. [Wikipedia, TIME]