El mercado de la movilidad urbana no deja de reinventarse. Si Uber y los VTC ya habían transformado el transporte privado, ahora China da un paso más con un modelo tan simple como disruptivo: alquilar un conductor para que lleve tu propio coche. Un servicio que resuelve un problema social y legal en un país donde beber y brindar es casi una obligación cultural.
Cómo funciona el dàijià
El sistema se gestiona a través de una aplicación móvil. El usuario solicita un chófer designado, y en pocos minutos aparece alguien en bicicleta o patinete eléctrico. Este conductor pliega su vehículo, lo guarda en el maletero del cliente y toma el volante hasta el destino acordado. Allí, saca de nuevo su patinete y continúa con su trabajo.

Cultura del alcohol y leyes estrictas
En China, compartir una copa en reuniones sociales o de negocios es un gesto de respeto. El famoso brindis Ganbei (“copa vacía”) simboliza confianza y unión. Pero al mismo tiempo, desde 2011 las sanciones por conducir bajo los efectos del alcohol son muy severas, incluyendo multas, pérdida del carné e incluso cárcel. Esta contradicción cultural convirtió al dàijià en la solución perfecta.
Seguridad vial y cifras en positivo
Según el Ministerio de Seguridad Pública, la popularización de estos servicios ha reducido drásticamente la siniestralidad. En la última década, los accidentes con más de tres víctimas mortales han caído un 59,3%, pese a que el número de vehículos ha aumentado un 89% y el de conductores un 123%. Cada año, se registran alrededor de 200 millones de trayectos gestionados por chóferes designados.

Dos gigantes en competición
El pionero fue e-Daijia, que desde 2011 dominó el mercado con hasta un 90% de cuota. Pero en 2015 llegó Didi, el “Uber chino”, con su servicio integrado Didi Daijia. La guerra de precios entre ambos gigantes disparó el uso de la fórmula, beneficiando a los usuarios y consolidando al dàijià como una alternativa real al taxi y a los VTC tradicionales.
Más que una moda pasajera
Lo que empezó como un remedio práctico para noches de fiesta se ha convertido en un fenómeno social con repercusión directa en la seguridad vial. Su sencillez y eficacia podrían inspirar a otros países a implantar servicios similares. Porque a veces, la mejor innovación no es tecnológica, sino cultural: resolver un dilema cotidiano con ingenio y practicidad.
Fuente: Xataka.