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La idea de “fabricar agua” en lugares secos acaba de dar un paso muy serio. Un nuevo material desarrollado en Noruega logra captarla del aire incluso cuando la humedad es baja

Mientras millones de personas viven con acceso limitado al agua potable, un equipo noruego trabaja en una tecnología que no necesita ríos, pozos ni tuberías: solo aire. Su nuevo polímero promete extraer agua atmosférica con menos coste y más eficiencia en entornos hostiles.

Durante años, extraer agua del aire ha sonado a promesa tecnológica atractiva, pero también bastante limitada en la práctica. Funciona bien en ciertos climas, sí, pero cuando el aire se vuelve realmente seco (justo donde más falta hace) muchas soluciones pierden eficacia o se vuelven demasiado costosas. Ahora, un equipo de Noruega cree haber encontrado una forma de cambiar esa ecuación.

La carrera por obtener agua del aire ya no es una rareza de laboratorio

La idea de capturar agua directamente de la atmósfera no es nueva. De hecho, la naturaleza lleva haciéndolo millones de años: desde escarabajos del desierto hasta ciertas plantas y superficies biológicas que aprovechan la condensación o la humedad ambiental para sobrevivir donde casi no hay agua líquida disponible.

El problema ha sido siempre el mismo: hacerlo de forma eficiente, barata y útil para humanos. Hoy existen generadores atmosféricos de agua que enfrían el aire para condensar humedad, como si fueran una especie de aire acondicionado llevado al extremo. Funcionan, pero tienen un gran límite: consumen bastante energía y se vuelven menos prácticos cuanto más seco es el ambiente. Y eso es un problema serio, porque las zonas donde más se necesita este tipo de tecnología suelen ser precisamente las que menos humedad tienen.

La apuesta noruega cambia la lógica: no enfría el aire, “atrapa” el agua

La idea de “fabricar agua” en lugares secos acaba de dar un paso muy serio. Un nuevo material desarrollado en Noruega logra captarla del aire incluso cuando la humedad es baja
© William Husby Hoven/SINTEF.

Aquí es donde entra el nuevo desarrollo de la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología (NTNU) y el centro de investigación SINTEF. Lo que han creado es un nuevo material polimérico capaz de absorber moléculas de agua directamente del aire, incluso cuando la humedad relativa es baja. Y eso importa mucho más de lo que parece, porque ataca justo el talón de Aquiles de muchas tecnologías actuales.

El sistema se basa en una combinación bastante ingeniosa: un elastómero blando y flexible, y un polímero superabsorbente, parecido en concepto al que se utiliza en productos como los pañales desechables. Pero aquí no se usa para retener líquidos ya presentes, sino para captar agua atmosférica y almacenarla temporalmente.

La clave está en unas microestructuras que funcionan casi como “imanes” de agua

Según explica el equipo, el material cuenta con microestructuras internas diseñadas para atraer y retener moléculas de agua del aire. Ese detalle es crucial. Porque no se trata solo de tener una sustancia absorbente, sino de darle una arquitectura interna que facilite el contacto con la humedad ambiental y aumente la eficacia de captura.

Una vez saturado, el material puede liberar el agua mediante calor, lo que permite recogerla, almacenarla y utilizarla posteriormente. Y ahí está una de las grandes ventajas del sistema: la captación y la liberación están separadas en dos fases relativamente simples, sin depender de procesos continuos de refrigeración o maquinaria pesada.

Lo más importante: funciona donde muchas otras soluciones flojean

Ese es probablemente el dato más valioso del proyecto. Según Roberto Mennitto, investigador principal de SINTEF, una gran parte de las tecnologías actuales pierde eficiencia por debajo del 50% de humedad relativa, justo en contextos donde el acceso al agua ya es más crítico.

El nuevo material, en cambio, fue diseñado precisamente para mantener un buen rendimiento en esas condiciones. Y eso lo convierte en una opción especialmente interesante para: zonas áridas o semiáridas, campamentos humanitarios, operaciones de defensa o emergencia, e incluso aplicaciones domésticas en lugares con infraestructuras hídricas débiles o irregulares. En otras palabras: no es solo una curiosidad de laboratorio. Tiene pinta de querer ir a pelear donde de verdad duele el problema.

Y además tiene otra ventaja silenciosa: es mucho más fácil de fabricar de lo que parece

La idea de “fabricar agua” en lugares secos acaba de dar un paso muy serio. Un nuevo material desarrollado en Noruega logra captarla del aire incluso cuando la humedad es baja
© Unsplash / Artem Beliaikin.

Uno de los grandes filtros que separan una buena idea científica de una solución real suele ser el mismo: ¿cuánto cuesta escalarla? Aquí el equipo intentó atacar esa pregunta desde el principio. Según explican, el material puede producirse con materias primas relativamente asequibles, sin necesidad de solventes tóxicos ni procesos de fabricación especialmente complejos.

Además, puede presentarse en distintas formas: láminas, recubrimientos, o incluso piezas impresas en 3D. Y hay un detalle especialmente interesante: parte del material podría fabricarse a partir de biomasa, lo que ampliaría sus aplicaciones y reduciría todavía más su impacto ambiental.

Eso cambia bastante el tono de la noticia. Porque ya no hablamos solo de un invento ingenioso, sino de algo que podría llegar a producirse sin una infraestructura industrial delirante.

La gran promesa no es solo “sacar agua”, sino hacerlo sin disparar el coste energético

Ese es otro punto clave. Muchas tecnologías de acceso al agua funcionan, sí, pero a costa de un consumo energético alto o de sistemas complejos de mantenimiento. En cambio, este polímero apunta a algo mucho más valioso en escenarios reales: eficiencia suficiente con una complejidad razonable.

Los investigadores aseguran que el material ha mostrado buena resistencia frente a ciclos continuos de uso, manteniéndose operativo durante al menos 120 horas sin degradarse ni perder rendimiento frente a materiales de referencia como el gel de sílice. Y eso ya lo pone en una categoría más seria. Porque en tecnologías para entornos difíciles, durabilidad y mantenimiento importan casi tanto como la eficiencia inicial.

Todavía no estamos ante una solución masiva, pero ya está entrando en la fase importante

La idea de “fabricar agua” en lugares secos acaba de dar un paso muy serio. Un nuevo material desarrollado en Noruega logra captarla del aire incluso cuando la humedad es baja
© SINTEF.

Conviene no venderlo como si mañana fuera a resolver la crisis hídrica global. Todavía no. El equipo reconoce que uno de los grandes desafíos ahora es reducir costes alrededor de un 25% y escalar la producción desde cantidades de laboratorio hasta volúmenes industriales.

Ese paso es enorme. Porque una cosa es producir gramos y otra muy distinta fabricar kilogramos o toneladas con consistencia, fiabilidad y costes competitivos. Pero hay una señal interesante: varias empresas emergentes ya han mostrado interés por la tecnología. Y eso suele ser un buen síntoma de que el proyecto ha empezado a cruzar la frontera entre investigación prometedora y posible transferencia real.

La gran pregunta ya no es si se puede captar agua del aire, sino si podemos hacerlo donde más importa

Y eso cambia bastante la conversación. Durante mucho tiempo, la escasez de agua se abordó casi exclusivamente desde la lógica de la gran infraestructura: embalses, desaladoras, canalizaciones, transporte. Todo eso seguirá siendo importante. Pero también empieza a abrirse otro camino: el de los materiales inteligentes capaces de producir agua donde antes no era práctico hacerlo.

Si esta línea avanza, no va a sustituir por completo a las redes tradicionales. Pero sí podría hacer algo muy valioso: descentralizar el acceso al agua en entornos donde depender de una gran infraestructura es, sencillamente, inviable.

Y si eso ocurre, entonces el verdadero cambio no será solo tecnológico. Será mucho más profundo: la posibilidad de que, en algunos de los lugares más secos del planeta, el aire deje de ser solo aire… y empiece a ser también una fuente de agua.

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