Image: Mr. Toilet House (AP)

Hay gente que nace con una misión en la vida. Algunos, como el señor Sim, saben desde muy pequeños cuál será ese camino. Él lo tuvo claro desde el principio. Una vida dedicada en cuerpo y alma al inodoro.

A mediados de la década de los 90, Corea del Sur recibió la mejor de las noticias: junto a Japón iban a celebrar el Mundial de fútbol de 2002. La noticia suponía, por fin y después de décadas de reconstrucción desde la terrible Guerra de Corea, el empujón definitivo que necesitaban para reafirmarse como nación de cara al exterior.

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Antes del anuncio de la FIFA, al país le costaba encontrar socios con los que atraer capital y gente. El fútbol, quizás el deporte más universal en el planeta, podría ofrecer la mejor de las caras.

Y en aquel momento y lugar de la historia se encontraba Sim Jae-duck, el alcalde de Suwon, una ciudad a menos de 30 kilómetros al sur de Seúl, y el hogar de uno de los estadios donde se celebraría el mundial. El señor Jae-duck, un apasionado de su ciudad y sus gentes, tenía claro que la mejor promoción era presentar a los habitantes de Suwon tal y como eran.

Image: Sim Jae-duck (AP)

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Así fue como ideó un programa de acogida, un plan que consistía en que los miles de turistas que venían al mundial podrían elegir como opción de estancia una casa con una familia surcoreana. De esta forma reclutó a más de 3.000 familias locales para ofrecer alojamiento y comida gratis a los visitantes durante los juegos.

Además, para manejar a las grandes multitudes, reclutó a miles de guardias y les dio unas pequeñas clases y consejos sobre cómo tratar a los invitados extranjeros. Sin embargo, el movimiento más famoso del señor Sim fue otro: el hombre lanzó una campaña paralela de cientos de millones para mejorar los baños públicos de la ciudad, un programa que le valió el apodo que le hizo famoso Mr. Toilet.

Al cabo de unos meses, su plan iba viento en popa. La ciudad tenía cerca de 800 baños públicos diseminados por la ciudad, algunos operados por el gobierno, y otros provistos por empresas privadas.

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Image: Revolución de los baños en Suwon (AP)

Mr. Toilet los mejoró a todos, proporcionando una capa fresca de pintura a todo el mobiliario, instalando obras de arte local para la llegada de los visitantes, reemplazando mobiliario antiguo por otro nuevo, e incluso colocando un equipo en los baños con música clásica de fondo y aire perfumado en las estancias, haciendo de la liturgia de acudir al baño un momento inspirador. Por cierto, también cambió los inodoros tradicionales por los inodoros “occidentales”.

No sólo eso, el señor Sim también construyó más de 40 baños nuevos, y gastó tanto dinero en su diseño y construcción, que los más cercanos al estadio tenían la forma de balones de fútbol: hasta 25 de las instalaciones llegaron a ser designadas como atracciones turísticas por derecho propio.

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Image: Una empleada limpiando uno de los baños del mundial (AP)

En realidad, detrás de esta cruzada particular de Sim por mejorar los baños había algo más personal. De hecho, el alcalde había nacido literalmente para ese trabajo: nació en un aseo. A ello se sumaba una larga tradición que dice que los baños son lugares afortunados. La abuela del alcalde estaba tan segura de que cualquier persona que naciera en un baño estaba destinada a vivir una vida próspera y larga, que convenció a la madre de Sim para que diera a luz junto a un inodoro.

Por tanto, Sim siempre supo que su vida iba a estar ligada a los baños, y especialmente a los inodoros. Cuando vio que su plan para el mundial comenzaba a tomar forma, decidió expandir sus esfuerzos. Antes de entrar en el nuevo milenio, creó la denominada como Korean Toilet Association, un grupo para impulsar su campaña de modernización a nivel nacional.

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Image: Sim con inodoros (AP)

Poco después, se unió a la World Toilet Organization, un grupo dedicado a mejorar el acceso público a los baños en todo el mundo. Luego, cuando Sim concluyó que la organización no estaba haciendo lo suficiente por los retretes, se separó para formar su propia Asociación Mundial del Aseo en el año 2006. No había nadie en el planeta que supiera más de inodoros que Sim.

El hombre se metió tanto en el papel, que un día decidió que si se hacía llamar Mr. Toilet, debía hacer honor a ello viviendo en uno. Dicho y hecho, demolió la casa en la que había vivido durante tres décadas y la reemplazó por una con forma de inodoro gigante, tanto, que no existe otra igual en el planeta.

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Image: Sim presentando su casa (AP)

Para ello, Sim invirtió casi dos millones de dólares en la construcción de dos pisos de vidrio y cemento (anteriormente había sido un hombre de negocios de éxito), una vivienda con la forma de un retrete gigante pintado de blanco.

Por cierto, por si había dudas, Sim puso un letrero frente a la casa que decía Mr. Toilet House.

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En cuanto a la casa, la característica más destacada en el piso principal era, por supuesto, un inodoro, uno de los cuatro dentro de la vivienda. Ese baño contaba con una puerta de cristal transparente del piso al techo, una que no ofrecía privacidad. Sin embargo, todo era parte de la escenificación que había creado Sim.

Image: AP

Tan pronto como una persona se adentraba en dicho baño, los sensores electrónicos que levantaban la tapa del inodoro y encendían la música también hacían que la puerta del baño se volviera opaca, dándole al visitante toda la privacidad que necesitaba. El baño emerge en una espaciosa sala de estar con una gran escalera y revestida de ventanas que se curvan alrededor de la fachada redondeada del edificio.

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Además, y debido al acceso limitado a la energía, el agua y el tratamiento de aguas residuales en todo el mundo, Sim quiso bordar estos problemas en el diseño de su hogar con paneles solares para reducir su huella de carbono. También recolectaba el agua de lluvia del techo y la almacenaba en un tanque hasta que fuera necesaria para vaciar los inodoros del edificio.

Cuando se mudó con su familia, Sim aprovechó su icónico edificio para llamar la atención sobre su causa. Buscó huéspedes que pagaran hasta 50.000 dólares para quedarse una noche. El dinero iba a parar a una asociación que esperaba desarrollar y construir más y mejores baños. Como dijo en muchas entrevistas:

Los baños son fundamentales para la vida de las personas, y un lugar para resolver las preocupaciones.

Desgraciadamente, unos años después se supo que llevaba luchando en silencio contra un cáncer de próstata. Murió en su casa-inodoro el 14 de enero de 2009, aunque antes de morir acordó con su familia preservar la casa “como símbolo de la nueva cultura del retrete de Corea del Sur” donándola a la ciudad.

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Un año después, la vivienda se convertía en museo dedicado a la cultura de los baños. Y en menos de tres años, la ciudad desarrolló en las tierras anexas un parque sobre el mundo de los retretes, con exhibiciones que mostraban las diversas formas en que las personas acudían al baño antes de inventar los inodoros junto a una tienda que vende recuerdos con temas de retrete.

Más de una década después de la obra del señor Sim, la cultura al retrete se ha mantenido en el país, posiblemente, la meca del inodoro en el planeta. [WashingtonPost, AtlasObscura, Wikipedia, BBC