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Ciencia

La Luna podría convertirse en el mejor observatorio del universo. Los científicos proponen instalar radiotelescopios para ver agujeros negros como nunca antes

Un nuevo estudio plantea utilizar la superficie lunar como parte de una red de radiotelescopios capaz de multiplicar la resolución actual. El objetivo: observar decenas de agujeros negros supermasivos cuya sombra hoy resulta imposible de captar desde la Tierra.
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La humanidad solo pudo imaginar cómo se ve un agujero negro. No por falta de teorías, sino porque observarlos directamente exige una resolución extrema, muy por encima de lo que cualquier telescopio individual puede ofrecer. Recién en 2019 se logró la primera imagen histórica, seguida en 2022 por la del agujero negro en el centro de nuestra galaxia. Desde entonces, el problema no ha sido conceptual, sino físico: la Tierra se ha quedado pequeña.

Ahora, un grupo de científicos propone una solución tan ambiciosa como lógica: llevar los radiotelescopios fuera del planeta y utilizar la Luna como una extensión natural del mayor instrumento astronómico jamás construido.

El límite invisible que impone la Tierra

Las imágenes de los agujeros negros no se obtienen con un solo telescopio, sino mediante una técnica conocida como interferometría de muy larga base (VLBI). En esencia, varios radiotelescopios repartidos por el planeta observan el mismo objeto de forma simultánea y combinan sus señales como si fueran un único instrumento. Así nació el Telescopio del Horizonte de Sucesos (EHT), una red global capaz de simular un telescopio del tamaño de la Tierra.

El problema es evidente: el diámetro del planeta marca el límite máximo de resolución. Incluso con mejoras técnicas, el EHT solo puede alcanzar entre 10 y 20 microsegundos de arco, suficiente para unos pocos casos excepcionales… pero insuficiente para la mayoría de los agujeros negros del universo cercano.

Por qué la Luna cambia completamente el panorama

La Luna podría convertirse en el mejor observatorio del universo: científicos proponen instalar radiotelescopios para ver agujeros negros como nunca antes
© Bronzwaer, Moscibrodzka, Davelaar & Falcke.

El nuevo estudio, publicado en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, plantea una idea sencilla en apariencia pero revolucionaria en sus consecuencias: integrar radiotelescopios en la superficie lunar y conectarlos con la red terrestre.

La distancia entre la Tierra y la Luna (unos 384.400 kilómetros) ampliaría de forma radical la base del interferómetro. En la práctica, permitiría alcanzar resoluciones sub-microsegundo, algo inalcanzable desde el suelo terrestre. Ese salto técnico multiplicaría por más de diez el número de agujeros negros observables. Según los cálculos del equipo, se podrían estudiar hasta 31 agujeros negros supermasivos, frente a los dos actuales: M87 y Sagitario A*.

Objetivos que hoy son invisibles

Los investigadores partieron de un catálogo de agujeros negros cuya “sombra” tendría un tamaño angular compatible con esa nueva resolución lunar. Entre ellos destaca M104, el agujero negro central de la galaxia Sombrero, considerado uno de los candidatos más prometedores por su intensidad en frecuencias de 230 GHz.

Otros objetos, como NGC 524, NGC 1052 o PGC 049940, requerirían antenas mucho más sensibles, pero entrarían por primera vez dentro del alcance observacional humano.

La diferencia no es menor: pasaríamos de estudiar casos excepcionales a contar con una muestra estadística real, algo imprescindible para entender cómo funcionan estos monstruos gravitatorios.

Dónde colocar los telescopios lunares

El estudio analizó cinco ubicaciones posibles sobre la superficie lunar: dos en la cara visible, dos en la cara oculta y una en el polo sur.

La cara oculta ofrece una ventaja clave: queda permanentemente protegida del ruido de radio generado por la Tierra, uno de los principales problemas para la radioastronomía. El polo sur lunar, en cambio, aparece como una opción estratégica a largo plazo, alineada con futuros planes de exploración y asentamiento internacional.

Las simulaciones muestran que una antena situada en la antípoda lunar permitiría observar todos los candidatos propuestos mediante ventanas periódicas perfectamente viables.

Antenas gigantes y desafíos colosales

La Luna podría convertirse en el mejor observatorio del universo: científicos proponen instalar radiotelescopios para ver agujeros negros como nunca antes
© ESO.

El proyecto no está exento de obstáculos. Para captar las señales necesarias serían necesarias antenas de entre cinco y cien metros de diámetro, dependiendo del objeto observado.

Instalar, alimentar y mantener estructuras de ese tamaño en la superficie lunar implica resolver desafíos de ingeniería mayúsculos: suministro energético, estabilidad térmica, sincronización con relojes atómicos terrestres y transmisión de datos con precisión extrema.

Los propios autores reconocen que se trata de un proyecto de varias décadas, ligado a programas internacionales como la futura Estación Internacional de Investigación Lunar y misiones de radioastronomía como la propuesta china LOVEX.

Por qué vale la pena el esfuerzo

El premio científico sería enorme. Observar decenas de sombras de agujeros negros permitiría poner a prueba la relatividad general de Einstein en un rango de condiciones gravitatorias nunca antes explorado. También ayudaría a estudiar con precisión los llamados anillos de fotones, estructuras donde la luz orbita el agujero negro antes de escapar.

Cada imagen adicional no sería solo una fotografía, sino un experimento físico extremo.

La Luna como el próximo gran observatorio

Durante siglos, los telescopios crecieron hacia el cielo. Luego se expandieron por continentes enteros. Ahora, el siguiente paso natural parece estar fuera de la Tierra.

Si esta propuesta llega a concretarse, la Luna podría convertirse en el observatorio más potente jamás construido por la humanidad, capaz de revelar algunos de los objetos más oscuros y extremos del universo.

Y todo gracias a una idea simple: para ver mejor los agujeros negros, quizá primero haya que salir del planeta.

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