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Ciencia

No son estrellas, tampoco son galaxias ni errores de medición. Los puntos rojos descubiertos en el universo primitivo apuntan a un objeto cósmico muy conocido

Durante meses desconcertaron a los astrónomos: objetos demasiado rojos, demasiado maduros y demasiado tempranos. Ahora, un estudio en Nature sugiere que son agujeros negros supermasivos camuflados, en una fase inédita de su vida.
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En el año 2022, el James Webb captó luces rojas diminutas en el universo primitivo. Al principio se pensó que eran galaxias con maduración, pero los análisis recientes apuntan a algo más desconcertante: objetos nunca antes descritos por la ciencia, capaces de devorar materia y, al mismo tiempo, emitir luz. Una paradoja cósmica que obliga a repensar la historia del universo.

Los “rompedores del universo”

El telescopio más potente jamás construido acaba de mostrar algo inesperado: luces rojas que no encajan con ninguna categoría del cosmos
© MPIA/HdA/T. Müller/A. de Graaff.

Un equipo internacional, con investigadores de la Universidad Estatal de Pensilvania y el Instituto Max Planck de Astronomía, describe en Astronomy and Astrophysics estos objetos como auténticos “rompedores del universo”. El hallazgo sugiere que podrían ser el eslabón perdido que explique por qué los agujeros negros supermasivos crecieron tan rápido tras el Big Bang, un misterio que llevaba décadas desconcertando a los astrofísicos.

Más allá de las galaxias

Al comienzo, la hipótesis más simple detectada era que los puntos rojos correspondían a galaxias tan viejas como la Vía Láctea. Sin embargo, los datos no encajaban con su tamaño ni su madurez. En su lugar, el análisis revela que podrían ser esferas de gas incandescente que imitan la atmósfera de una estrella, pero cuyo motor interno no es la fusión nuclear.

Estrellas con agujeros negros en su interior

El telescopio más potente jamás construido acaba de mostrar algo inesperado: luces rojas que no encajan con ninguna categoría del cosmos
© NASA/CSA/ESA, M. Xiao & P. A. Oesch (University of Geneva), G. Brammer (Niels Bohr Institute), Dawn JWST Archive.

La propuesta más audaz es que se trata de estrellas con agujeros negros en su centro. Estas bestias cósmicas absorberían materia a gran velocidad y, al transformarla en energía, irradiarían luz. Una combinación insólita: regiones de densidad extrema capaces de devorar lo que las rodea y al mismo tiempo brillar en la oscuridad del universo temprano.

El paper que empieza a encajar las piezas

Ahora, un nuevo estudio publicado en Nature y liderado por Vadim Rusakov, astrónomo de 29 años de la Universidad de Manchester, propone una solución elegante y perturbadora: no son galaxias gigantes. Son agujeros negros supermasivos ocultos dentro de una crisálida de gas.

Literalmente.

“Creemos que hemos resuelto el enigma”, explica Rusakov. “Estos agujeros negros están envueltos en una espesa capa de gas que los hace parecer rojos y oculta lo que hay en su interior”. No es poesía. Es física.

La clave estaba en el hidrógeno

El equipo analizó con detalle el espectro lumínico del hidrógeno, el elemento más simple y abundante del universo. Y ahí apareció la pista decisiva: gran parte de esa envoltura gaseosa está ionizada, llena de electrones libres.

¿Y qué hacen esos electrones? Dispersan la luz. El resultado: los objetos parecen más grandes, más evolucionados y más “galácticos” de lo que realmente son.

Es un camuflaje perfecto.

Hasta ahora, literalmente no podíamos verlos por culpa de su propio capullo.

El papel del James Webb

Con su capacidad de retroceder 13.500 millones de años en el tiempo gracias a su visión infrarroja, el James Webb está revelando fenómenos que la ciencia nunca había imaginado. Si se confirma, este descubrimiento abrirá un capítulo inédito en la cosmología, situando a las “estrellas agujero negro” como piezas clave para comprender cómo se formaron las primeras galaxias y los primeros gigantes del cosmos.

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