Saltar al contenido
Ciencia

La materia oscura podría estar formada por restos físicos de un universo anterior al nuestro. Un nuevo estudio propone que agujeros negros sobrevivieron al colapso previo al Big Bang y todavía siguen aquí

El modelo cosmológico desarrollado por el físico Enrique Gaztanaga combina universos cíclicos y agujeros negros primordiales para explicar el origen de la materia oscura. La idea plantea que ciertos objetos compactos habrían resistido el “rebote” entre universos y pasado de un cosmos desaparecido al actual.
Por

Tiempo de lectura 3 minutos

Comentarios (0)

La materia oscura lleva décadas comportándose como uno de los grandes fantasmas de la física moderna. Sabemos que existe porque su gravedad altera galaxias, cúmulos y estructuras gigantescas del cosmos. Sabemos también que representa cerca del 85% de toda la materia del universo. Pero nadie ha conseguido verla directamente ni detectar con certeza la partícula responsable. Y cuanto más tiempo pasa sin respuestas, más extrañas empiezan a volverse las teorías.

Ahora, un nuevo estudio publicado en Physical Review D propone una idea que parece salida de ciencia ficción, pero nace directamente de modelos cosmológicos matemáticos: la materia oscura podría estar formada por agujeros negros que sobrevivieron al colapso de un universo anterior al nuestro. Es decir, restos físicos llegados desde antes del Big Bang.

El modelo rompe con la idea clásica de un único comienzo del universo

La cosmología estándar suele describir el Big Bang como el inicio absoluto del espacio y del tiempo. Un punto singular desde el que nació todo. Pero algunos físicos llevan décadas explorando otra posibilidad: que el universo no surgiera de la nada, sino de un ciclo anterior.

En estos modelos de “rebote cósmico”, el cosmos se expande durante miles de millones de años, luego comienza a contraerse hasta alcanzar un estado extremadamente denso y finalmente rebota, iniciando una nueva expansión. No existirían universos paralelos al estilo de la cultura pop. Serían universos secuenciales. Uno naciendo literalmente de las cenizas gravitacionales del anterior.

Y aquí aparece la pregunta fascinante. ¿Puede algo sobrevivir a ese colapso?

Algunos agujeros negros podrían atravesar el “rebote” entre universos

El físico Enrique Gaztanaga, investigador del Instituto de Ciencias del Espacio en Barcelona, propone que sí. Según el modelo, ciertos objetos extremadamente compactos (especialmente agujeros negros) podrían resistir el colapso final de un universo y persistir tras el rebote hacia el siguiente. En otras palabras: algunos agujeros negros no habrían nacido dentro de nuestro cosmos actual. Serían anteriores a él.

El trabajo sugiere que cualquier estructura suficientemente compacta y mayor de unos 90 metros podría atravesar ese proceso extremo sin desaparecer completamente. Y eso cambia muchísimo las cosas. Porque durante años, los físicos buscaron explicar la materia oscura mediante partículas exóticas nunca observadas directamente. Pero los experimentos llevan décadas sin encontrar evidencias concluyentes.

Entonces empezó a ganar fuerza otra idea: quizá la materia oscura no sea una nueva partícula, sino una enorme población de agujeros negros pequeños distribuidos por el universo. El problema siempre fue el origen. ¿Cómo formar tantos agujeros negros tan pronto después del Big Bang? El nuevo modelo ofrece una respuesta radical: no haría falta crearlos dentro de nuestro universo. Ya habrían llegado con él.

El universo actual podría haber nacido ya “contaminado” por restos anteriores

Aquí es donde el estudio se vuelve realmente extraño. Según Gaztanaga, el universo en colapso terminaría cruzando su propio horizonte gravitacional y quedaría atrapado dentro de algo parecido a un gigantesco agujero negro cósmico.

Tras el rebote, la expansión no regresaría al estado inicial, sino que evolucionaría dentro de ese horizonte hacia un universo como el nuestro, dominado eventualmente por expansión acelerada y muerte térmica. Y eso encaja, al menos parcialmente, con algo que ya observamos hoy: el universo se expande cada vez más rápido.

La idea sugiere que ciertas características cosmológicas actuales podrían ser consecuencia natural de haber nacido dentro de los restos gravitacionales de otro cosmos. No sería un universo completamente “nuevo”. Sería un remanente transformado.

El modelo también podría explicar estructuras imposibles del universo temprano

Otro aspecto interesante es que estos agujeros negros heredados podrían haber actuado como semillas gravitacionales gigantescas durante los primeros momentos del cosmos. Eso ayudaría a entender por qué algunas estructuras enormes aparecieron tan rápido después del Big Bang, algo que sigue resultando difícil de explicar con modelos cosmológicos convencionales. Y ahí aparece una sensación extraña que atraviesa buena parte de la física moderna.

Cuanto más intentamos comprender el universo, más descubrimos que las fronteras entre “principio”, “final” y “origen” empiezan a difuminarse. Porque si esta idea fuese correcta, la materia oscura no sería simplemente una sustancia invisible esperando ser detectada. Sería algo mucho más perturbador: evidencia física de que nuestro universo no fue el primero. Y de que quizá todavía arrastra cicatrices gravitacionales de un cosmos anterior desaparecido hace muchísimo más tiempo del que podemos imaginar.

Compartir esta historia

Artículos relacionados