Saltar al contenido
Ciencia

La NASA apunta al cráter más grande de la Luna: descubren cómo se formó la Cuenca del Polo Sur-Aitken

El hallazgo cambia lo que se creía sobre el impacto que la originó y redefine la misión Artemis III, prevista para 2027.
Por

Tiempo de lectura 4 minutos

Comentarios (0)

Un impacto que reescribe la historia lunar

La Cuenca del Polo Sur-Aitken (SPA), un colosal cráter de 2.500 kilómetros de diámetro en la cara oculta de la Luna, acaba de revelar un nuevo secreto. Un estudio publicado en Nature por Jeffrey Andrews-Hanna, de la Universidad de Arizona, demuestra que el asteroide que la formó impactó desde el norte y no desde el sur, como se pensaba hasta ahora.

Este cambio de perspectiva no es un simple ajuste técnico: redefine la comprensión del lado oculto lunar, su composición interna y las razones por las que es tan diferente de la cara visible. Además, el hallazgo coincide con los preparativos de la misión Artemis III de la NASA, que alunizará precisamente en el borde sur de la cuenca en 2027 para recolectar muestras geológicas.

“Las misiones Artemis aterrizarán en el mejor lugar posible para estudiar el interior lunar: el borde donde se concentran los materiales más antiguos expulsados por el impacto”, explicó Andrews-Hanna.


El origen de la mayor cuenca de impacto

Hace unos 4.300 millones de años, cuando el Sistema Solar aún era joven, un asteroide gigante se estrelló contra la Luna, excavando la SPA a una profundidad de hasta 8 kilómetros.
Durante décadas se creyó que el golpe vino desde el sur, pero los nuevos modelos geomorfológicos muestran una estructura asimétrica similar a las cuencas Hellas (en Marte) y Sputnik (en Plutón), donde la “punta” del cráter señala la dirección del impacto.

Los datos de la sonda Lunar Prospector, que orbitó la Luna en los años 90, confirmaron además una alta concentración de torio, un elemento radiactivo del material KREEP (potasio, tierras raras y fósforo), en el borde suroeste. Esa huella isotópica coincide con un impacto proveniente del norte.


Por qué este descubrimiento es clave para Artemis

El cambio de interpretación tiene una consecuencia directa: la región donde la NASA planea aterrizar coincide con la zona de máxima eyección del impacto original, lo que la convierte en un laboratorio natural para investigar el interior lunar.

En esa área podrían hallarse fragmentos del manto lunar expulsados durante el choque, que ofrecerían respuestas sobre el enfriamiento del antiguo océano de magma y la distribución desigual de los elementos radiactivos.

Los científicos creen que este desequilibrio fue el que provocó que la cara visible desarrollara mares volcánicos oscuros, mientras que el lado oculto conservó una corteza más gruesa y brillante.
“Es posible que el océano de magma se desplazara hacia el lado visible, concentrando allí los elementos KREEP, igual que el jarabe de una bebida que se acumula cuando el hielo comienza a solidificarse”, ilustró Andrews-Hanna.


Lo que esperan encontrar los astronautas

Si Artemis III logra recolectar rocas del borde sur de la cuenca, los geólogos podrán datar con precisión los primeros millones de años de la Luna. Estas muestras revelarían cómo se enfrió su interior, cómo se separaron sus capas y cómo influyó en la evolución temprana de la Tierra.

Los análisis previos, realizados por las sondas Chang’e 6 de China y LRO de la NASA, ya sugieren la presencia de materiales ricos en torio y uranio, pero se necesita confirmación directa. Las muestras serán compartidas con laboratorios de todo el mundo y podrían resolver uno de los mayores enigmas de la geología planetaria: por qué la Luna tiene dos caras tan distintas.


Una nueva carrera científica hacia la cara oculta

Mientras la NASA avanza con Artemis, China ya trajo a la Tierra en 2024 las primeras rocas del lado oculto. Sin embargo, los científicos estadounidenses aún no pudieron acceder a ellas por restricciones políticas.
La misión Artemis III, dependiente del éxito de Artemis II en 2026, podría ser el primer esfuerzo tripulado en una zona aún virgen, donde los instrumentos medirán in situ la radiactividad, la composición mineral y la estructura térmica del subsuelo.

Más allá de los retrasos presupuestarios, el entusiasmo científico es enorme. “Tendremos muestras con contexto geológico preciso, no solo fragmentos recogidos al azar”, destacó Andrews-Hanna. “Eso cambiará todo lo que creemos saber sobre la formación lunar.”


El impacto que aún resuena

La nueva interpretación del impacto que dio origen a la Cuenca del Polo Sur-Aitken no solo corrige un detalle histórico: redefine las prioridades científicas de la exploración lunar.
En 2027, cuando los astronautas de Artemis pisen el borde sur del mayor cráter de la Luna, estarán entrando literalmente en una cápsula del tiempo de 4.000 millones de años, el registro intacto de cómo comenzó la historia de nuestro satélite… y, quizás, la de la Tierra misma.

Fuente: Infobae.

Compartir esta historia

Artículos relacionados