En 1327 la reina Elisenda de Aragón fundó el Real Monasterio de Santa María de Pedralbes, que luego fue el lugar de su último descanso. Para celebrar el 700mo aniversario del monasterio unos arqueólogos se embarcaron en una excavación formal de la tumba. Pero lo que encontraron no fue lo que esperaban. En absoluto.
De hecho, la tumba contiene restos esqueléticos que se condicen con lo que se sabe de Elisenda de Montcada. Los huesos de Elisenda estaban dentro de una caja medieval de madera adornada con seda y brillos metálicos, según declaraciones del Instituto de Cultura de Barcelona. Pero la sorpresa llegó al abrir otras siete tumbas, también en relación con el aniversario. Una tumba que se creía era del caballero aragonés Artau de Foces contenía los restos de tres bebés y dos mujeres jóvenes, y otra, atribuida a la sobrina de Elisenda, contenía los huesos de al menos nueve personas más.

“Es un salto cualitativo porque hasta ahora solo habíamos podido estudiar esto por la evidencia que nos ha llegado, como este edificio histórico, la tumba de la reina misma, o la heráldica”, le dijo a Catalan News Anna Castellano, curadora en jefe del monasterio.
Tarea de la reina
Según el instituto, Elisenda era una reina “profundamente religiosa” que se mudó a un pequeño palacio próximo al monasterio tras la muerte de su esposo Jaime II de Aragón. Un grupo de monjas católicas llamado Clarisas o Hermanas Pobres de Santa Clara estaba a cargo del monasterio pero Elisenda influía sobre la comunidad “en nombre de la que ella emitió cuatro ordenanzas y a quienes dejó la mayor parte de sus posesiones”, explican desde el Instituto.
Su tumba parece reflejar esta relación tan estrecha, ya que la evidencia arqueológica indica que la enterraron vestida con ropa austera “probablemente vinculada con un estilo de vida monástico”, según las declaraciones. Los análisis posteriores sugieren que Elisenda murió cuando tenía unos 70 años, probablemente debido a varias enfermedades óseas.
¿Se reutilizaron las tumbas?
Las excavaciones, que comenzaron a fines de 2024, también abrieron siete tumbas más. Lo notable fue que los investigadores no encontraron señal de que hubiera un hombre dentro de la tumba atribuida al caballero Artau de Foces. Mientras tanto, una tumba que se creía que pertenecía a Francesca Saportella, sobrina de Elisenda, contenía al menos a nueve personas, y ninguna de ellas era Francesca Saportella. Eran muertos de diferentes períodos, entre los que se contaban cuatro hombres con heridas de arma blanca y un torso momificado de una mujer embarazada.

“Fue una oportunidad para estudiar las características físicas de estas personas y también todo lo que rodeaba a los gestos funerarios y sistemas de sepultura de este tipo de comunidades”, le dijo a APD Josep Maria Vila, codirector del proyecto.
Continuará…
Se trata de revelaciones impactantes que darán inicio a más trabajos de investigación. El proyecto continuará, según lo pautado, hasta 2027 al menos. Además de los objetos hallados en las tumbas el equipo recogió más de 200 muestras arqueobotánicas y rastros de ADN de Elisenda y otras personas.

“Setecientos años después de la fundación del monasterio, siguen abiertas muchas preguntas. El desafío del año que tenemos por delante será transformar estos hallazgos iniciales en una lectura completa de la historia que nos permita entender mejor no solo quiénes eran estas personas sino cómo vivían, cómo murieron, y cómo se las recordaba”, concluye la declaración.