El universo está lleno de objetos que todavía desafían las clasificaciones tradicionales de la astronomía. Entre ellos se encuentran las enanas marrones, cuerpos celestes que comparten características con las estrellas y los planetas gigantes, pero que no encajan completamente en ninguna de estas categorías.
Ahora, el telescopio espacial SPHEREx de la NASA ha permitido estudiar con mayor detalle sus atmósferas, revelando una sorprendente diversidad química.
La investigación, publicada en The Astrophysical Journal, analizó 37 enanas marrones cercanas y detectó importantes diferencias en su composición atmosférica, incluso entre objetos que presentan temperaturas prácticamente idénticas.
Qué son las enanas marrones y por qué desconciertan a los científicos
Las enanas marrones se forman cuando grandes nubes de gas colapsan por efecto de la gravedad, un proceso similar al que origina las estrellas.
Sin embargo, no acumulan suficiente masa para mantener la fusión de hidrógeno de manera estable en sus núcleos, por lo que nunca llegan a convertirse en estrellas convencionales.
Con el paso del tiempo, estos objetos pierden energía y se enfrían progresivamente.
Algunos alcanzan temperaturas de miles de grados, mientras que otros pueden presentar condiciones térmicas comparables con las de los planetas gigantes más fríos.
Esta variedad convierte a las enanas marrones en laboratorios naturales para estudiar cómo evolucionan las atmósferas de objetos que no reciben una iluminación intensa de una estrella cercana.
LA ENANA MARRÓN MÁS… ENANA
El telescopio Webb ha identificado la enana marrón más pequeña descubierta a la fecha…
Y sigue retando teorías cosmológicas.
Las enanas marrones son la transición o línea divisoria aún difusa entre estrellas y planetas gigantes. pic.twitter.com/K6S3w7cKko
— Universo Recóndito (@UnvrsoRecondito) January 24, 2024
SPHEREx detectó agua, metano y otros compuestos en sus atmósferas
El telescopio SPHEREx, lanzado en marzo de 2025, está diseñado para estudiar el universo mediante observaciones en diferentes longitudes de onda, principalmente dentro del espectro infrarrojo.
A diferencia de una cámara convencional, puede dividir la luz recibida en 102 bandas espectrales, permitiendo identificar características que resultan invisibles para el ojo humano.Mediante esta tecnología, los investigadores analizaron enanas marrones con temperaturas comprendidas aproximadamente entre los 2.200 y los -20 grados Celsius.
Los resultados revelaron señales de vapor de agua, dióxido de carbono, monóxido de carbono y metano.
Cada molécula absorbe determinadas longitudes de onda, dejando una especie de huella química que los científicos pueden reconocer mediante el análisis de la luz.
El descubrimiento que desafía los modelos actuales
Uno de los hallazgos más interesantes fue comprobar que dos enanas marrones con temperaturas similares pueden presentar espectros considerablemente diferentes.
Esto significa que la temperatura no es suficiente para explicar todas las características de sus atmósferas.
Los investigadores observaron que los modelos científicos reproducen algunas tendencias generales relacionadas con la composición química, pero todavía presentan dificultades para describir correctamente la evolución de las nubes atmosféricas.
A medida que las enanas marrones se enfrían, sus nubes pueden cambiar de estructura y espesor, modificando la manera en que determinadas moléculas aparecen en sus espectros.
Estas diferencias sugieren que los procesos atmosféricos son más complejos de lo que indicaban algunas simulaciones anteriores.
Por qué este descubrimiento también ayudará a estudiar planetas gigantes
La importancia de estos resultados va más allá de las propias enanas marrones.
Sus atmósferas presentan características comparables con las de algunos planetas gigantes, por lo que comprender su química puede ayudar a mejorar los modelos utilizados para estudiar mundos fuera del sistema solar. Además, SPHEREx ya está recopilando observaciones de miles de enanas marrones, lo que permitirá ampliar considerablemente las investigaciones.
El objetivo será identificar patrones químicos, estudiar la evolución de sus nubes y comprender por qué objetos aparentemente semejantes pueden presentar condiciones tan diferentes.
El descubrimiento demuestra que incluso los cuerpos celestes más tenues y difíciles de observar pueden esconder una enorme complejidad atmosférica, y que todavía queda mucho por aprender sobre los mundos que habitan la frontera entre las estrellas y los planetas.