Durante décadas, la pregunta sobre la fusión nuclear fue si alguna vez lograríamos encenderla. Hoy hay otra igual de urgente y mucho menos comentada: qué material puede soportar, durante años, el bombardeo de neutrones que produce un reactor de fusión sin agrietarse, hincharse o volverse quebradizo. Nadie tiene la respuesta, porque en ningún lugar del planeta existe una máquina capaz de reproducir esas condiciones.
Eso está por cambiar en Escúzar, un pequeño municipio a 24 kilómetros de Granada, en el sur de España. Allí comenzaron las obras del edificio principal de IFMIF-DONES, un acelerador de partículas diseñado para someter a los futuros reactores de fusión a una prueba de resistencia antes de que existan. Es la mayor infraestructura científica jamás construida en territorio español.
Un sol en miniatura que destruye lo que toca

Los reactores de fusión buscan imitar lo que ocurre en el núcleo de las estrellas: fusionar isótopos de hidrógeno (deuterio y tritio) para liberar enormes cantidades de energía. El problema es que cada una de esas reacciones expulsa un neutrón con una energía de 14 megaelectronvoltios (MeV), muy superior a la de los neutrones que se generan en las centrales nucleares actuales, basadas en la fisión.
Esos neutrones atraviesan el plasma y chocan contra la llamada “primera pared” del reactor, la estructura que lo contiene. Cada impacto desplaza átomos de su posición en la red cristalina del metal y puede generar helio e hidrógeno en su interior. Con el tiempo, el material se deforma, pierde resistencia y se vuelve frágil. Saber cuánto tiempo aguanta cada aleación antes de fallar es imprescindible para diseñar una central que funcione de manera segura y rentable.
Cómo funciona IFMIF-DONES
El corazón de la instalación es un acelerador lineal de alta corriente que impulsa un haz de deuterones (núcleos de deuterio) hasta unos 40 MeV y lo hace impactar contra una cortina de litio líquido que fluye a gran velocidad. La reacción entre ambos produce un flujo intenso de neutrones con un espectro de energía muy similar al de un reactor de fusión real, algo que ninguna otra fuente de neutrones del mundo logra reproducir.
Detrás de esa cortina se colocan pequeñas muestras de los materiales candidatos. Tras meses o años de irradiación, los científicos pueden medir cómo cambian sus propiedades y, con esos datos, construir la base de información que necesitarán los ingenieros para diseñar las paredes de los reactores comerciales. El diseño del acelerador se apoya en LIPAc, un prototipo desarrollado en Japón en colaboración con Europa.
El objetivo, de acuerdo con el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades de España, es desarrollar y cualificar los materiales de la primera pared de los futuros reactores y generar una base de datos completa para la ingeniería de fusión. La instalación está pensada, en particular, para respaldar a DEMO, la central de demostración europea que debería suceder a ITER, el gran reactor experimental que se construye en el sur de Francia.
Las cifras de la obra

El proyecto ocupa una parcela de 100.000 metros cuadrados dentro de la Ciudad Industrial, Tecnológica y de Innovación (CITAI) de Escúzar. En enero de 2026 se adjudicó el contrato de construcción, por 174 millones de euros, a una unión temporal de empresas formada por Ferrovial, FCC y Añil Servicios. Los trabajos comenzaron con la preparación del terreno, y la estructura del edificio principal empezará a levantarse en unos dos meses. La meta es terminar la construcción a fines de 2029.
El costo total del programa ronda los 800 millones de euros. España aporta el 55% y Croacia, el 5%. En julio de 2025, la Comisión Europea aprobó una contribución de 202 millones de euros a través de la agencia Fusion for Energy (F4E), equivalente a cerca de una cuarta parte del total. Japón, Italia y Alemania también manifestaron interés en participar. Además, el Estado español y la Junta de Andalucía firmaron un convenio por 252,7 millones de euros para financiar la fase de operación entre 2028 y 2037.
La energía también es un desafío en sí mismo. Un haz de partículas de esta intensidad exige un suministro eléctrico de alta capacidad, por lo que el proyecto necesita una nueva subestación, la de Saleres, de 220 kilovoltios. El consorcio IFMIF-DONES España, que lidera la iniciativa, prevé contar con unas 100 personas en plantilla a fines de 2026; para sus primeros 34 puestos recibió cerca de 700 postulaciones.
Por qué importa fuera de Europa
La fusión se volvió en los últimos años un terreno de competencia global. Estados Unidos, China, Reino Unido y Japón aceleran sus programas públicos, mientras que decenas de empresas privadas prometen prototipos comerciales en la próxima década. Pero todos se topan con el mismo cuello de botella: sin datos sobre cómo envejecen los materiales bajo neutrones de 14 MeV, ninguna central podrá obtener licencias ni garantizar décadas de funcionamiento.
Por eso IFMIF-DONES es mucho más que una obra regional. Quien controle la única fuente de neutrones capaz de certificar materiales para fusión tendrá una posición privilegiada en la cadena de desarrollo de esta tecnología. Además, el acelerador tendrá aplicaciones en física nuclear, medicina e industria, lo que amplía su impacto más allá de la energía. Si el calendario se cumple, a partir de la próxima década buena parte de los reactores de fusión del mundo habrán pasado, de una forma u otra, por un laboratorio en Granada.