El desierto de Taklamakán, en el noroeste de China, es uno de los entornos más extremos de la Tierra. Sus dunas gigantescas, su clima implacable y su enorme extensión lo han convertido en un paisaje casi mítico dentro de la geografía asiática. Sin embargo, una reciente imagen captada por el satélite Landsat 9 ha revelado un detalle inesperado: una gigantesca figura con forma de “Y” grabada en medio de este océano de arena.
La fotografía fue difundida por el Earth Observatory de la NASA y muestra un patrón natural que solo se vuelve evidente desde la órbita. En la imagen se aprecia cómo dos elementos geográficos muy distintos —un río serpenteante y una cresta montañosa— se encuentran en el corazón del desierto y generan una estructura sorprendentemente clara.
Un río glaciar y una cresta rocosa dibujando una figura visible desde el espacio

Uno de los brazos de esta gigantesca “Y” corresponde al río Hotan, un curso de agua que atraviesa cerca de 290 kilómetros del desierto. A diferencia de otros ríos que desaparecen rápidamente en ambientes áridos, el Hotan se alimenta del deshielo de los glaciares de las montañas Kunlun, situadas al sur del Taklamakán. Esa fuente constante de agua permite que el río transporte sedimentos a lo largo del desierto, creando franjas verdes de vegetación que contrastan con las arenas circundantes.
El segundo brazo de la estructura está formado por Mazartagh, una cresta rocosa que se eleva aproximadamente 180 metros sobre el terreno y se extiende unos 145 kilómetros hacia el noroeste. Sus rocas ricas en hierro, mezcladas con areniscas claras, le han dado un nombre local bastante descriptivo: Hongbaishan, que puede traducirse como “montaña roja y blanca”.
Una barrera natural que reorganiza el movimiento de la arena

Más allá de su curiosa forma, la cresta de Mazartagh desempeña un papel importante en la dinámica del desierto. Los estudios citados por la NASA indican que actúa como una barrera natural frente a los vientos dominantes del noreste, bloqueando alrededor del 62% del flujo de arena que se desplaza por la región.
Ese simple obstáculo geológico tiene consecuencias visibles en el paisaje. Al norte de la cresta se acumulan enormes campos de dunas donde el viento deposita gran parte de los sedimentos que no logra superar la barrera rocosa. Al sur, en cambio, la menor cantidad de arena favorece la formación de dunas más largas y lineales, generando un contraste geomorfológico bastante claro.
La zona donde el río Hotan se encuentra con Mazartagh también tiene una dimensión histórica. En una colina cercana a ese punto se conservan los restos de Mazar Tagh, una fortificación del siglo VIII vinculada al Imperio tibetano que vigilaba rutas comerciales de la antigua Ruta de la Seda.
Desde el espacio, ese encuentro entre geografía, viento e historia se transforma en una figura inesperada: una gigantesca “Y” que recuerda que incluso en los lugares más inhóspitos del planeta, la Tierra sigue dibujando patrones capaces de sorprender cuando se observan desde la distancia adecuada.