El 20 de octubre de 2020, la NASA consiguió realizar una de las maniobras más importantes de la exploración espacial: recoger muestras directamente de la superficie del asteroide Bennu, un objeto de aproximadamente 500 metros de diámetro situado en una órbita cercana a la terrestre.
Seis años después, aquellas pequeñas rocas continúan revelando información extraordinaria sobre el pasado del Sistema Solar y los procesos químicos que pudieron contribuir al origen de la vida en nuestro planeta.
La misión OSIRIS-REx regresó a la Tierra el 24 de septiembre de 2023 con 121,6 gramos de material, más del doble de la cantidad mínima prevista.
Desde entonces, equipos científicos internacionales han estudiado su composición y descubierto sustancias que desempeñan funciones fundamentales en los organismos terrestres.

Un asteroide que conserva materiales de hace 4.500 millones de años
Bennu es un asteroide rico en carbono que se formó a partir de fragmentos de un cuerpo celeste mucho más grande, destruido por antiguas colisiones. Sus materiales conservan información sobre las primeras etapas de formación del Sistema Solar, cuando el Sol y los planetas todavía estaban desarrollándose.
Para obtenerlos, OSIRIS-REx utilizó un mecanismo de recolección que entró brevemente en contacto con la superficie e inyectó nitrógeno gaseoso para levantar polvo y pequeñas rocas.
Una ventaja fundamental de la misión es que las muestras fueron transportadas y almacenadas bajo condiciones controladas, reduciendo el riesgo de contaminación terrestre.

La NASA encontró componentes del ADN y ARN en Bennu
Uno de los hallazgos más importantes se anunció en enero de 2025, cuando los investigadores identificaron 14 de los 20 aminoácidos utilizados por los seres vivos para fabricar proteínas.
También encontraron las cinco bases nitrogenadas presentes en el ADN y el ARN: adenina, guanina, citosina, timina y uracilo. Estas moléculas participan en el almacenamiento y la transmisión de información genética.
Posteriormente, en diciembre de 2025, nuevos análisis detectaron ribosa, un azúcar esencial para la estructura del ARN, y glucosa, una importante fuente de energía para numerosos organismos.
Sin embargo, los investigadores aclararon que estos descubrimientos no constituyen evidencia de vida extraterrestre.
Su importancia radica en demostrar que varios ingredientes necesarios para la química de la vida podían formarse fuera de la Tierra.

Las rocas revelaron que existió agua en el pasado
Los científicos también identificaron minerales salinos que se forman cuando el agua líquida se evapora.
Esto indica que el cuerpo original del que procede Bennu experimentó procesos químicos relacionados con la presencia de agua hace miles de millones de años.
Además, las muestras contienen materiales orgánicos complejos y diminutos granos de polvo anteriores al nacimiento del Sol, algunos procedentes de antiguas explosiones estelares.
Estos hallazgos permiten reconstruir diferentes etapas de la historia cósmica que precedieron a la formación de nuestro planeta.

Los descubrimientos de 2026 aportan nuevas pistas
Las investigaciones continuaron durante 2026 con resultados relevantes.
En febrero, un estudio publicado en PNAS analizó los isótopos de los aminoácidos presentes en Bennu y los comparó con los del meteorito Murchison.
Las diferencias encontradas sugieren que estas moléculas pudieron originarse mediante distintos procesos químicos en el Sistema Solar primitivo.
En septiembre, investigadores de la Escuela Politécnica Federal de Zúrich propusieron que el cuerpo progenitor de Bennu se formó cerca de la región donde las temperaturas permitían la congelación del agua, mientras Júpiter todavía estaba creciendo.
Esta hipótesis apunta a una mezcla de materiales procedentes de distintas regiones del Sistema Solar.
Por qué estas muestras podrían ayudar a explicar el origen de la vida
Los descubrimientos de Bennu refuerzan la posibilidad de que algunos componentes químicos necesarios para la vida llegaran a la Tierra primitiva mediante asteroides y meteoritos.
Sin embargo, todavía no está claro cómo esas sustancias pudieron organizarse hasta formar sistemas biológicos.
La NASA conserva al menos el 70 % del material recuperado para futuras investigaciones, que podrán utilizar tecnologías más avanzadas.
Seis años después de aquella histórica recolección, Bennu sigue demostrando que unas pocas rocas espaciales pueden contener información fundamental sobre nuestros orígenes.