La reciente desaparición de La Niña ha dejado a los meteorólogos en alerta. Sin El Niño ni su contraparte activa, el mundo entra en una etapa incierta donde los patrones climáticos podrían volverse más difíciles de anticipar. ¿Qué podemos esperar ahora? En este artículo, exploramos cómo este cambio podría impactar el clima global en los meses por venir.
El ciclo de La Niña se interrumpe antes de lo esperado

El fenómeno de La Niña, que suele enfriar el océano Pacífico y alterar los patrones climáticos globales, tuvo un comportamiento atípico este año. Aunque la atmósfera ya mostraba señales desde el otoño boreal pasado, las temperaturas oceánicas más frías no se alinearon hasta finales de año, manteniéndose solo por un breve período.
Ahora, la situación es completamente diferente: ni La Niña ni El Niño están activos, y el planeta se encuentra en una etapa neutral. Según la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA), esta neutralidad climática podría extenderse al menos hasta inicios del otoño boreal.
Sin embargo, como explica la climatóloga Michelle L’Heureux, la influencia de La Niña no desaparece de inmediato. Sus efectos podrían persistir durante meses, aunque con menor intensidad y sin una trayectoria fácil de predecir.
¿Qué significa esta neutralidad para huracanes y temperaturas?

La temporada de huracanes en el Atlántico, que inicia en junio, suele verse claramente afectada por estos fenómenos. En años con La Niña, la actividad de huracanes tiende a aumentar, mientras que El Niño suele frenarla. Pero en este 2025, con condiciones neutras, la incertidumbre reina.
Los expertos advierten que esta fase neutra no ofrece pistas claras para prever la intensidad de los huracanes. Aun así, muchos meteorólogos creen que esta temporada será activa, debido a otros factores que también entran en juego.
Uno de los principales es la temperatura del océano, que continúa marcando récords históricos. En 2023 y 2024, los océanos estuvieron más cálidos que nunca, y eso podría repetir un patrón como el del año pasado, cuando se formaron 18 ciclones tropicales, de los cuales 11 fueron huracanes.
El calor extremo y la sequía no dan tregua

Además de los huracanes, la temperatura es otro punto clave a vigilar. Los pronósticos más recientes del Centro de Predicción Climática apuntan a un verano con temperaturas muy por encima del promedio en casi todo Estados Unidos, con excepción del noroeste del Pacífico y algunas regiones del norte.
Este panorama caluroso está relacionado con el cambio climático provocado por la actividad humana. La quema de combustibles fósiles ha llevado a una acumulación de calor sin precedentes en los océanos, los cuales almacenan alrededor del 90 % del exceso térmico del planeta.
El resultado es un círculo vicioso entre calor y sequía: cuanto más se seca el suelo, más se calienta el aire, y viceversa. Es un patrón que ya se vivió con severidad el verano pasado, y todo indica que podría repetirse en los próximos meses si no cambian las condiciones.
¿Qué esperar del clima sin La Niña ni El Niño?
Aunque la desaparición de La Niña representa el fin de un patrón climático específico, no significa el inicio de un clima estable. Por el contrario, esta fase neutra podría traer cambios sutiles pero importantes, con eventos extremos más difíciles de anticipar.
Desde huracanes potencialmente intensos hasta olas de calor prolongadas, el clima en los próximos meses podría sorprender. La clave estará en seguir de cerca la evolución de las temperaturas oceánicas y los efectos acumulativos del calentamiento global, que sigue marcando la pauta.