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Ciencia

La nueva carrera espacial trae más satélites y cohetes que nunca. La ciencia teme que el precio sea un nuevo agujero en la capa de ozono

Cada lanzamiento deja huella en la atmósfera. Lo que parecía un progreso imparable empieza a mostrar un reverso incómodo: contaminantes que permanecen cien veces más que los terrestres y que podrían retrasar la recuperación del escudo que protege a la Tierra de la radiación ultravioleta.
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El espacio nunca estuvo tan cerca y, al mismo tiempo, tan cargado de incertidumbres. La multiplicación de cohetes y satélites ha transformado el cielo nocturno y la economía espacial. Sin embargo, tras esa imagen de progreso late una pregunta incómoda: ¿estamos debilitando el mismo escudo que nos protege de la radiación ultravioleta?

El auge de una industria sin freno

El avance tecnológico que todos celebramos podría tener un coste oculto: la carrera espacial amenaza con debilitar la capa de ozono
© Unsplash – SpaceX.

En 2019 apenas se registraron 97 lanzamientos orbitales en todo el mundo. Para 2024 la cifra ya había ascendido a 258, y las proyecciones apuntan a un crecimiento todavía más acelerado en los próximos años. Empresas privadas y agencias públicas compiten por colocar constelaciones de satélites que prometen internet global, observación precisa y nuevas oportunidades económicas. Pero cada cohete liberado al cielo no desaparece: deja tras de sí gases y partículas que se acumulan en la atmósfera media y superior, donde los mecanismos naturales de limpieza no llegan.

Contaminantes que duran cien veces más

A diferencia de los contaminantes a nivel del suelo, los residuos generados por los lanzamientos y la reentrada de satélites pueden permanecer hasta cien veces más en la atmósfera. Este fenómeno amplifica su impacto: compuestos como el óxido de aluminio o el cloro se convierten en enemigos potenciales de la capa de ozono, retrasando su recuperación tras décadas de esfuerzo internacional con acuerdos como el Protocolo de Montreal.

La ciencia prende la alarma

El avance tecnológico que todos celebramos podría tener un coste oculto: la carrera espacial amenaza con debilitar la capa de ozono
© Unsplash – NASA Hubble Space Telescope.

Un equipo del ETH de Zúrich, junto con el Observatorio Meteorológico de Davos y la Universidad de Canterbury, ha modelado cómo podría evolucionar esta amenaza. Sus simulaciones apuntan a que, si el ritmo actual de lanzamientos se mantiene o aumenta, el retroceso de la capa de ozono podría reactivarse en las próximas décadas. “Las emisiones de cohetes y los contaminantes de reentrada amenazan con retrasar la recuperación del ozono, pero una acción coordinada y una propulsión más limpia podrían evitar daños a largo plazo”, resume el investigador Sandro Vattioni.

El dilema del progreso

La paradoja es evidente: lo que impulsa la modernidad y abre la puerta a la exploración espacial puede convertirse en una amenaza silenciosa para la vida en la Tierra. La carrera por dominar el espacio necesita ahora otra dimensión: la de diseñar tecnologías más limpias y estrategias globales que reduzcan su impacto. Porque la ciencia recuerda una verdad incómoda: conquistar el cielo no tiene sentido si, al hacerlo, debilitamos el escudo que nos mantiene con vida bajo él.

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