A más de 15 años del primer iPhone, la innovación en smartphones parece haberse estancado. Entre pantallas plegables costosas y diseños repetitivos, las marcas buscan nuevas formas de llamar la atención. La última apuesta: dispositivos ultradelgados. Pero, en medio de esta carrera por la delgadez extrema, muchos se preguntan si esta tendencia responde realmente a lo que los usuarios quieren o simplemente a una estrategia de marketing desesperada.
El regreso de la obsesión por lo delgado
Apple y Samsung planean lanzar antes de que termine el año modelos ultradelgados que han generado una ola de filtraciones y especulaciones. Samsung ya anunció su Galaxy S25 Edge, y según múltiples filtraciones confiables, Apple se sumará con el “iPhone 17 Air”, una versión más fina de su línea regular y Pro.
Ambos dispositivos apuntan a grosores inferiores a los 6 mm, más delgados que un puerto USB-C. El filtrador Evan Blass reveló que el S25 Edge medirá apenas 5,8 mm y pesará 165 gramos. El iPhone 17 Air, según fuentes como Mark Gurman (Bloomberg) y Ming-Chi Kuo, rondará entre los 5,5 y 6 mm. Incluso YouTubers como Sam Kohl han mostrado modelos de prueba en videos comparativos con el resto de la familia iPhone 17.
¿La reacción? Dividida. Para algunos, es un avance estético. Para otros, una innecesaria vuelta al pasado.
Take a look at the sides of the iPhone 17 dummy — the Air model is unbelievably thin. pic.twitter.com/ixadQHuxK5
— Sonny Dickson (@SonnyDickson) April 24, 2025
¿Qué se sacrifica para ganar delgadez?
Recordemos que en 2014, con el iPhone 6, ya vivimos la fiebre por los teléfonos finos. Pero también ocurrió el «bendgate»: dispositivos que se doblaban fácilmente. Desde entonces, el enfoque cambió. Más cámaras, pantallas más grandes, procesadores potentes… y sobre todo, baterías de mayor duración. Todo eso requiere espacio.
Hacer un teléfono más delgado implica recortar funciones. El Galaxy S25 Edge y el iPhone 17 Air, por ejemplo, solo tendrían una cámara trasera. Además, la batería sería más pequeña. Aunque los chips actuales consumen menos energía y los sensores de cámara pueden lograr más con menos lentes, hay límites físicos que la delgadez no perdona.
Al final del día, ambos modelos seguirán teniendo pantallas enormes de más de 6,6 pulgadas. Así que, incluso con menos grosor, seguirán siendo incómodos para los bolsillos… sobre todo los de los jeans ajustados.
¿Alguien realmente los quiere?
La fiebre inicial por estos modelos podría desatar entusiasmo en medios e influencers. Pero, pasada la emoción del lanzamiento, ¿quedará algo más que un diseño bonito?
Los precios filtrados hacen pensar que no serán precisamente accesibles. Se estima que el iPhone 17 Air costaría alrededor de 900 dólares, 100 menos que el modelo Pro, pero también podría superar a este en precio si Apple decide cambiar su estrategia. Por su parte, el Galaxy S25 Edge podría lanzarse por 1.200 dólares, según una filtración de la propia Samsung.
¿Pagar tanto solo para decir que tienes “el más delgado”? En plena incertidumbre económica y con aranceles comerciales afectando precios, parece una apuesta arriesgada. Además, ponerle una funda al iPhone delgado lo vuelve igual de grueso… y sin sus ventajas.
Hay formas mejores de innovar
Incluso si estos modelos superdelgados tienen éxito, muchos opinan que Apple y Samsung deberían enfocar su innovación en aspectos realmente útiles. ¿Por qué no traer pantallas antirreflejo como las que Samsung ya usa en sus Galaxy Ultra? Apple pensaba integrarlas en el iPhone 17 Pro… pero abandonó la idea.
¿Y si mejoraran las cámaras para competir con gigantes como Oppo y Xiaomi, cuyos modelos (Find X8 Ultra o Xiaomi 15 Ultra) superan ampliamente en calidad a los iPhones actuales? ¿O si ofrecieran carga rápida de verdad, capaz de llevar la batería de 0% a 100% en 10 minutos?
El mercado chino y asiático ha dejado claro que la innovación no pasa por lo más fino, sino por lo más funcional. Mientras tanto, Apple y Samsung parecen centrados en adelgazar a toda costa… aunque nadie lo haya pedido.