Enterrada bajo una pila de piedras en el noroeste de Escocia se halló una mujer, cuyo esqueleto tenía raspaduras en el interior del cráneo y los huesos afilados con una herramienta. Las inusuales cicatrices en el esqueleto podrían haber formado parte de un antiguo ritual funerario que buscaba honrar la muerte de un ser querido.
Los arqueólogos examinaron dos esqueletos humanos que se hallaron en una pila de piedras utilizada para marcar la sepultura, y hallaron evidencia de una tradición funeraria de la Edad de Hierro que se desconocía, y que quizá implicaba extraer el cerebro de la persona fallecida. En un nuevo trabajo de investigación que se publicó en Antiquity se brindan datos sobre las antiguas prácticas funerarias de la Gran Bretaña prehistórica, un vistazo a las prácticas culturales de la época.
El último descanso
El equipo que llevó a cabo este trabajo de investigación pasó años examinando restos parciales que se excavaron cerca del Loch Borralie, a pocos kilómetros de la costa del mar de Noruega. Mediante análisis isotópicos y de ADN los arqueólogos determinaron que los esqueletos pertenecían a una mujer adulta y a un varón joven.
Los análisis de ADN además revelaron que ambos eran parientes, probablemente primos segundos por el lado de sus madres. También, probablemente hubieran crecido en el sudeste del Loch Borralie, y se les sepultó entre los años 50 a.C y 70 d.C.
Cuando murió, la mujer tendría unos 30 años y los investigadores encontraron una fractura inusual en la base de su cráneo junto a marcas de incisiones efectuadas con una herramienta afilada. Esas marcas sugieren que se le extrajo el cerebro después de muerta, y que quizá eso se hizo para preservar el cráneo con el fin de tenerlo en exhibición, señalaron en el trabajo los investigadores.
Cuatro de los huesos de la mujer, los húmeros, el cúbito y el fémur también se habían afilado hasta terminar en punta y volvieron a colocarse de nuevo en su tumba en las posiciones anatómicas correspondientes. Los investigadores no están seguros de por qué sus restos se alteraron después de su muerte, pero tal vez haya sido parte de un ritual funerario de sus tiempos.
“Es muy difícil interpretar la motivación de la extensa manipulación de los restos esqueléticos del Individuo 1”, dijo Laura Castells Navarro, arqueóloga de la Universidad de York y autora principal del estudio, en declaraciones. “Sin embargo, el cuidado con que la ensamblaron correctamente y la depositaron en la sepultura posiblemente sugiera que merecía cierto nivel de reverencia y respeto de parte de su comunidad”.
Los huesos y el cráneo del segundo individuo enterrado, que tenía unos 15 años al momento de morir, no estaban alterados en forma alguna. “Aunque jamás sabremos en realidad cuál fue la motivación, el tratamiento del Individuo 1 indica un alto nivel de cuidado y atención de parte de la comunidad viva y una interacción continua entre los vivos y los muertos”, añadió Navarro.
Misterios de la Edad de Hierro
Con anterioridad a este descubrimiento los investigadores conocían muy poco acerca de las prácticas funerarias de la Bretaña prehistórica. Los restos de quienes vivieron en esa época rara vez sobreviven a las condiciones ambientales húmedas de la región.
Pero en el noroeste de Escocia el ambiente ayuda a que los huesos se preserven durante mucho tiempo. Además, la costumbre de construir túmulos de piedra también contribuye a salvaguardar los restos humanos. “Sabíamos que en el noroeste de Escocia, incluyendo las islas del norte y oeste, era habitual la circulación y deposición de restos humanos. Intentamos conocer quiénes eran estos individuos y de dónde venían, y si había alguna relación entre ellos y/o con otros individuos”, dijo Navarro.
El análisis de ADN reveló también que ambos compartían conexiones genéticas con otros restos hallados en sitios prehistóricos distantes en Escocia como las Islas Orcadas, lo que sugiere que estos grupos familiares se movían continuamente.
“Nuestras investigación muestra que las comunidades marítimas prehistóricas se movían periódicamente por la costa norte y las islas del norte de Escocia, tal vez en grupos reducidos. Ese movimiento permitía que las prácticas culturales y las tradiciones se difundieran y preservaran”, afirmó Navarro.