Imagen: SpaceX

Además de ese maniquí llamado Starman, el Tesla de Musk que se encuentra en el espacio también incluía una segunda y poco conocida carga. En este caso, un dispositivo muy pequeño diseñado para durar millones de años, incluso en ambientes tan extremos como el espacio. Un mensaje para la posteridad.

En realidad, la idea guarda muchas similitudes con el mítico Disco de oro que salió junto a las sondas Voyager a finales de los 70, un vinilo con todo tipo de contenidos (imágenes, música, saludos en diferentes idiomas… ) dirigido al espacio exterior y con la idea de que “alguien” pudiera encontrarlo.

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El objeto que se ha incluido en el coche de Musk es extremadamente pequeño y se llama Arch, un dispositivo de almacenamiento diseñado “para archivar datos a largo plazo”, es decir, que contenga bibliotecas de información codificadas, aunque con la salvedad de que en este caso están encapsuladas en un pequeño disco de cristal de cuarzo, no mucho más grande que una moneda.

Su creadores, Arch Mission Foundation, una organización sin fines de lucro con sede en California, han explicado que los discos podrían “preservar y diseminar el conocimiento de la humanidad a través del tiempo y el espacio, para el beneficio de las generaciones futuras”. En realidad, si no fuera por el tamaño se verían muy similares a un DVD “vitaminado”, con un potencial para el almacenamiento de datos que va más allá de cualquier disco óptico ordinario.

Los discos Arch. Arch Mission

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Detrás de su desarrollo se encuentra la figura del físico Peter Kazansky, de la Universidad de Southampton en el Reino Unido, y teóricamente cada Arch puede contener hasta 360 terabytes de datos, casi la misma cantidad que 7.000 discos Blu-Ray.

No sólo eso, posiblemente lo más impresionante de la tecnología es la propia “longevidad” del dispositivo. Los primeros dos discos, Arch 1.1 y Arch 1.2, son dos de los objetos de almacenamiento más duraderos jamás creados por el hombre, teóricamente estables hasta 14 mil millones de años gracias al “almacenamiento de datos 5D”, una tecnología capaz de escribir por nanoestructuración láser en vidrio de sílice de cuarzo.

El segundo de los Arch, el 1.2, es precisamente el que se encuentra en el interior del Tesla. Su contenido: nada menos que la Trilogía de la saga de la Fundación, el conjunto de novelas de ciencia ficción de Isaac Asimov que describen el desarrollo del Imperio Galáctico, un clásico de la literatura de género que a menudo se ha relacionado con el concepto de preservar el conocimiento y la cultura humana en un vasto e implacable Universo.

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Imagen: SpaceX

Sin embargo, la idea de Arch Mission Foundation va mucho más allá. Se planean lanzamientos posteriores para 2020 y 2030, con las bibliotecas Lunar y Mars destinadas a enviar copias de seguridad del conocimiento humano a la Luna y Marte. Además, este último disco se espera que pueda servir como ayuda para los colonos en el planeta rojo, ayudándolos a ‘sembrar’ un internet localizado en Marte.

¿Increíble? Pues queda la tercera fase. Según Arch Mission Foundation:

Al conectar finalmente las bibliotecas Arch y los contenidos de los dispositivos de almacenamiento a través de una red de lectura y escritura descentralizada que abarca el Sistema Solar, podemos comenzar a crecer y compartir una biblioteca descentralizada colectiva de todo lo que la humanidad aprende, en cada planeta en nuestro Sistema Solar, 0 más allá, mientras nos expandimos.

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Suena asombroso, e incluso todavía hoy, con un punto de fantasía si pensamos en la infraestructura. Claro que si hace cinco años nos dicen que un coche de Tesla iba a abrirse camino por el espacio a 12.000 km/h, probablemente tendríamos la misma cara que ahora. [ScienceAlert, Arch Mission]