Saltar al contenido
Ciencia

La psicología advierte sobre 6 gestos cotidianos que pueden hacer que le caigas mal a alguien sin darte cuenta

La forma de mirar, mover las manos o sentarse puede influir en cómo nos perciben los demás. La psicología identifica varios gestos cotidianos que conviene evitar.
Por

Tiempo de lectura 4 minutos

Comentarios (0)

A veces, una conversación parece desarrollarse con absoluta normalidad, pero algo no termina de funcionar. La otra persona responde con cierta distancia, pierde interés o simplemente no muestra demasiadas ganas de continuar hablando. Lo curioso es que el problema no siempre está en lo que decimos, sino en aquello que nuestro cuerpo comunica sin que lo advirtamos.

La psicología lleva años estudiando cómo el lenguaje corporal influye en nuestras relaciones. Una mirada esquiva, unos brazos cruzados o una postura demasiado rígida pueden modificar la impresión que causamos, incluso cuando nuestras palabras transmiten amabilidad y buenas intenciones.

Lo más interesante es que muchos de estos comportamientos son automáticos. Los repetimos diariamente sin preguntarnos cómo los interpretan quienes nos rodean. Y aunque ningún gesto determina por sí solo lo que alguien piensa o siente, prestar atención a estos detalles puede ayudarnos a mejorar nuestras interacciones.

La mirada puede acercarnos a alguien o generar una distancia inesperada

El contacto visual es uno de los elementos más importantes de la comunicación no verbal. Cuando hablamos con alguien, nuestros ojos acompañan las palabras y pueden transmitir atención, interés y disposición para escuchar.

Diseño Sin Título (41)
© fizkes – shutterstock

Sin embargo, evitar constantemente la mirada del interlocutor puede provocar una impresión diferente. Algunas personas podrían interpretar ese comportamiento como desinterés, incomodidad o falta de atención, aunque esas no sean nuestras verdaderas intenciones.

La clave está en encontrar un equilibrio. Mantener la mirada de manera natural, sin observar fijamente a la otra persona durante demasiado tiempo, suele favorecer una conversación más cómoda. De hecho, la psicología explica cómo el contacto visual puede influir en la percepción que tenemos de los demás.

No se trata de mirar permanentemente a los ojos, sino de demostrar que estamos presentes y prestando atención a lo que ocurre durante el intercambio.

Esconder las manos puede transmitir una impresión equivocada

Las manos desempeñan un papel importante cuando nos comunicamos. Aunque muchas veces nos concentramos únicamente en las expresiones faciales, nuestros movimientos también acompañan el mensaje que intentamos transmitir.

Uno de los hábitos que conviene revisar es mantener las manos escondidas dentro de los bolsillos durante una conversación. Según las interpretaciones habituales del lenguaje corporal, este gesto puede generar cierta desconfianza o transmitir una actitud poco abierta.

Por el contrario, mantener las manos visibles y utilizarlas naturalmente mientras hablamos puede contribuir a proyectar una imagen de mayor transparencia.

La importancia de estos movimientos también aparece en investigaciones sobre los gestos de otra persona, que muestran cómo determinados comportamientos corporales pueden influir en la conexión social.

El objetivo no es controlar cada movimiento, sino evitar que una postura habitual termine comunicando algo distinto de lo que queremos expresar.

Cruzar los brazos o las piernas puede parecer una barrera emocional

Sentarse con los brazos cruzados o mantener las piernas entrelazadas es algo completamente normal. Muchas personas adoptan estas posiciones simplemente porque les resultan cómodas, sin que exista una intención particular detrás.

Sin embargo, en determinadas situaciones sociales, estas posturas pueden interpretarse como señales de resistencia, rechazo o falta de disposición para interactuar.

Diseño Sin Título (42)
© Zoran Jesic

La percepción de una barrera física puede influir en la forma en que los demás reciben nuestro mensaje. Una postura más abierta, especialmente cuando conocemos a alguien por primera vez, puede facilitar una impresión de cercanía.

Esto no significa que cruzar los brazos revele necesariamente una emoción negativa. La interpretación depende del contexto, del comportamiento general y de la relación entre las personas.

De hecho, el rechazo al contacto físico también demuestra que la comodidad corporal y las preferencias personales pueden ser mucho más complejas de lo que parecen.

Mover demasiado las manos puede producir el efecto contrario al deseado

Gesticulamos constantemente cuando hablamos. Algunas personas utilizan las manos para explicar ideas, destacar información o acompañar sus emociones, mientras que otras prefieren movimientos mucho más discretos.

El problema puede aparecer cuando los gestos resultan exagerados o demasiado frecuentes. En determinadas circunstancias, estos movimientos pueden proyectar una imagen de prepotencia, nerviosismo o falta de control.

La recomendación consiste en utilizar las manos con moderación, procurando que los movimientos acompañen las palabras en lugar de distraer al interlocutor.

Algo parecido ocurre con nuestra manera de expresar desacuerdos. Una conversación puede cambiar considerablemente dependiendo de cómo transmitimos nuestras ideas y de la actitud que mostramos frente a los demás.

La comunicación efectiva no requiere eliminar la expresividad, sino encontrar una forma natural de transmitir el mensaje sin que los movimientos terminen acaparando toda la atención.

La postura y los pequeños hábitos que pueden arruinar una buena impresión

Hay otros comportamientos que, aunque parecen insignificantes, también pueden influir en nuestras relaciones sociales.

Uno de ellos es mantener una postura encorvada. En determinadas situaciones, esta posición puede interpretarse como falta de energía, inseguridad o escaso interés por lo que está ocurriendo. Mantenerse erguido, sin adoptar una rigidez artificial, puede ayudar a proyectar una imagen de mayor seguridad y compromiso.

También conviene prestar atención a ciertos hábitos repetitivos, como morderse las uñas o los labios durante una conversación. Estos movimientos pueden asociarse con nerviosismo o incomodidad.

A ellos se suman dos comportamientos especialmente habituales: consultar constantemente el teléfono y mirar repetidamente el reloj mientras alguien está hablando. Ambos pueden transmitir aburrimiento, impaciencia o falta de consideración hacia el interlocutor.

En este sentido, las señales emocionales del cuerpo recuerdan que nuestra comunicación va mucho más allá de las palabras.

Diseño Sin Título (43)
© Antonio Guillem – shutterstock

La conclusión es sencilla: no necesitamos transformar nuestra personalidad para causar una buena impresión. En muchas ocasiones, basta con prestar atención a esos pequeños gestos cotidianos que pueden influir en cómo nos perciben los demás.

Compartir esta historia

Artículos relacionados