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Ciencia

Mansa Musa repartió tanto oro en El Cairo que, según la leyenda, hundió su precio durante 12 años. Los registros de la época cuentan otra historia

El viaje del rey de Malí a La Meca en 1324 es una de las grandes anécdotas de la economía. Los tipos de cambio de entonces permiten ponerla a prueba
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En 1324, una caravana descomunal cruzó el Sahara rumbo a La Meca. La encabezaba Mansa Musa, gobernante del Imperio de Malí, que se extendía por buena parte de África occidental. Las crónicas hablan de decenas de miles de acompañantes, miles de sirvientes y camellos cargados de oro. Al pasar por El Cairo, el rey gastó y regaló tanto metal precioso que, según se repite desde hace siglos, provocó que el oro perdiera valor en Egipto durante más de una década.

La anécdota aparece en libros de texto, documentales y listas de las personas más ricas de la historia. Es uno de los ejemplos más citados de cómo una inyección repentina de dinero puede alterar una economía. Pero cuando los historiadores revisaron los datos económicos de la época, encontraron que la historia real es más modesta.

De dónde salía tanto oro

Craton
© Por USGS – https://earthquake.usgs.gov/data/crust/maps.php archived version: https://web.archive.org/web/20150203073142/https://earthquake.usgs.gov/data/crust/maps.php, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=306268

La riqueza de Malí tenía una base geológica. Gran parte de África occidental se asienta sobre el cratón de África Occidental, uno de los bloques de corteza más antiguos del planeta. Hace más de 2.000 millones de años, la actividad tectónica empujó fluidos calientes cargados de oro a través de fracturas en las rocas, donde el metal se depositó. Con el tiempo, la erosión liberó parte de ese oro, que terminó acumulado en los lechos de los ríos.

En la Edad Media, los grandes yacimientos de la región estaban en Bambuk, en la cuenca alta del río Senegal, y en Buré. Según un ensayo del Museo Metropolitano de Arte de Nueva York, la producción movilizaba a cientos de miles de personas, y la ubicación exacta de algunas minas se mantenía en secreto ante los comerciantes extranjeros. Ese oro viajaba hacia el norte por las rutas transaharianas, a través de ciudades como Tombuctú y Gao, y se intercambiaba por sal, textiles y otros productos del Mediterráneo.

Malí no necesitaba acuñar moneda para ser rico. Su poder estaba en controlar el territorio, los recursos y las rutas comerciales por donde pasaba buena parte del oro que llegaba al mundo mediterráneo.

El origen de la leyenda

Casi todo lo que se sabe del paso de Musa por El Cairo proviene del cronista Shihab al-Din al-Umari, que escribió años después a partir de los testimonios de personas que habían presenciado la visita. Según al-Umari, los habitantes de la ciudad obtuvieron beneficios incalculables del rey y su séquito, y el oro perdió valor frente a la plata durante unos 12 años.

El relato tiene todos los ingredientes para volverse viral siglos antes de internet. También tiene un final menos conocido: según algunas crónicas, al emprender el regreso, la comitiva se había quedado sin fondos y tuvo que pedir dinero prestado a comerciantes de la ciudad.

Lo que dicen los tipos de cambio

En 2006, el historiador Warren C. Schultz decidió poner a prueba la anécdota con datos. En el Egipto de los mamelucos circulaban dos monedas principales: el dinar de oro y el dirham de plata. Si el oro de Musa realmente había inundado el mercado, el dinar debería haber perdido valor frente al dirham de forma sostenida.

Schultz reunió los tipos de cambio registrados en la primera mitad del siglo XIV y encontró algo distinto. La relación más habitual era de unos 20 dirhams por dinar. Después de 1324 hubo una caída, pero el tipo de cambio volvió a esos niveles con relativa rapidez. Además, al-Umari es la única fuente de la época que menciona una devaluación de 12 años. Otros cronistas del periodo registran la caída, pero no su duración.

Su conclusión fue que el oro de Musa provocó una de las muchas fluctuaciones de corto plazo de esa época, y no un colapso prolongado de la economía egipcia. Es decir, el efecto existió, pero la versión popular lo exageró.

El problema de la fortuna imposible

Mansa Musa Riqueza
© Por attributed to Abraham Cresques – Este archivo procede de la biblioteca digital Gallica, y está disponible en línea con el identificador ARK btv1b55002481n, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=107077167

Algo parecido ocurre con las cifras sobre su riqueza. En internet circula la idea de que Mansa Musa tenía una fortuna equivalente a 400.000 millones de dólares, lo que lo convertiría en la persona más rica de la historia. Esa cifra se popularizó en 2012 a partir de una clasificación moderna, sin una metodología histórica verificable. Comparar el patrimonio de un monarca medieval, que controlaba territorios y minas, con el de un multimillonario actual es casi imposible.

Lo que sí está documentado es la impresión que causó. En 1375, el Atlas Catalán, un mapa elaborado en Mallorca y atribuido a Cresques Abraham, lo representó sentado en un trono con una corona y una gran pieza de oro en la mano. Medio siglo después de su viaje, Europa seguía asociando su nombre con una riqueza fabulosa.

El legado que quedó en Tombuctú

Más allá del oro, el viaje tuvo efectos duraderos. A su regreso, Musa impulsó la construcción de mezquitas y centros de estudio. La mezquita de Djinguereber, en Tombuctú, se asocia con su reinado y con el crecimiento de la ciudad en el siglo XIV. Con el tiempo, Tombuctú se convirtió en uno de los grandes centros intelectuales del mundo islámico, y hoy su conjunto histórico es Patrimonio de la Humanidad.

En un momento en que el oro vuelve a estar en máximos históricos, la historia de Mansa Musa sigue funcionando como una lección de economía. Pero también como una advertencia: incluso las anécdotas más repetidas merecen ser verificadas con datos.

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