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Los hábitos diarios de Tomiko Itooka, la mujer más longeva del mundo que vivió 116 años: sus consejos a las nuevas generaciones

Una mujer japonesa alcanzó los 116 años y sorprendió al mundo por su extraordinaria longevidad. Su alimentación, actividad física y estilo de vida revelan hábitos tan sencillos como inesperados.
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Vivir más de 100 años es algo que muy pocas personas consiguen. Superar los 110 resulta todavía más extraordinario, pero llegar a los 116 y convertirse en la persona más longeva del planeta es una hazaña que inevitablemente despierta una pregunta: ¿qué hizo diferente durante su vida?

La historia de Tomiko Itooka, una mujer japonesa nacida en 1908, llamó la atención del mundo precisamente por eso. Lejos de las dietas sofisticadas, los tratamientos costosos o las rutinas imposibles, su vida estuvo marcada por costumbres sorprendentemente sencillas, una notable actividad física y una capacidad de adaptación que mantuvo durante décadas.

En 2024, Guinness World Records la reconoció oficialmente como la persona viva de mayor edad del mundo. Sin embargo, más allá del récord, fueron sus hábitos cotidianos los que despertaron especial curiosidad. Algunos parecían tan comunes que difícilmente alguien los relacionaría con una vida tan excepcionalmente larga.

De Osaka al récord mundial: la extraordinaria historia de una mujer que nació en 1908

Tomiko Itooka nació el 23 de mayo de 1908 en Osaka, Japón, en una época en la que el mundo era radicalmente diferente. Durante su infancia, los automóviles todavía eran una novedad en muchas ciudades, la aviación apenas comenzaba a desarrollarse y faltaban décadas para que numerosos avances médicos transformaran la esperanza de vida.

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© Aron Visuals – shutterstock

Desde joven mostró interés por la actividad física. Durante sus años escolares formó parte de un equipo de voleibol, una experiencia que reflejaba su entusiasmo por mantenerse activa y participar en actividades deportivas.

Su vida también estuvo atravesada por acontecimientos históricos difíciles. Durante la Segunda Guerra Mundial, cuando su esposo fue llamado al frente, asumió la responsabilidad de dirigir una fábrica textil. Aquella etapa puso a prueba su capacidad para adaptarse a circunstancias complejas y afrontar nuevas responsabilidades.

Con el paso de las décadas, Itooka continuó acumulando experiencias hasta alcanzar una edad que muy pocas personas consiguen superar.

En 2018 celebró su cumpleaños número 110 y pasó a formar parte del reducido grupo de los supercentenarios, personas que alcanzan o superan esa edad.

Después del fallecimiento de María Branyas Morera en agosto de 2024, fue reconocida como la persona viva más longeva del mundo. Su historia adquirió una relevancia especial en un país donde la población centenaria de Japón continúa despertando interés internacional.

Una banana y una bebida japonesa: los alimentos que formaban parte de su rutina

Entre los detalles más llamativos de la vida de Tomiko Itooka aparece su alimentación. En lugar de seguir una dieta especialmente elaborada, mantenía algunas preferencias alimenticias que resultaban sorprendentemente simples.

Uno de sus alimentos habituales era la banana, una fruta que consumía con frecuencia y que destaca por su contenido de potasio, fibra y otros nutrientes importantes para el funcionamiento del organismo.

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© Youtube – Kio

También disfrutaba del Calpis, una bebida japonesa fermentada, de sabor ligeramente ácido y dulce, que forma parte de la cultura alimentaria del país desde hace generaciones.

La combinación resulta curiosa porque ninguno de estos productos suele presentarse como un secreto extraordinario para vivir más de un siglo. Sin embargo, ambos formaban parte de sus costumbres cotidianas.

Aunque las bananas aportan nutrientes beneficiosos y las bebidas fermentadas pueden contener componentes relacionados con la salud digestiva, no existen pruebas de que estos alimentos expliquen por sí solos la longevidad de Itooka.

Su caso, en cambio, invita a observar la importancia de mantener hábitos alimentarios a lo largo de los años, una cuestión que también aparece cuando se estudian los países más longevos del mundo.

Comenzó a practicar alpinismo después de los 60 años y siguió activa hasta una edad sorprendente

La alimentación no fue el único aspecto destacable de su estilo de vida. Itooka también mantuvo una relación muy especial con el ejercicio físico, incluso cuando muchas personas de su generación comenzaban a reducir sus actividades.

Durante su séptima década de vida se interesó por el alpinismo, una disciplina que requiere resistencia, coordinación y determinación. Entre sus experiencias más recordadas figura la ascensión al monte Ontake, una de las montañas más conocidas de Japón.

Pero su entusiasmo por mantenerse en movimiento no terminó allí.

A los 80 años participó en la peregrinación de los 33 Kannon de Osaka, una tradición religiosa japonesa que implica visitar distintos templos y recorrer numerosos trayectos.

Y cuando alcanzó los 100 años todavía era capaz de subir los escalones del santuario Ashiya sin utilizar bastón, una muestra extraordinaria de autonomía física para alguien de su edad.

Su historia refleja hasta qué punto el movimiento formó parte de su vida durante décadas. Actualmente, la importancia de caminar diariamente continúa siendo objeto de investigaciones sobre salud y envejecimiento.

La fortaleza emocional y la capacidad de adaptación también marcaron su vida

Más allá de la alimentación y el ejercicio, la biografía de Tomiko Itooka estuvo caracterizada por su capacidad para atravesar períodos históricos complicados sin abandonar una vida activa.

Haber nacido a comienzos del siglo XX significó presenciar dos guerras mundiales, profundas transformaciones económicas y cambios tecnológicos que modificaron prácticamente todos los aspectos de la sociedad.

En su caso, además, debió asumir responsabilidades familiares y laborales importantes durante momentos de incertidumbre.

Esa trayectoria permite comprender por qué su historia suele asociarse con la resiliencia, entendida como la capacidad de afrontar dificultades y adaptarse a situaciones adversas.

No obstante, sería incorrecto atribuir su longevidad exclusivamente a su fortaleza emocional. Vivir más de 110 años depende de numerosos factores, algunos relacionados con el estilo de vida y otros que todavía no se comprenden completamente.

De hecho, las investigaciones sobre supercentenarios continúan explorando la relación entre genética, entorno y hábitos cotidianos.

Lo que la vida de Tomiko Itooka puede enseñarnos sobre llegar a los 100 años

La historia de esta mujer japonesa no ofrece una fórmula garantizada para alcanzar una edad extraordinaria. Sin embargo, permite observar varios elementos que estuvieron presentes durante buena parte de su existencia.

La actividad física, las costumbres alimentarias sencillas y la disposición para mantenerse activa incluso después de cumplir 80 o 100 años fueron características destacadas de su trayectoria.

Su experiencia también recuerda que la longevidad no siempre está vinculada con rutinas complejas o soluciones extraordinarias. A veces, los hábitos más comunes pueden acompañar a una persona durante toda su vida.

Eso no significa que comer bananas, beber Calpis o practicar alpinismo permita alcanzar los 116 años. La duración de la vida humana responde a una combinación mucho más amplia de circunstancias.

Precisamente por eso, el estudio de la longevidad sigue despertando tantas preguntas entre los investigadores.

Tomiko Itooka falleció el 29 de diciembre de 2024, a los 116 años. Su extraordinaria historia dejó una imagen difícil de olvidar: la de una mujer que atravesó más de un siglo de transformaciones y mantuvo durante décadas hábitos tan sencillos como sorprendentes.

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