En medio del desierto de Karakum, en Turkmenistán, existe un cráter de unos 70 metros de diámetro que lleva décadas expulsando gas y permaneciendo parcialmente cubierto por llamas. Es conocido popularmente como la “Puerta del Infierno” y durante años su origen estuvo asociado a una historia repetida casi como una leyenda.
Según esa versión, en 1971 un equipo de geólogos soviéticos perforaba la zona en busca de gas natural cuando el terreno colapsó. Para impedir que el metano y otros gases se dispersaran por el entorno, los ingenieros habrían incendiado el pozo esperando que el combustible se consumiera en cuestión de semanas.
El problema es que las llamas nunca desaparecieron. Y ahora la ciencia cuestiona incluso la fecha en la que supuestamente comenzó todo.
Las imágenes satelitales cambian la historia del cráter
Investigadores utilizaron archivos de observación terrestre para reconstruir la evolución térmica del cráter de Darvaza.
El análisis no encontró ninguna anomalía térmica compatible con un incendio antes de 1987. La última imagen disponible en la que el cráter aparece sin señales de combustión corresponde al 20 de septiembre de ese año.
En cambio, el 27 de enero de 1988 ya puede identificarse claramente una señal térmica asociada al fuego. Esto sitúa el posible encendido entre finales de 1987 y principios de 1988, aproximadamente 16 años después de la fecha tradicional de 1971.

El resultado no aclara necesariamente quién prendió el gas ni en qué circunstancias exactas ocurrió, pero sí debilita considerablemente una de las historias más repetidas sobre el origen de la “Puerta del Infierno”.
El problema no son solo las llamas visibles
El interés científico por Darvaza va mucho más allá de resolver una curiosidad histórica.
El cráter es también una fuente importante de emisiones de metano, uno de los gases de efecto invernadero más potentes a corto plazo. Las observaciones han identificado más de 40 plumas de metano procedentes de la zona, con tasas estimadas de entre 1.000 y 3.000 kilogramos por hora en determinados momentos.
Entre 2020 y 2025, las emisiones acumuladas habrían alcanzado aproximadamente 71 kilotoneladas de metano.
El dato resulta especialmente relevante porque Turkmenistán se encuentra entre los países con mayor intensidad de emisiones de metano asociadas a la industria del petróleo y el gas.
Apagar el fuego no garantiza detener las emisiones
En 2022, el gobierno de Turkmenistán ordenó buscar una solución para controlar el cráter y reducir el desperdicio de gas.
Desde entonces se han perforado pozos cercanos destinados a disminuir el flujo que alimenta el incendio, y las llamas visibles han perdido intensidad en comparación con años anteriores. Sin embargo, los investigadores advierten que una reducción del fuego no implica necesariamente una reducción equivalente de las emisiones. El metano puede seguir escapando a la atmósfera incluso si una parte menor se está quemando.
Ese detalle convierte al cráter en algo más que una atracción turística o una rareza geológica. También es un laboratorio natural para estudiar cómo detectar y cuantificar grandes emisiones desde el espacio.
La historia de Darvaza demuestra además que incluso acontecimientos relativamente recientes pueden quedar envueltos en relatos difíciles de comprobar. Durante décadas se repitió que el fuego comenzó en 1971. Las imágenes satelitales cuentan ahora una historia diferente: la “Puerta del Infierno” podría llevar ardiendo alrededor de cuatro décadas, y no más de medio siglo como se creyó durante años.