En 2021 comenzaron a llegar a Asturias varios ejemplares de pigargo europeo (Haliaeetus albicilla) procedentes de Noruega. El objetivo era recuperar una especie incluida desde 2018 en el listado español de animales extinguidos en el medio natural. Cinco años después, el programa ha conseguido algunos de sus objetivos más visibles: de los 25 ejemplares liberados, 17 continúan vivos, varios han formado parejas y ya se han registrado nacimientos en libertad.
El problema es que el éxito reproductivo no resuelve la cuestión que acompaña al proyecto desde el principio: ¿existió realmente una población estable de pigargos en España que justificara hablar de reintroducción?
Una de las águilas más grandes de Europa vuelve al norte de España
El pigargo europeo es una de las rapaces de mayor tamaño del continente. Se alimenta principalmente de peces, aves acuáticas, carroña y pequeños o medianos mamíferos, aunque su dieta cambia según los recursos disponibles.
Su inclusión en el listado español de especies extinguidas permitió aplicar la legislación destinada a recuperar fauna desaparecida del territorio. Con ese marco, Asturias, Cantabria, el Ministerio para la Transición Ecológica y GREFA participaron en un programa que comenzó con nueve ejemplares liberados en 2021 y posteriormente amplió el número hasta 25.
Desde entonces, algunos individuos se han dispersado por otras regiones y varios han logrado reproducirse. Para los responsables del proyecto, esto demuestra que el hábitat puede sostener una población estable.

La gran discusión es si realmente había desaparecido de España
Las críticas no se centran únicamente en cómo se está desarrollando el programa, sino en su punto de partida.
La Coordinadora Ecoloxista d’Asturies sostiene que las evidencias históricas sobre una antigua población reproductora de pigargo en España son insuficientes y ha pedido que la especie sea retirada del listado de fauna extinguida.
Si nunca existió una población estable, el proyecto dejaría de ser una reintroducción en sentido estricto y se acercaría más a una introducción de una nueva especie en el ecosistema.
GREFA defiende la interpretación contraria y sostiene que existen indicios históricos suficientes, además de señalar que el pigargo puede cumplir funciones ecológicas como carroñero, depredador y bioindicador de zonas húmedas.
El salmón atlántico aparece en el centro del debate
La preocupación aumenta porque el pigargo es capaz de capturar peces de gran tamaño, incluido el salmón atlántico.
Las poblaciones de salmón de Asturias y Cantabria llevan años atravesando una situación delicada debido a factores como el calentamiento del agua, cambios hidrológicos, enfermedades, pérdida de hábitat y presión pesquera.
En otras regiones europeas se ha documentado que los pigargos pueden concentrarse alrededor de los cursos de agua para capturar salmones durante sus desplazamientos reproductivos.
Eso no convierte al águila en responsable del declive del salmón español, pero sus críticos consideran que incorporar un nuevo depredador podría añadir presión sobre poblaciones que ya están debilitadas.
Una especie abundante en Europa que genera preguntas en España
El pigargo europeo está catalogado globalmente como de preocupación menor y mantiene poblaciones estables o crecientes en buena parte de Europa, especialmente en Escandinavia y Rusia.
Para quienes cuestionan el proyecto, ese buen estado de conservación reduce la necesidad de invertir recursos en establecerlo en España. Sus defensores responden que la conservación no consiste únicamente en evitar extinciones globales, sino también en restaurar especies y funciones ecológicas perdidas regionalmente.
Cinco años después de las primeras liberaciones, el proyecto ha demostrado que los pigargos pueden sobrevivir y reproducirse en el norte de España. Lo que continúa abierto es una pregunta más difícil: si esa recuperación reconstruye realmente un ecosistema perdido o está creando uno nuevo.