Desde su regreso a la Casa Blanca, Trump ha dejado clara su postura: las regulaciones ambientales son un obstáculo para la economía. Ahora, su administración ha lanzado una purgación masiva dentro de la Agencia de Protección Ambiental (EPA), poniendo en la mira a expertos en contaminación del aire, residuos peligrosos y cambio climático.

De acuerdo con el New York Times, más de 1.100 empleados han recibido notificaciones informándoles que pueden ser despedidos en cualquier momento. Pero esto no es solo sobre despidos. Al mismo tiempo, la administración ha comenzado a borrar cualquier rastro de cambio climático de las páginas oficiales de la Casa Blanca, el Departamento de Defensa y otras agencias federales.
¿Casualidad? Difícil de creer.
¿Quiénes están en la mira?
Los despidos dentro de la Agencia de Protección Ambiental (EPA) han golpeado con especial dureza a dos de los comités científicos más influyentes: el Science Advisory Board (SAB), un grupo independiente encargado de evaluar la base científica de las regulaciones ambientales, y el Clean Air Scientific Advisory Committee (CASAC), responsable de analizar la calidad del aire y sus efectos en la salud pública.
Ambos comités fueron drásticamente reducidos en enero, y fuentes cercanas a la agencia afirman que el plan es reemplazar a estos expertos con figuras políticas alineadas con la agenda de Trump.
¿Por qué estos despidos son estratégicos?

Más que una simple reestructuración, este movimiento representa una toma de control total de la EPA. La eliminación de estos expertos significa que la administración podrá flexibilizar regulaciones ambientales sin resistencia científica, evadir la supervisión del Congreso al colocar funcionarios que no requieren confirmación del Senado y silenciar a los especialistas para limitar su influencia en la formulación de políticas.
Además, los primeros en ser despedidos han sido empleados en período de prueba, lo que los deja sin posibilidad de apelar, mientras que los segundos al mando en áreas clave han sido degradados para reducir su poder de decisión dentro de la agencia.
Oficinas clave en peligro

Cuatro oficinas fundamentales han sido reestructuradas, afectando directamente la capacidad de la EPA para regular el impacto ambiental. Entre ellas, la Oficina de Investigación y Desarrollo, que supervisa estudios científicos sobre contaminación; la Oficina de Cumplimiento y Regulación, encargada de hacer cumplir las leyes ambientales; la Oficina de Gestión de Tierras y Emergencias, responsable de la limpieza de desechos peligrosos y la respuesta a desastres ambientales; y la Oficina de Apoyo a la Misión, que maneja recursos humanos y contratos federales.
Estas modificaciones no solo afectan la estructura de la EPA, sino que redefinen su papel dentro del gobierno, transformándola en una entidad cada vez más controlada políticamente y menos enfocada en su misión científica y ambiental.
¿Un golpe maestro para desmantelar la regulación ambiental?

Críticos de la administración aseguran que este movimiento es una estrategia para desregular la industria petrolera y química.
El científico Michael Mann fue directo: «Le han entregado las llaves del auto a los contaminadores y plutócratas del petróleo.» David Uhlmann, exfuncionario de la EPA, también advirtió que esta purga es «otro ataque contra quienes han dedicado su vida a proteger la salud pública y el medio ambiente.»
¿Qué sigue?

Si la tendencia sigue su curso, Estados Unidos podría enfrentar un debilitamiento sin precedentes en la protección ambiental, con la apertura de tierras protegidas a la explotación comercial, una reducción drástica en los controles sobre la contaminación industrial y el desmantelamiento de políticas clave para combatir el cambio climático, lo que dejaría el camino libre para que las grandes corporaciones prioricen sus intereses económicos sobre la preservación del medio ambiente.
La pregunta no es si Trump quiere reescribir las reglas del juego ambiental. La verdadera cuestión es: ¿qué tan lejos está dispuesto a llegar para lograrlo?