El uso de internet sigue creciendo en todo el mundo, pero también lo hace una forma de violencia que se esconde detrás de pantallas, perfiles falsos y algoritmos. Millones de mujeres y niñas sufren cada año ataques que vulneran su privacidad, su seguridad e incluso su identidad. Comprender cómo funcionan estas agresiones y qué medidas pueden reducir el riesgo es clave para mantenerse a salvo en un entorno digital cada vez más hostil y complejo.
Un escenario global donde la violencia digital se multiplica
La violencia digital se ha convertido en uno de los abusos de mayor crecimiento en la última década, alejando especialmente a mujeres y niñas de espacios que deberían ser seguros y accesibles. Desde el acoso persistente hasta la publicación maliciosa de datos personales, las formas de hostigamiento se amplían a medida que las plataformas digitales evolucionan.
Según la Unión Internacional de Telecomunicaciones, casi seis mil millones de personas están conectadas a internet, pero la brecha de género persiste: este año, 280 millones más de hombres que de mujeres tuvieron acceso a la red.
Organismos como la ONU advierten que las mujeres, las niñas y las personas no conformes con su género no solo tienen mayor probabilidad de sufrir abuso digital, sino también de enfrentar consecuencias más profundas y duraderas. Estudios globales indican que hasta el 58% de ellas ha vivido algún tipo de violencia en línea.
El problema no es aislado ni puntual: es un fenómeno transversal que afecta la vida cotidiana, la salud psicológica y la seguridad personal, y que obliga a repensar cómo nos movemos en internet.
Cinco formas de violencia digital que se vuelven cada vez más frecuentes
1. Troleo
El troleo consiste en publicar mensajes provocadores u ofensivos con el fin de irritar, humillar o generar conflicto. De acuerdo con el Centro para la Lucha contra el Odio Digital, existen dos grandes tipos de troles: aquellos que buscan atacar a figuras públicas para amplificar el abuso y quienes actúan impulsados por el placer de causar daño.
Responder suele empeorar el ataque, ya que quienes trolean se alimentan de la reacción emocional de la víctima, generando ansiedad, baja autoestima y un clima psicológico hostil.
2. Doxing
El doxing implica difundir en internet información privada (como direcciones o datos personales) con claras intenciones de intimidar. Puede derivar en acoso, amenazas o incluso agresiones físicas.
Figuras públicas, como J.K. Rowling, han denunciado este tipo de ataques, que en algunos casos no han derivado en sanciones legales por la dificultad de demostración.
Plataformas como Facebook e Instagram prohíben desde 2022 compartir direcciones privadas ajenas, incluso si figuran en registros públicos, reforzando así la protección contra este tipo de violencia.
3. Deepfakes
Los deepfakes, creados mediante inteligencia artificial, pueden manipular rostros, cuerpos o voces de forma extremadamente verosímil. Aunque se usan en entretenimiento o investigación, también sirven para suplantar identidades o generar contenido íntimo sin consentimiento.
Encuestas recientes en Reino Unido muestran que una parte preocupante de la población no percibe la gravedad de compartir deepfakes sexuales, pese a que hacerlo constituye un delito. Legislaciones como la del Reino Unido, Australia o Irlanda incluyen sanciones contra estas prácticas.

Otras amenazas que acechan a jóvenes y adultos en la red
4. Grooming
Los menores son particularmente vulnerables al grooming, una forma de manipulación en la que un adulto establece un vínculo de confianza para abusar del niño o adolescente ya sea en línea o fuera de ella.
Las secuelas pueden incluir ansiedad, autolesiones, trastornos alimenticios, pensamientos suicidas e incluso el suicidio. La difusión de contenido dañino producido o compartido por terceros agrava aún más este tipo de violencia.
5. Ciberacoso
El ciberacoso se manifiesta a través de mensajes hostiles, intimidaciones o conductas humillantes en redes, juegos o plataformas de mensajería. Puede provenir tanto de personas conocidas como de usuarios anónimos.
Su impacto emocional y psicológico se intensifica cuando ocurre simultáneamente en la vida digital y en la vida real, creando un entorno asfixiante del que es difícil escapar.
Cómo reducir el riesgo y protegerse en un entorno hostil
La ONU propone una serie de medidas para minimizar la exposición al abuso digital. Entre ellas, pensar dos veces antes de publicar contenido, limitar la información personal visible, advertir a amigos para que no compartan datos privados, revisar las configuraciones de privacidad, desactivar la geolocalización y denunciar cuentas sospechosas.
Estas acciones no eliminan completamente el riesgo, pero ayudan a crear un entorno más seguro y a establecer barreras frente a posibles agresores.
Un problema urgente que exige respuestas globales
Comprender la especificidad de la violencia digital y su impacto de género es fundamental para enfrentarla. Un estudio de ONU Mujeres reveló que el 60% de las mujeres en internet en los países árabes sufrió algún tipo de violencia en línea en un solo año.
Investigaciones europeas indican que las mujeres tienen 27 veces más probabilidades de sufrir acoso digital que los hombres, y un 92% afirma que sus experiencias online afectan negativamente su bienestar.
Las mujeres en la vida pública (periodistas, políticas, activistas) son blanco preferido de ataques, y quienes pertenecen a comunidades racializadas, LGBTQI+ o tienen discapacidad enfrentan riesgos aún mayores.
Frente a esta realidad, la ONU lanzó una campaña global que insta a gobiernos y grandes empresas tecnológicas a proteger la información personal, penalizar la violencia digital y eliminar contenido dañino. Una llamada urgente que recuerda que la seguridad digital es, más que nunca, una cuestión de derechos humanos.
[Fuente: La Nación]