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Ciencia

La retina había dejado de responder a la luz. Entonces los investigadores probaron una inyección de nanopartículas y el resultado fue fascinante

Unas nanopartículas fotosensibles consiguieron activar neuronas supervivientes en retinas degeneradas de ratones. En varios casos, la señal llegó hasta la corteza visual, aunque todavía no puede hablarse de visión recuperada.
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Cuando los fotorreceptores de la retina desaparecen, como ocurre en enfermedades hereditarias como la retinosis pigmentaria, el problema parece bastante definitivo: las células encargadas de convertir la luz en señales nerviosas ya no están ahí. Sin embargo, parte del circuito situado detrás de ellas puede seguir funcionando.

Un equipo internacional dirigido desde la Universidad de Aarhus, en Dinamarca, ha intentado aprovechar precisamente esas neuronas supervivientes. Su solución consiste en unas partículas de unos 300 nanómetros que se inyectan directamente en el ojo y funcionan, salvando las distancias, como diminutos receptores solares. Cuando reciben luz, desencadenan procesos eléctricos, térmicos y químicos capaces de estimular las células cercanas.

El resultado publicado en Nature Biomedical Engineering es todavía preliminar, pero llamativo: algunos ratones con degeneración avanzada de la retina volvieron a mostrar respuestas cerebrales y conductuales ante la luz.

En lugar de reparar los fotorreceptores, intentaron saltárselos

La retina había dejado de responder a la luz. Entonces los investigadores probaron una inyección de nanopartículas y el resultado fue fascinante
© Dr. Andy Fischer / Departamento de Neurociencia, Universidad Estatal de Ohio / Nikon Small World.

Las nanopartículas están hechas de nitruro de carbono grafítico, un semiconductor sensible a la luz. Su estructura hueca está inspirada parcialmente en los cloroplastos de las plantas, aunque no realiza fotosíntesis. La idea es utilizar la luz para generar una interfaz inalámbrica entre el material y las células vivas.

En el ojo, las partículas se acumularon cerca de las células ganglionares de la retina, las neuronas que normalmente reciben información procesada desde capas anteriores y la envían hacia el cerebro a través del nervio óptico. En otras palabras, los investigadores intentaron crear una ruta alternativa entre la luz y una retina que había perdido buena parte de sus sensores naturales.

Para comprobarlo utilizaron ratones rd10, un modelo de retinosis pigmentaria que a esa edad ya presenta una pérdida severa de la función de los fotorreceptores. Siete animales recibieron las nanopartículas y otros siete fueron tratados con partículas de control.

Cuatro semanas después llegó una primera señal interesante. Tres de los siete ratones tratados pasaron más del 60% del tiempo en la zona oscura de una caja dividida entre luz y oscuridad, un comportamiento comparable al observado en algunos animales sanos. Los controles con degeneración retiniana no mostraron una preferencia clara.

La señal llegó hasta el cerebro, pero eso todavía no significa que vieran

La retina había dejado de responder a la luz. Entonces los investigadores probaron una inyección de nanopartículas y el resultado fue fascinante
© Nature Biomedical Engineering.

El equipo registró después la actividad de la corteza visual mientras iluminaba individualmente los ojos. De los 14 ojos tratados, cinco produjeron respuestas reproducibles, pertenecientes a cuatro de los siete animales. En el grupo de control ocurrió en uno de 14. Las señales eran, además, mucho más débiles y lentas que las de los ratones sanos.

Hay una cautela estadística importante: la diferencia fue de 36% frente a 7%, pero su intervalo de confianza era suficientemente amplio como para incluir la posibilidad de que la diferencia real fuese nula. Es una muestra demasiado pequeña para hablar todavía de una eficacia demostrada.

Los investigadores sí comprobaron algo importante: los electroretinogramas seguían sin detectar actividad normal de los fotorreceptores. Eso encaja con la hipótesis de que la respuesta procedía de capas posteriores de la retina y no de una recuperación inesperada de conos o bastones. Además, en retina de cerdo mantenida fuera del organismo, la iluminación también aumentó directamente la actividad de células ganglionares cuando las nanopartículas estaban presentes.

Pero detectar luz no es recuperar la visión. El estudio no demuestra que los ratones pudieran reconocer objetos, formas, movimientos o imágenes, y los autores reconocen que necesitaron niveles de iluminación relativamente elevados. La administración de las partículas y su seguridad a largo plazo también siguen pendientes de resolver.

La diferencia frente a otras estrategias es interesante: no exige modificar genéticamente las neuronas supervivientes ni implantar quirúrgicamente una prótesis electrónica. El objetivo final es convertir esas partículas inyectables en una suerte de prótesis retiniana microscópica.

Por ahora, los ratones no han recuperado la vista. Pero el experimento ha demostrado algo que hace unos años habría sonado bastante extraño: una retina que ha perdido sus principales sensores de luz todavía puede tener neuronas esperando una nueva forma de encenderlas.

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