Cuando Howard Carter entró en la tumba de Tutankamón en 1922 encontró uno de los mayores tesoros arqueológicos de la historia. También encontró algo que, más de un siglo después, continúa desconcertando a los egiptólogos: KV62 parece demasiado pequeña para ser la tumba de un faraón.
Ahora, una nueva investigación vuelve a colocar esa anomalía en el centro del misterio. Una combinación de radar, resistividad eléctrica y, por primera vez en este lugar, mediciones extremadamente precisas de la gravedad ha detectado estructuras que podrían extenderse entre 25 y 30 metros al norte de la cámara funeraria.
Los autores creen que podrían existir varios corredores y hasta cinco o seis cámaras desconocidas. Y una vieja hipótesis ha regresado inmediatamente a escena: ¿y si Tutankamón fue enterrado en la entrada de una tumba mucho mayor que originalmente pertenecía a Nefertiti?
El radar podría haber estado buscando lo equivocado

La idea no es nueva. En 2015, el egiptólogo Nicholas Reeves observó imágenes de alta resolución de las paredes de KV62 y creyó identificar rastros de antiguas puertas cubiertas con yeso y pintura.
Su propuesta era extraordinaria: Tutankamón habría muerto inesperadamente, alrededor de los 19 años, antes de disponer de una tumba real terminada. Los egipcios habrían reutilizado entonces las primeras estancias de un complejo funerario anterior, sellando el resto detrás de la cámara del joven faraón.
El problema llegó cuando los radares empezaron a ofrecer resultados contradictorios. Una campaña de 2018 concluyó con “muy alta confianza” que no existían grandes cámaras inmediatamente detrás de las paredes.
El nuevo equipo plantea ahora una explicación: quizá allí nunca hubo un gran espacio vacío que detectar. Los datos recientes apuntan a un posible corredor de unos dos metros de ancho completamente relleno de escombros. Si fue colmatado deliberadamente en la Antigüedad, su señal sería mucho más difícil de distinguir de la roca que la de una habitación llena de aire.
Entonces midieron algo todavía más difícil de ocultar: la gravedad

Para mirar más lejos, los investigadores utilizaron microgravimetría. La técnica detecta variaciones minúsculas en la atracción gravitatoria provocadas por cambios en la densidad del subsuelo.
Más de 1.200 mediciones revelaron varias zonas de baja densidad con formas relativamente regulares y ejes paralelos a la pared norte de la tumba. Una de ellas, denominada “anomalía 7”, resulta especialmente intrigante: parece contener una zona cuadrangular más densa en su interior. Podría ser una cámara con materiales u objetos, aunque los propios investigadores admiten que están trabajando cerca del límite de resolución del método.
Eso es importante. Los instrumentos no han fotografiado habitaciones, sarcófagos ni momias. Las anomalías también podrían explicarse por fracturas, cavidades naturales o variaciones de la propia caliza.
Geofísicos independientes consultados por Nature consideran plausible la presencia de espacios, pero advierten de que faltan datos para afirmarlo con seguridad.
La respuesta podría llegar con un agujero de apenas ocho centímetros
El equipo quiere ahora dejar de interpretar señales y mirar directamente dentro. Los investigadores han solicitado permiso al Consejo Supremo de Antigüedades de Egipto para perforar desde la roca superior un orificio de aproximadamente ocho centímetros e introducir pequeñas cámaras robotizadas. Si reciben autorización, las primeras exploraciones podrían comenzar en noviembre.
Incluso confirmar las habitaciones no resolvería automáticamente el misterio de Nefertiti. No se ha encontrado ningún resto humano, inscripción u objeto que permita relacionarlas con la reina. Pero sí cambiaría radicalmente algo que creíamos conocer desde 1922: la tumba más famosa de Egipto podría no terminar donde Howard Carter pensó que terminaba. Y detrás de aquella pared pintada podría quedar un lugar que nadie ha visto en más de 3.000 años.