Representación artística de la radiación cósmica. Imagen: ASPERA / Novapix /L. Bret

Nuestro planeta está siendo constantemente bombardeado por partículas subatómicas procedentes de las profundidades del espacio. En los últimos meses, nuestro planeta está recibiendo una lluvia anormalmente alta de un tipo concreto de esas partículas, y no sabemos de dónde procede.

Esas partículas son los positrones. Son la antipartícula de un electrón y una de las muchas partículas que componen lo que conocemos como antimateria.

Los positrones se usan de manera habitual en medicina nuclear, y pueden ser creados mediante pulsos láser, pero no sabemos a ciencia cierta qué los genera en el cosmos. Tan solo que forman forman parte de los rayos cósmicos o radiación cósmica.

En 2008, una sonda llamada PAMELA cuyo objetivo era precisamente medir la radiación cósmica desde su posición en órbita descubrió que recibimos muchos más positrones de lo normal. La principal hipótesis era que esas partículas proceden de los pulsar, estrellas de neutrones o enanas blancas que emiten un poderoso haz de radiación electromagnética en una dirección.

La idea es que ese haz es tan energético que, al chocar con las nubes de polvo y gas, funciona como un auténtico colisionador de hadrones natural, generando todo tipo de partículas subatómicas nuevas, como los positrones.

Animación de un Pulsar. Imagen: Wikimedia Commons

El descubrimiento reciente de una pareja de pulsar situados a solo unos pocos cientos de años luz se convirtió en la oportunidad perfecta para probar esa teoría. Un equipo de astrofísicos analizó la emisión de positrones de los pulsar mediante el Observatorio Cherenkov de gran altitud de México. Los análisis permitieron confirmar que los pulsar, efectivamente, aumentan el flujo de positrones que pasa por la Tierra. La cifra, sin embargo, es varios órdenes de magnitud inferior al bombardeo actual de partículas.

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Hay algo más ahí fuera emitiendo positrones, y no sabemos de qué se trata. Existe una hipótesis que asegura que ese flujo se debe al decaimiento de grandes masa de antimateria, pero se trata de una idea completamente teórica, porque de hecho nunca hemos podido observar grandes acumulaciones de partículas de antimateria. Es uno más, de entre los miles de misterios del cosmos aún por revelar. [Science vía Science Alert]