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La trampa invisible de la ultraderecha mundial: Cómo nos acostumbra al autoritarismo sin que lo notemos

El auge del autoritarismo no llega de golpe, sino por repetición y desgaste. Neurocientíficos y politólogos explican cómo ciertas ideas que antes escandalizaban ahora parecen aceptables. Una estrategia global —basada en la habituación psicológica— amenaza con reconfigurar los límites de lo democrático sin que lo percibamos.

Lo que un día nos habría parecido inaceptable, hoy puede pasar casi desapercibido. Así opera el nuevo lenguaje político de la ultraderecha: repite, normaliza, desplaza los márgenes de lo posible. Neurocientíficos y expertos en política advierten que no se trata de una simple radicalización aislada, sino de una estrategia consciente para erosionar la democracia desde dentro, apelando a mecanismos psicológicos universales.

El cerebro como campo de batalla

La trampa invisible de la ultraderecha: cómo nos acostumbra al autoritarismo sin que lo notemos
© Unsplash – Koshu Kunii.

Cuando una diputada como Rocío de Meer propone expulsar millones de inmigrantes, no está improvisando: está activando una táctica psicológica. La neurocientífica Tali Sharot y el jurista Cass Sunstein lo describen como un proceso de habituación, por el cual, a fuerza de repetir conductas autoritarias, la sociedad deja de percibirlas como anómalas. Es el efecto de la “habitación cerrada”: tras un rato dentro, uno deja de notar el mal olor, aunque no haya desaparecido.

A esto se suma el juicio relativo, por el cual lo extremo puede parecer moderado si se compara con algo aún más radical. Así, se corre el eje del debate: una barbaridad extrema abre paso a otras solo un poco menos escandalosas, que ya no generan rechazo.

Cómo se amplía lo inaceptable

La trampa invisible de la ultraderecha: cómo nos acostumbra al autoritarismo sin que lo notemos
© Unsplash – rob walsh.

Este proceso psicológico tiene su correlato sociológico: la llamada ventana de Overton. Es el rango de ideas que la sociedad considera aceptables. Con cada provocación, la ultraderecha trata de ensanchar esa ventana. Ejemplos como la propuesta de armar a los ciudadanos en España o el negacionismo del cambio climático muestran cómo ciertas posturas van ganando terreno a fuerza de exposición.

Expertos como Clara Pretus y Luis Martínez Otero coinciden en que este “adormecimiento democrático” no es espontáneo, sino orquestado por actores con poder político, mediático y digital. La estrategia busca sustituir el diálogo por la confrontación y presentar el extremismo como forma legítima de disenso.

¿Cómo resistir la anestesia colectiva?

La trampa invisible de la ultraderecha: cómo nos acostumbra al autoritarismo sin que lo notemos
© Unsplash – Getty.

Sharot y Sunstein proponen una deshabituación activa: comparar lo que ocurre hoy no con el día anterior, sino con los ideales democráticos que aspiramos a recuperar. Luis Miller, sociólogo del CSIC, señala que muchas veces no cambian las ideas de los votantes, sino su disposición a expresarlas. La rebeldía, dice, ha cambiado de bando.

Aun así, hay esperanza. La historia demuestra que la ventana también puede moverse hacia la justicia social. “La clave está en no abandonar la batalla cultural”, afirma el historiador Sergi Soler. Y como recuerda Clara Pretus, las crisis no se notan… hasta que las tienes en la puerta de casa.

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