Durante años, la pesca de arrastre ha sido cuestionada por su impacto en los ecosistemas marinos. Sin embargo, ese daño era, hasta ahora, invisible. En su nueva película OCEAN, el naturalista británico David Attenborough muestra por primera vez imágenes captadas en tiempo real de esta práctica, revelando el nivel exacto de destrucción que ocurre bajo la superficie del mar.
Una práctica eficiente, pero brutal

La pesca de arrastre consiste en arrastrar enormes redes por el fondo oceánico, y es utilizada tanto por pescadores industriales como artesanales. Aunque su eficiencia es indiscutible, múltiples estudios científicos han advertido sobre sus graves consecuencias: arrasa con hábitats enteros, desde microorganismos hasta corales, y deja tras de sí un paisaje desolado.
En las imágenes recogidas por Attenborough, se observa cómo cefalópodos y rayas intentan escapar del avance de estas redes, que forman auténticos muros de cuerda y metal. “Es una imagen desgarradora. Si salvamos el mar, salvamos el planeta”, escribió el biólogo en su sitio web.
Columnas de sedimento y especies no deseadas

Uno de los mayores problemas que denuncia la FAO es la captura incidental, es decir, especies que no son el objetivo de la pesca pero quedan atrapadas y mueren. Esto no solo afecta la biodiversidad, sino que supone una pérdida económica futura para quienes dependen del mar para subsistir.
Además, las imágenes satelitales revelan que los barcos de arrastre levantan nubes de sedimento visibles desde el espacio. En algunos casos, estas estelas se extienden por decenas de kilómetros, arrasando con ecosistemas que pueden tardar años en recuperarse.
El fondo del mar libera su secreto más peligroso
El daño no se limita a lo que se ve. Un estudio liderado por Trisha Atwood, de la Universidad Estatal de Utah, advierte que la pesca de arrastre libera cientos de millones de toneladas de dióxido de carbono almacenadas durante milenios en los sedimentos del fondo. Para dimensionarlo, las emisiones son similares a las de toda la industria de la aviación global.
Un llamado a repensar la pesca
Attenborough deja claro que no se trata de atacar la pesca en sí, sino de transformar sus métodos. “Es el sustento de millones de personas, muchas de las cuales son las primeras en querer conservar los recursos marinos”, afirma. La clave, dice, está en encontrar una forma sostenible y responsable de seguir pescando… sin llevarse el océano por delante.