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Ciencia

La Vía Láctea atraviesa el universo a unos 600 km/s rumbo a una región oculta tras su propio disco. Cuarenta años después, el Gran Atractor vuelve a dividir a los astrónomos sobre quién está moviendo realmente nuestra galaxia

Los llamados “Siete Samuráis” descubrieron que cientos de galaxias parecían desplazarse hacia un mismo lugar del cosmos. Nuevas observaciones respaldan aquella idea, pero otras simulaciones sostienen que el Gran Atractor quizá nunca fue el único responsable (ni el verdadero destino) de la Vía Láctea.
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La Tierra gira alrededor del Sol, el Sol recorre la Vía Láctea y nuestra galaxia tampoco permanece quieta. Junto con Andrómeda y el resto del Grupo Local, se desplaza a aproximadamente 600 kilómetros por segundo con respecto al fondo cósmico de microondas, la radiación que conserva la huella del universo primitivo.

Durante décadas, buena parte de ese movimiento se atribuyó a una enorme concentración de materia situada en dirección a las constelaciones de Norma y Centauro. Los astrónomos la bautizaron como el Gran Atractor, aunque el nombre puede llevar a engaño: no es un agujero negro gigantesco, una galaxia monstruosa ni un único objeto escondido en la oscuridad. Es una extensa región del universo donde cúmulos de galaxias, gas y materia oscura crean una atracción gravitatoria especialmente intensa.

La historia parecía relativamente clara, pero dos investigaciones publicadas en 2026 han vuelto a abrir el debate. Una recupera con fuerza la hipótesis original del Gran Atractor. La otra sostiene que buscar una única estructura responsable del movimiento de la Vía Láctea podría haber sido un error desde el principio.

Los “Siete Samuráis” encontraron una corriente de galaxias donde debía existir una expansión ordenada

La Vía Láctea atraviesa el universo a unos 600 km/s rumbo a una región oculta tras su propio disco. Cuarenta años después, el Gran Atractor vuelve a dividir a los astrónomos sobre quién está moviendo realmente nuestra galaxia
© ESA/Hubble & NASA.

El misterio comenzó a tomar forma durante la década de 1980. David Burstein, Roger Davies, Alan Dressler, Sandra Faber, Donald Lynden-Bell, Roberto Terlevich y Gary Wegner estudiaron las distancias y velocidades de unas 400 galaxias elípticas. El grupo terminó siendo conocido informalmente como los “Siete Samuráis”, en referencia a la película de Akira Kurosawa.

En un universo en expansión, las galaxias lejanas deberían alejarse siguiendo aproximadamente el flujo de Hubble. Sin embargo, las mediciones revelaron velocidades peculiares: desviaciones respecto a ese movimiento general que sugerían que una gran región del cosmos estaba siendo arrastrada hacia la misma dirección.

La concentración responsable quedó bautizada como Gran Atractor. El problema era que se encontraba detrás de la llamada Zona de Evitación, una franja del cielo cubierta por el disco de la propia Vía Láctea. El polvo, el gas y la enorme cantidad de estrellas situadas en primer plano dificultan observar lo que hay detrás mediante luz visible.

Las observaciones en rayos X, infrarrojo y radio permitieron atravesar parcialmente esa cortina. Uno de los grandes protagonistas resultó ser el cúmulo de Norma, situado a unos 220 millones de años luz y considerado uno de los cúmulos masivos más cercanos a la Vía Láctea. Aun así, el Gran Atractor no quedó reducido a Norma: forma parte de una red de estructuras mucho más extensa.

Un nuevo estudio respalda la vieja idea, pero otro afirma que el Gran Atractor nunca dominó el viaje

La Vía Láctea atraviesa el universo a unos 600 km/s rumbo a una región oculta tras su propio disco. Cuarenta años después, el Gran Atractor vuelve a dividir a los astrónomos sobre quién está moviendo realmente nuestra galaxia
© NASA.

En abril de 2026, Alan Dressler (uno de los miembros originales de los Siete Samuráis) y Andrew Monson publicaron nuevas mediciones de 66 galaxias obtenidas con la cámara infrarroja FourStar del telescopio Magellan-Baade, en Chile.

El equipo empleó fluctuaciones de brillo superficial para calcular distancias con una precisión cercana al 5%. Sus resultados revelan un flujo intenso que alcanza velocidades peculiares de unos 1.000 kilómetros por segundo y converge a aproximadamente 70 megapársecs del Grupo Local, unos 228 millones de años luz. Para los autores, el patrón encaja sorprendentemente bien con el modelo original del Gran Atractor.

Pero otra investigación publicada pocos meses antes llegó a una conclusión muy distinta. Richard Stiskalek y sus colaboradores utilizaron gemelos digitales del universo cercano para reconstruir cómo distintas concentraciones de materia contribuyen al movimiento del Grupo Local.

Según sus simulaciones, la materia situada dentro de unos 155 megapársecs por unidad de h explica alrededor del 72% de la velocidad observada, pero con una desviación angular de unos 38 grados. Además, el punto hacia el que parecen fluir las galaxias cambia según la escala estudiada: puede situarse cerca de Virgo, desplazarse hacia Hydra-Centauro o terminar relacionado con la concentración de Shapley.

Su conclusión es incómoda: el Gran Atractor clásico quizá sea una apariencia producida por el campo de velocidades actual, no una estructura individual que domine el movimiento de toda la región.

La Vía Láctea no viaja hacia una aspiradora cósmica ni tiene una colisión programada

En 2014, un equipo encabezado por Brent Tully cartografió el movimiento de miles de galaxias y definió Laniakea, una cuenca cósmica de unos 160 megapársecs de diámetro en la que los flujos parecían converger hacia la región del Gran Atractor. La Vía Láctea ocupa una posición periférica dentro de ese enorme vecindario.

Sin embargo, decir que nuestra galaxia “caerá” algún día dentro del Gran Atractor simplifica demasiado el problema. Las galaxias reciben simultáneamente el tirón de regiones densas y el efecto de grandes vacíos. Un estudio publicado en Nature Astronomy mostró que el llamado Repulsor Dipolar, una región con muy poca materia, también contribuye al movimiento del Grupo Local al empujarlo (en términos gravitatorios) desde la dirección opuesta.

Las simulaciones de 2026 que proyectaron el universo hacia un futuro lejano tampoco enviaron al Grupo Local directamente al Gran Atractor. El movimiento dominante terminó orientado hacia Virgo, aunque ni siquiera ese cúmulo explicaba por sí solo más de un tercio de la velocidad.

Por eso tampoco existe una “alarma” entre los Siete Samuráis ni una cuenta atrás para una colisión galáctica. Lo que existe es un debate científico renovado sobre cómo se combinan miles de concentraciones y vacíos para mover nuestro rincón del cosmos.

La Vía Láctea sí viaja a una velocidad extraordinaria, pero el Gran Atractor no parece ser un monstruo esperando al final del camino. Es algo más difícil de imaginar: una señal visible de que incluso a cientos de millones de años luz, la gravedad sigue conectando galaxias enteras como si fueran hojas arrastradas por una corriente cósmica.

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