La urgencia del “Plan B” climático
Una década después del Acuerdo de París, la temperatura global ya aumentó 1,4 °C respecto a la era preindustrial. Cada año que pasa sin una reducción drástica de emisiones acerca al planeta al umbral crítico de 1,5 °C, donde los efectos del calentamiento serían irreversibles.
Ante la lentitud de la acción política, investigadores y agencias como la Agencia de Investigación e Innovación Avanzada del Reino Unido (ARIA) impulsan proyectos que buscan enfriar la Tierra mediante métodos innovadores, algunos tan visionarios como controvertidos.
A continuación, seis de las propuestas más ambiciosas que, según The Times, están marcando el rumbo de una nueva era en geoingeniería.
1. Robots que devuelven el hielo al Ártico
El Ártico actúa como el aire acondicionado del planeta, reflejando gran parte de la radiación solar. Pero su superficie helada disminuye cada año y podría quedar libre de hielo antes de 2050.
El Centro para la Reparación Climática de la Universidad de Cambridge, dirigido por Shaun Fitzgerald, propone engrosar el hielo marino bombeando agua de mar a la superficie para que se congele al contacto con el aire frío.
La empresa británica Real Ice desarrolla robots submarinos para automatizar el proceso: medio millón de unidades podrían congelar un millón de kilómetros cuadrados por un mes adicional cada verano.
El efecto sería equivalente a reducir 930 millones de toneladas de CO₂ por año, durante dos décadas. Aunque el método podría alterar la fauna polar, sus impulsores aseguran que el costo ecológico sería menor al del deshielo total.
2. Polvo en la estratósfera: reflejar el Sol
Inspirado en la erupción del monte Tambora (1815) —que redujo la temperatura global más de un grado—, un equipo de Cambridge experimenta con rociar polvo mineral o partículas de azufre a 50 km de altura para reflejar parte de la luz solar.
ARIA financió el proyecto con 7,2 millones de libras, que incluye globos con muestras de dolomita y corindón.

El objetivo: analizar su comportamiento en la estratósfera y su potencial para disminuir la radiación solar entrante.
Sin embargo, los riesgos son enormes: alteraciones en los patrones de lluvia, afectación de la capa de ozono y desigualdad climática regional. Para muchos científicos, esta idea representa un “botón de pánico” con consecuencias impredecibles.
3. Paracaídas oceánicos para salvar la Corriente del Golfo
La Circulación Meridional del Atlántico (AMOC), que regula el clima del Atlántico Norte, se debilita rápidamente. Si se detiene, el Reino Unido podría sufrir descensos de hasta 20 °C en sus inviernos.
El profesor Stuart Haszeldine (Universidad de Edimburgo) propone una solución insólita: paracaídas gigantes remolcados por barcos que arrastren agua cálida desde el Caribe hasta el norte del Atlántico, manteniendo viva la corriente.
Aunque el proyecto está en etapa experimental, sus defensores creen que podría desplegarse en pocos años si las simulaciones confirman su eficacia.
4. Un parasol planetario en el espacio
Quizás la propuesta más cinematográfica: instalar un parasol espacial de dos millones de km² (el tamaño de Arabia Saudita) en el punto de Lagrange 1, donde las fuerzas gravitatorias del Sol y la Tierra se equilibran.
El objetivo sería bloquear el 0,5 % de la radiación solar, lo que podría reducir la temperatura global en alrededor de un grado.
El proyecto, impulsado por la Fundación Planetary Sunshade en Los Ángeles, recibió USD 525.000 para estudiar su viabilidad.
Aunque su construcción requeriría décadas, representa una de las estrategias más visionarias y potencialmente efectivas para enfriar el planeta sin alterar directamente su atmósfera.
5. Nubes más blancas para reflejar la luz solar
Desde Australia, el científico Daniel Harrison (Universidad Southern Cross) lidera la técnica de “iluminación de nubes”, que busca aclarar las nubes marinas mediante microgotas de agua salada.
Con cañones que lanzan mil billones de gotas por segundo, se logra una niebla que incrementa el reflejo solar y protege ecosistemas vulnerables como la Gran Barrera de Coral.
Según Harrison, una reducción de solo 0,3 °C podría evitar el blanqueamiento masivo de corales. En teoría, mil barcos equipados con estos sistemas podrían disminuir la temperatura media global en 0,5 °C, sin agregar contaminantes.

6. Capturar CO₂ y convertirlo en piedra
La captura directa de dióxido de carbono ya es una realidad. Empresas como Climeworks (Islandia y Suiza) usan ventiladores gigantes que extraen CO₂ del aire y lo inyectan bajo tierra, donde se mineraliza en roca.
“El carbono se convierte en piedra y se almacena para siempre”, asegura su CEO, Jan Wurzbacher.
Otras firmas, como Mission Zero Technologies o Airhive, exploran su reutilización en materiales de construcción o bebidas carbonatadas.
El objetivo global es alcanzar la capacidad de retirar mil millones de toneladas de CO₂ al año para 2050, una cifra que podría marcar la diferencia entre estabilizar el clima o desatar un calentamiento fuera de control.
¿Salvación o riesgo?
Las seis propuestas dividen a la comunidad científica. Algunos expertos las consideran una red de seguridad tecnológica ante la lentitud de las políticas globales; otros alertan que podrían generar efectos secundarios difíciles de revertir.
En cualquier caso, coinciden en algo: la innovación no sustituye la reducción urgente de emisiones.
El futuro climático dependerá tanto de la creatividad científica como de la voluntad colectiva para cambiar el rumbo antes de cruzar los límites del sistema planetario.
Fuente: Infobae.