Un planeta que ya no se enfría
Tras un breve descenso térmico durante la primera mitad del año, las anomalías globales han repuntado con fuerza. Los análisis del Servicio de Cambio Climático de Copernicus (C3S) muestran que la temperatura media mundial se aproxima nuevamente a los 1,75 °C por encima del promedio preindustrial (1850–1900), un valor que mantiene al planeta en un umbral sin precedentes desde que existen registros.
Este repunte confirma que el calentamiento global no se detiene: más de una década de temperaturas récord ha transformado por completo la línea base de lo que se consideraba “normal”. Octubre, tradicionalmente un mes de transición, presenta condiciones comparables a las de pleno verano en muchas regiones del hemisferio norte.
Corrientes oceánicas y un calor persistente
Los expertos subrayan el papel del océano como el gran motor térmico del planeta. Durante años ha absorbido cerca del 90 % del exceso de energía producto de las emisiones humanas de gases de efecto invernadero. Ahora, esa energía acumulada comienza a liberarse hacia la atmósfera, impulsando nuevas alzas térmicas incluso sin la presencia de un evento fuerte de El Niño.
El Atlántico Norte y el Pacífico tropical oriental se mantienen anómalamente cálidos, alterando la circulación atmosférica y contribuyendo a fenómenos extremos como sequías prolongadas, lluvias torrenciales o inviernos atípicamente suaves. Este desequilibrio térmico es especialmente evidente en el hemisferio norte, donde las temperaturas no descienden al ritmo habitual y la pérdida de nieve temprana en el Ártico agrava el efecto.

El papel de los aerosoles y la retroalimentación climática
A este cuadro se suma un factor menos evidente pero significativo: la reducción de aerosoles procedentes del transporte marítimo. Las nuevas normativas internacionales han limitado la emisión de partículas que, aunque contaminantes, ayudaban a reflejar parte de la radiación solar. Con menos aerosoles, los océanos absorben más energía, lo que podría estar amplificando temporalmente el calentamiento.
El resultado es un círculo de retroalimentación preocupante: los mares más cálidos liberan más vapor de agua —un potente gas de efecto invernadero— y reducen la capacidad del planeta para moderar sus propios excesos térmicos.
2025, entre los años más cálidos de la historia
Los análisis del ECMWF y Copernicus advierten que 2025 podría cerrar entre los tres años más cálidos jamás registrados, prolongando la secuencia de récords iniciada en 2016 y acelerada en los últimos dos años. Este comportamiento indica que el sistema climático ha entrado en una fase de aceleración estructural, donde las temperaturas responden con mayor rapidez a los forzamientos humanos.
Los científicos coinciden en que, aunque los picos de calor puedan fluctuar de un año a otro, la tendencia general es inequívoca: el planeta se calienta más deprisa de lo previsto, y cada décima de grado adicional tiene consecuencias medibles sobre los ecosistemas, la salud humana y la estabilidad socioeconómica global.
Empezamos noviembre con récords de calor en todo el hemisferio norte, en Asia, Europa, África y Norteamérica.
Sigamos batiendo récords. Sigamos apostando por el peor futuro posible. Sigamos jugando el juego de los multimillonarios. pic.twitter.com/IzmzQpt4b9
— FuturoVegetal🍒 (@FuturoVegetal) October 31, 2025
Un recordatorio urgente
Los nuevos datos no solo rompen registros: redefinen el contexto de la crisis climática. La persistencia de temperaturas tan elevadas sin un fuerte impulso natural demuestra que el calentamiento global ya no depende de eventos aislados, sino de una inercia estructural impulsada por las actividades humanas.
A medida que el planeta se aproxima al umbral crítico de 1,5 °C, la advertencia científica se vuelve más clara que nunca: el tiempo para frenar la escalada térmica se acorta, y cada año que pasa sin una reducción drástica de las emisiones consolida un futuro más cálido y difícil de revertir.
Fuente: Meteored.