Durante décadas, los científicos imaginaron que los asteroides eran vestigios inertes, fragmentos mudos de un pasado remoto. Sin embargo, las muestras del asteroide Ryugu, traídas a la Tierra por la sonda Hayabusa2, acaban de dar un giro a esa narrativa: el agua no desapareció tan pronto como se creía, y su rastro late en la roca.
Ryugu, un archivo celeste inesperado

El asteroide Ryugu pertenece a la familia de objetos cercanos a la Tierra y era considerado una cápsula intacta de los orígenes del sistema solar. La misión Hayabusa2 de la agencia espacial japonesa JAXA, que entre 2018 y 2019 extrajo y trajo muestras a nuestro planeta, se concibió precisamente para comprobarlo. Lo que nadie esperaba era encontrar huellas químicas que delataran actividad hídrica mucho más tardía de lo supuesto.
Agua que resistió más de lo previsto
El equipo internacional liderado por Tsuyoshi Iizuka, de la Universidad de Tokio, detectó en las rocas un desequilibrio químico que solo podía explicarse por la presencia de agua circulando a través de ellas. Según el análisis isotópico de elementos como lutecio y hafnio, ese proceso ocurrió miles de millones de años después del nacimiento del sistema solar, desafiando los límites temporales que hasta ahora se daban por ciertos.
La hipótesis de los asteroides acuáticos

Si el agua persistió en Ryugu, también pudo hacerlo en otros cuerpos similares. Este descubrimiento refuerza la idea de que los asteroides no solo fueron testigos, sino protagonistas del aporte de agua a la Tierra primitiva. Al impactar contra nuestro planeta, habrían sembrado parte del líquido vital que hizo posible los océanos y, con ellos, la vida.
The surface of the asteroid Ryugu taken by the Japanese spacecraft Hayabusa-2. That pitch black background is so scary. pic.twitter.com/5Xy8ctW6tO
— Curiosity (@MAstronomers) November 18, 2023
Una nueva cronología del cosmos
La investigación publicada en Astronomy and Astrophysics obliga a reescribir capítulos enteros sobre la evolución planetaria. No se trata solo de cuándo y cómo apareció el agua en los asteroides, sino de cómo ese calendario alterado puede transformar la comprensión de los primeros 4.600 millones de años de nuestra historia cósmica. Lo que parecía una reliquia muerta ahora revela un pulso inesperado en el origen del mundo.