La reproducción suele considerarse un proceso costoso para el organismo. Durante el embarazo y la lactancia, las hembras deben dedicar enormes cantidades de energía al desarrollo y cuidado de sus crías, lo que, según algunas teorías evolutivas, podría reducir los recursos disponibles para mantener el cuerpo en buen estado.
Sin embargo, un nuevo estudio publicado en The Journals of Gerontology: Series A encontró un resultado inesperado. Entre un grupo de perras que habían alcanzado edades extraordinariamente avanzadas, aquellas que tuvieron descendencia mostraron menos señales de fragilidad que las que nunca habían parido.
El estudio siguió a 95 rottweilers longevas
Los investigadores analizaron 95 hembras de raza rottweiler de al menos 13 años, una edad que representa aproximadamente un 30% más que la esperanza de vida promedio de esta raza. Todas pertenecían al proyecto Exceptional Aging in Rottweilers Study, dedicado a estudiar por qué algunos perros conservan una buena salud durante más tiempo.
Para medir su estado utilizaron un índice clínico de fragilidad compuesto por 34 indicadores. La herramienta registró la acumulación de problemas asociados con la edad, como pérdida de movilidad, enfermedades, alteraciones físicas y reducción de la capacidad para responder ante situaciones de estrés.
Los perros incluidos en el 20% con menos déficits fueron clasificados como “robustos”. En estudios anteriores sobre esta misma cohorte, pertenecer a ese grupo se había relacionado con un riesgo de muerte un 83% menor que el observado entre los animales más frágiles.

Las madres triplicaron sus probabilidades de mantenerse robustas
De las 95 perras estudiadas, 38 habían tenido al menos una camada con cachorros vivos y 57 nunca habían parido. Al comparar ambos grupos, las madres presentaron una probabilidad 3,3 veces mayor de conservar la robustez durante la vejez.
La relación se hizo incluso más fuerte al ajustar los cálculos por edad, condición corporal, tiempo de exposición a las hormonas ováricas y cohorte de nacimiento. En ese análisis, las perras que habían tenido crías mostraron unas probabilidades seis veces mayores de encontrarse entre las menos frágiles.
Las hembras que tuvieron más de una camada registraron una probabilidad más de siete veces superior de conservar la robustez frente a las nulíparas. No obstante, la intensidad reproductiva —la cantidad de cachorros producidos por mes de actividad reproductiva— no mostró una relación significativa con la fragilidad.
Los científicos intentaron descartar un posible sesgo
Una explicación sencilla sería que solamente las perras inicialmente más sanas fueron elegidas para reproducirse. En ese caso, su mejor estado durante la vejez no procedería de la maternidad, sino de una ventaja previa.
Para analizarlo, los investigadores revisaron el historial de enfermedades y entrevistaron a los propietarios sobre las razones por las que algunas hembras nunca tuvieron crías. Incluso después de excluir a las nulíparas que presentaban problemas de salud anteriores, la asociación se mantuvo: las madres continuaron mostrando más probabilidades de conservar una vejez robusta.
Aun así, el estudio fue observacional. Los científicos no asignaron aleatoriamente qué animales debían reproducirse, por lo que no pueden afirmar que el embarazo y la maternidad hayan causado directamente la menor fragilidad.

El embarazo podría dejar una memoria biológica
Los mecanismos todavía son desconocidos. Una hipótesis plantea que el embarazo genera modificaciones duraderas en la actividad de ciertos genes, el sistema inmunitario o los procesos inflamatorios. Esos cambios epigenéticos podrían funcionar como una especie de memoria biológica que permanece mucho después del nacimiento de las crías.
El trabajo tampoco significa que resulte conveniente hacer criar a una mascota para mejorar su salud. Los embarazos y partos pueden ocasionar complicaciones, y el estudio se limitó a una muestra pequeña de rottweilers excepcionalmente longevas, por lo que sus resultados no pueden trasladarse automáticamente a todas las razas.
El hallazgo abre una pregunta más amplia: la reproducción quizás no represente únicamente un costo para el organismo. En determinadas condiciones, también podría activar procesos biológicos capaces de influir en la forma en que algunas hembras envejecen.